Stream: 5G, IoT, conspiranoias y vigilancia masiva

Otro que se pasa a hacer contenido en Twitch y, aparte de en Twitch, también contenido en formato podcast (he puesto en Twitter y en el canal de Telegram los enlaces al podcast, pero quiero hacer una entrada con notas y esas cosas cuando se publique el podcast en todas las plataformas de podcasting). Seguiré publicando textos en este blog, aunque más ocasionalmente, porque la idea es que una vez a la semana, si puedo, hago un stream de alrededor de una hora de los temas que solía publicar en este blog como posts (que será los fines de semana, creo que me quedaré con los domingos noche por comodidad para mí), y cada dos semanas publicaré un episodio de podcast con lo que solía traducirse en una entrada larga de este blog y que muchas personas no teníais tiempo de leer. Así, los streams en Twitch serán una semana de uno o varios temas en concreto que va de alguna noticia o cosa de redes sociales, y la siguiente semana comentando el podcast.

Cada vez que suba a youtube el stream lo borraré de Twitch y escribiré en este blog una entrada con unas notas que contienen los enlaces de documentación que he utilizado, ya sea como fuentes y documentación o que directamente he enseñado durante el stream. Lo mismo para el podcast.

El stream del domingo 6 de junio va sobre el 5G, Internet de las cosas, la conspiranoias y también los problemas de vigilancia masiva que traen consigo tanto el 5G como la Internet de las cosas, y ya se puede ver en youtube en el canal de :Divagantes en este enlace.

Notas:
[1] Perros y gatos pueden ver en ultravioleta, Redacción (ABC, 19/02/2014).
[2] Muchos mamíferos ven radiaciones ultravioletas, JUAN IGNACIO PÉREZ (Naukas, 6 marzo, 2014).
[3] Los 15 ojos más sorprendentes del reino animal, Mar Aguilar (Muy Interesante, 10/05/2018).
[4] HOW ANIMALS SEE THE WORLD, BRIGHT SIDE (Youtube, 21 abr 2017).
[5] Cada 25 años cabe esperar una tormenta magnética dañina sobre la Tierra, Redacción (Europa Press, 03/02/2020).
[6] Gráfico del espectro electromagnético – wikipedia
[7] ¿Las ondas electromagnéticas son peligrosas para la salud?, SARA TABARES (Cadena Ser, 29/10/2015).
[8] Campos electromagnéticos y cáncer, Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU..
[9] Gráfico de los dividendos digitales extraído de Bienvenido Segundo Dividendo Digital ¡Actualiza tu TDT con Barreu!, Redacción (Barreu, 03 ABRIL 2019).
[10] Gráfico de las franjas de televisión y las cadenas en la señal de TDT sacado de Filtro 5G para las interferencias de la señal móvil, Redacción (TDT Profesional, 21 agosto, 2019).
[11] Sobre las lavadoras inteligentes Guía de compra de lavadoras conectadas: qué esperar de sus funciones inteligentes, recomendaciones y 11 modelos desde 300 euros, EVA RODRÍGUEZ DE LUIS (Xataka, 2 Enero 2021).
[12] Estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur (2017) sobre dispositivos inteligentes y del Internet de las Cosas (IoT) y su muy fácil hackeo. Estudio que analizó 20 dispositivos inteligentes de hogar (altavoces, TV, bombillas, alarmas, cámaras de vigilancia, cuadros digitales,… y hasta una muñeca Barbie), todo dispositivo que analizaron tiene problemas de seguridad: Inside job – Security and privacy threats for smart-home IoT devices
[13] Are your devices spying on you? Australia’s very small step to make the Internet of Things safer, Kayleen Manwaring & Roger Clarke (The Conversation, 11 septiembre 2020).
[14] Hackers can hijack Wi-Fi Hello Barbie to spy on your children, Samuel Gibbs (The Guardian, Thu 26 Nov 2015).
[15] Samsung smart fridge leaves Gmail logins open to attack, John Leyden (The Register, Mon 24 Aug 2015).
[16] The CIA Spied on People Through Their Smart TVs, Leaked Documents Reveal, Lorenzo Franceschi-Bicchierai (Vice, March 7, 2017).
[17] $55 surveillance camera hacked by Mirai botnet within 98 seconds, WAQAS (HackRead, NOVEMBER 23RD, 2016).
[18] LG HomeHack – Secure Your IoT, Check Point Software Technologies, Ltd. (YouTube, 25 oct 2017).
[19] We Asked a Hacker Who Spoke to a Guy Through His Nest Cam Why He Did It, Kaleigh Rogers (Vice, December 21, 2018).
[20] New California Law Aims to Fix the Internet of Broken Things, Karl Bode (Vice, September 19, 2018).
[21] Cuenta de Twitter de Internet of Shit en referencia al Internet of Things (Internet de las cosas)
[22] Gráfico del artículo Qué supondrá la llegada del 5G a nuestra vida diaria, Redacción (Universidad de Alcalá, 30 noviembre 2020).
[23] 5G Fundación Bankinter.
[24] Gráfico del artículo 5G, requiere espectro radioeléctrico para habilitar los nuevos servicios, Redacción (Inversor LATAM, 10 de mayo de 2016).
[25] Advierten que la tecnología 5G hará inevitable un mayor número de antenas, Jordi Rovira (Universitat Oberta de Catalunya, 12/05/2016).
[26] España, el país “prioritario” de Huawei para desarrollar el 5G, Redacción (El Independiente, 18/05/19).
[27] La red 5G de Movistar llega ya al 80% de la población española: Telefónica asegura que cubre más de 1.200 municipios, LAURA SACRISTÁN (Xataka, 21 Abril 2021).
[28] Después del 5G, EEUU presiona para que Europa evite a Huawei y otras compañías chinas en la infraestructura en la nube, BÁRBARA BÉCARES (Xataka, 15 Octubre 2020).
[29] Paper en la revista Nature sobre la baja peligrosidad (una leve subida de temperatura) causada por frecuencias más allá de los 6 GHz sobre insectos de tamaño menor de 1 cm
[30] Los móviles no están matando a las abejas, o cómo algunos periodistas se inventan titulares apocalípticos, Luis Alfonso Gámez (Magonia, 16 mayo, 2011).

Análisis y explicación de El club de la lucha 3

La verdad que hace años que perdí el interés por lo que publica Chuck Palahniuk. En su día leí muchos libros de este autor y si ordenamos sus novelas por orden cronológico, desde Nana no hay nada que me llame la atención, a excepción de Diario. Una novela y algunas partes de Snuff. Mis razones para leer El club de la lucha 3 son que hace años leí El club de la lucha 2 (y por tanto quería ver cómo continuaba la historia), y que quería ver si Palahniuk podía hacer más odioso a Tyler Durden después de lo que ha pasado en los últimos años con su figura. Y es que, sabiendo muy bien quién es Palahinuk por sus entrevistas y textos de no ficción (en los de ficción lo mejor es no fiarse), no creo que a Palahniuk le haga mucha gracia ver cómo su personaje ha sido convertido en otro símbolo más de la ultraderecha, en especial un símbolo de la manosfera adaptándose a todo su manual machista, debido a lo tío guay que resulta la figura de Tyler Durden en la película. Muy al contrario que en la novela, en la que Tyler Durden acaba siendo otro hombre más que se desentiende tanto del narrador como de Marla Singer, tal y como el padre del narrador, al que tanto Durden decía odiar.

Como este texto va de explicar porqué esta tercera parte acaba de aquella manera y el sentido de su argumento, a continuación sólo hay espóilers, así que si tienes alguna intención de leer la segunda o la tercera parte, guarda este texto en marcadores y cuando acabes de leerlos y te quedes en plan “¿qué demonios ha pasado aquí?”, vuelve a este texto. Si no tienes intención de leer esas dos novelas y tienes curiosidad, puedes seguir leyendo.

Si entre la primera y la segunda parte podemos ver una brecha, entre esas dos novelas y la tercera parte hay un abismo. La segunda parte acaba con los más fanáticos de Tyler Durden siendo asesinados por los buenos, y el narrador siendo finalmente liberado de Tyler Durden, y quedando todos los que fueron manipulados por Durden en buscar al resto de supervivientes del ataque que por poco extermina a toda una generación, pues recordemos que aquí el plan de Tyler Durden es hacer un Moises: exterminar a toda una generación, para que la siguiente generación sea guiada por él, ya que Tyler Durden podrá poseer al hijo del narrador y Marla Singer, y así, finalmente, dominar el mundo como buen dictador que es. La segunda parte es como un homenaje a los fans del libro que también se hayan visto la película, tiene sus momentos de humor y sus momentos de acción, y aunque Durden goza de un poder casi absoluto, no logra su objetivo. La tercera parte (subtitulada como La jugada maestra), en cambio, es muy oscura, hay muy pocos chistes que hagan gracia, apenas tiene texto (hay capítulos enteros que son sólo imágenes), podemos ver a Tyler Durden colaborando al principio con el personaje del narrador diciéndole que esta vez no es él (aunque el final le beneficia directamente a Durden), y tiene un guion escrito desde la más pura rabia. Aquí se nota con mucha fuerza que Palahniuk odia en lo que el mundo se ha convertido, y que odia a los miembros de la manosfera.

La novela fue publicada en enero del 2019, y trata sobre un virus creado con intención de erradicar a todo el mundo. Ya que fue creado por un tipo cuyo único deseo es casarse con Marla Singer, y como en el pasado Singer le rechazó pero él le preguntó “¿y si fuéramos el último chico y la última chica del mundo?” y ella contestó “Entonces… quizá.”, no le quedó otra idea que crear un virus mortal que destruyera a la raza humana y se transmitiera a través del sexo, y de todo un esquema piramidal para forzar su contagio. Bien, por este lado tenemos a un malo que encaja perfectamente con el patrón de la manosfera (aislado del mundo, y tan obsesionado con esa mujer que le dijo “no”, que se olvida de las consecuencias de su plan), y al igual que la manosfera jamás logrará su objetivo, pues Marla Singer, al igual que el narrador, muere por culpa del virus. Y como al final lo único que logra la manosfera con su sexismo, cuando no directamente con su odio a las mujeres, es facilitar la llegada al poder de la extrema derecha, lo único que logra este tipo es que Tyler Durden (el mayor dictador y manipulador) haya logrado el objetivo que se marcó en El club de la lucha 2, y sin necesidad de mover ni un dedo: exterminar a toda una generación, o por lo menos a todos los humanos que hayan tenido sexo (la rebelión de los beta, o matanza de los alfas, a la que tanto aluden los más radicales de la manosfera cuando comenten sus atentados terroristas en EE.UU.). Que es la jugada maestra a la que hace referencia el subtítulo del libro.

Vale, eso es lo interesante, lo político, ahora paso a explicar las fumadas de este libro. Los que hayáis leído a Palahniuk antes y después de Nana habréis notado cómo sus argumentos se han hecho algo… delirantes. Y es que aunque Irvine Welsh (autor de Trainspotting, tanto del libro como de la película) en su prólogo adore con devoción la trilogía, la trilogía también muestra el desgaste de Palahinuk, cada vez más subversivo hasta llegar a un punto en que como ya te esperas que va a llegar al máximo, ya te centras más en la historia y puedes descubrir los trucos ocultos algo más rápido. Porque lo que mola realmente de los primeros libros de Palahniuk es cómo un giro de tuerca sencillo de la historia, desmonta toda la magia, y te vuelve a colocar en el realismo (por ejemplo, en la primera parte del El club de la lucha no es que Tyler Durden tenga poderes telepáticos y sobrehumanos hacia el narrador, es sólo que Durden es su segunda personalidad; y cosas así pasan en todos sus libros); algo que se cargó en sus libros después de Nana, en los que la mágica seguía y la historia se vuelve cada vez más extraña. Es el caso de Rant, novela que si sin giro de tuerca ya tiene huecos, pero es que su giro de tuerca tiene muchísimos huecos, libro que también reventaré en los próximos párrafos porque tiene que ver mucho con El club de la lucha 3.

Porque además en esta historia, al final, gana Tyler Durden, que se revela como el hijo de Dios, que tiene aprisionado a su padre, a los ángeles y a toda alma de ser humano que falleció en algún momento de la historia y que pudo estar en contra de Durden. Sí, en esta novela Cristo es un dictador que sólo busca realizar sus intereses y que tiene aprisionado a Dios, fina pildorita de cómo la ultraderecha usa la idea de Dios para defender sus intereses. Así también llegamos a ver un camino para llegar al reino de Dios, y al que conducen a todo aquel que haya logrado contagiar a un millón de personas o estén ya tan en fase terminal que mueran e inevitablemente lleguen allí. Según el mito de esta historia, con la cruz de Cristo se crean cuadros de obras de arte, y si se rajan esas obras, se puede ver un portal que llegue a ese reino. La pega es que primero fue invadido por Napoleón, luego fue invadido por Hitler, y finalmente, se nos desvela que durante los eventos de la segunda parte de la historia, fue invadido por Tyler Durden que, con una cabeza nuclear, acabó derrotando y esclavizando tanto a las tropas de Napoleón como a las de Hitler. Así que allí en el paraíso, están las tropas de Tyler Durden asesinadas en El club de la lucha 3, y aunque todo el mundo en el paraíso es inmortal y, por tanto, no tiene sentido una amenaza de lo que sea, estas tropas esclavizan a todo aquél que no apoya a Tyler Durden (al punto que podemos ver como cuando un nerd gordito propio de 4chan cruza el portal, en el momento en el que enseña su tatuaje de frase de El club de la lucha, pasa a ser un colega de las tropas fascistas de Durden y un tipo con privilegios en el paraíso). Es que es algo que no entiendo, si te pegan un balazo estando muerto y la bala te atraviesa y no te pasa nada, no puede haber una amenaza que te haga ser esclavizado, pero en fin, huecos de Palahniuk, como es habitual hoy día. La idea con esto es que el paraíso se ha convertido por tanto en algo peor que la muerte.

Al final vemos a Marla Singer y al narrador esclavizados, al hijo de ambos abandonado (y entrando en la cueva donde se encuentran tanto el villano de la novela, como las tropas restantes de Tyler Durden) y a Tyler volviendo al paraíso, tras decir que volverá a ver a su hija (la mesías de la Tierra, hija de Tyler Durden y Marla Singer) dentro de trece años, a la cual sus jóvenes padres adoptivos, con pinta de ser de clase media-alta (al parecer aquí todos los que han muerto y posteriormente sido esclavizados son la clase baja y la clase media oficinista, pero a saber, porque Palahniuk lo mismo luego te saca una cuarta parte con que aquí no quedó ni dios y a la niña la amamantaron los lobos), deciden llamar como “Madison Desert Flower Rosa Parks Coyote Trickster Spencer” (ese ataque tan gratuito al revolucionario en redes sociales, pero poderoso en la realidad). Una hija que Singer intenta abortar por todos los medios sin éxito.

Sí, lo de la hija mesías de Durden a mí tampoco me queda del todo claro teniendo en cuenta que según la segunda parte, Durden es algo así como un virus que se transmite de generación en generación (lo tuvo el padre del narrador, lo tuvo el abuelo del narrador, etc) y se encuentra en estado latente hasta que el padre del contagiado muere. Bien, la idea es algo así como el giro de tuerca de Rant, que supongo que a Palahniuk le debió de parecer una genialidad y por eso lo rescata aquí, pero a poco que lo mires no tiene ninguna lógica. En la novela Rant: la vida de un asesino, la novela transcurre en el futuro (hasta los humanos tienen puertos detrás de la cabeza como en Matrix) y para resolver el gran embrollo infernal en el que se mete Palahniuk con los viajes en el tiempo, saca una teoría alternativa a la paradoja del abuelo, a la que llama “la paradoja de la abuela”. Y esto es, en el futuro coexisten un Rant que es padre, hijo y señor muy mayor, porque Rant logra viajar en el tiempo con un coche y fecundar a todas sus antepasadas. Sí, a este nivel de buscar lo más escandaloso llegó Palahniuk poco antes de aquella novela (Snuff) sobre una actriz porno que quería terminar su carrera haciendo sexo con 600 hombres seguidos y suicidarse justo tras liarse con el último, para criticar lo tan deshumanizador que es el mundo del porno, que es el punto álgido de Palahniuk en lo de escandalizar para denunciar la realidad social. Pero antes de tener ese pequeño acierto, hizo una novela en la que para resolver el problema de la trama, pone que diferentes personajes se follan a su madre, a su abuela, a su bisabuela, a su tatarabuela,… que cada vez que fecundan a una antepasada se sienten más fuerte y listos, ah sí, y tras eso, que antes de nacer de sus propias madres las matan, se crea así una paradoja y se transforman en un dios. Pues, exceptuando lo de los viajes en el tiempo, eso mismo hace Tyler Durden. Durden es el padre biológico de Marla Singer, y su abuelo biológico, y su bisabuelo biológico, y su tatarabuelo biológico,… Así generación tras generación la rama de Singer ha ido subiendo de peldaños en perfección hasta llegar a la mesías en la tierra. De esta forma Palahniuk resuelve uno de los agujeros en el argumento de Rant: ¿cómo narices hace una mujer para ser dios? Porque hay una que lo es y no se explica cómo (luego está el otro agujero grande en el argumento que es: si al transportarte en el tiempo no te llevas el coche, ¿cómo narices pueden volver de las épocas de antes de la invención del coche?). Y es que, sí, estamos en uno de esos casos en que lo mejor hubiera sido que Palahniuk no intentase explicar las cosas, porque está ya mayor y la lía.

Ya entrando a opinar del todo mi decepción con esta tercera parte es que me da pena que Palahniuk haya perdido una oportunidad de oro para reclamar para sí su personaje de Tyler Durden (una oportunidad que el dibujante y creador de la rana Pepe no dejó pasar), y es decepcionante que no haya si quiera intentado arrancarlo de las sucias manos de los pickup artists y de todos esos machistas y misóginos. En vez de eso, muestra a un Durden que está del lado de la manosfera desde el minuto uno, y a un narrador en paro que toma una opción desesperada sólo por conseguir, como mínimo, un puesto de becario. Tyler Durden queda como el lado pickup artist al que el narrador tiene que llamar para resolver sus problemas con todo ese intentar ligar por su trabajo de reclutador, al punto que su jefa acaba modificando su cuerpo y cara a la misma imagen de Tyler Durden. Entiendo que la finalidad es mostrar cómo estos machistas acaban siendo manipulados fácilmente, pero no comparto esta fácil rendición y dejar perder un icono, incluso si ese icono era el malo de las dos partes anteriores.

Con esto no nos queda nada más por entender, porque la trama principal de los reclutadores es mera distracción (tan descarado es esto que cada cierto tiempo se recuerda el “¿dónde está Junior?”), y lo que interesa para entender la historia son más los diálogos de Junior (hijo de Marla y el narrador), en el cual se deja en manos el legado de Durden. Supongo que de haber una cuarta parte veríamos a la mesías revelándose contra un Durden (el cual sería la segunda personalidad de Junior), al igual que Durden se reveló contra Dios, pero a saber, porque Palahniuk es impredecible. Visto lo visto, eso dependerá más de lo que pase con los terroristas blancos de la manosfera durante la presidencia de Biden.

Chuck Palahniuk ahora mismo tiene 59 años, y visto cómo ha degenerado la historia, no sé si leería algo de un Palahniuk con sesenta y pico tacos. Tengo claro que Cameron Stewart también toca cosas del guion (en El club de la lucha 2 hacen una broma sobre ello), pero creo que las partes acertadas de la historia son más por posibles objeciones o sugerencias de Stewart que por Palahniuk.

Las realidades falsas y los mercaderes de la duda

La desinformación es cuando tú crees que unas ideas son verdad, pero chocan con la realidad, de tal manera que, como una vez dijo Chirbes en Crematorio, «cuando las ideas no te dejan ver la realidad, no son ideas, son mentiras». En esta semana pasada en Informe Semanal han dado altavoz a Alvise (una máquina profesional de decir bulos y mentiras, de tal manera que si se la desmientes, seguirá con su mentira, de tal forma que su TL de tuiter es como un universo paralelo que ni los de Marvel – un ejemplo fue cuando, al comienzo de la pandemia, fue diciendo en redes que Manuela Carmena tenía un respirador en su casa, Manuela Carmena salió a desmentirlo y le invitó a dialogar con ella, ¿qué hizo Alvise? Seguir con su mentira como si Carmena no hubiera dicho nada; no es un periodista es otro mercader de la duda) y Jordi Évole ha entrevistado a Miguel Bosé. Se ha dado un altavoz a dos personas: una cuyo ámbito era sólo tuiter (da igual que Informe Semanal le ponga a parir, él ya tiene una marca en hacer una realidad alternativa y con esto la aumenta), y otra que con su reputación puede hacer mucho daño si se le da un altavoz.

En el caso de Alvise, él se ha hecho famoso por culpa de los que le atacamos en tuiter. Hay una parte de la derecha española que necesita de alguien que le construya otra realidad para mostrarles una maldad que no existe, aunque ésta esté plagada de mentiras que no se sostienen, y que sólo te llenan de odio. Parece una tontería pero desde que no tengo tuiter, me he vuelto a dar cuenta de lo difícil que es identificar a estos personajes cuando no estás en Twitter. Hace unos días vi una entrevista a Daniel Bernabé y me pareció que se estaba reformando (distanciándose de su primer libro, diciendo que escribió sobre “otra cosa” – según él su tesis es que la izquierda activista tiende a competir en sus diferencias, algo que yo no diría que se refiere a la izquierda sino a su propio TL de tuiter, el cual confunde con La Izquierda – y que no quería decir lo que todos los que leímos su libro le dijimos que estaba diciendo, eso que hasta Alberto Garzón le dijo), pero claro, echas de menos ojear algún hilo de tu gente que te cuente porqué está Bernabé recogiendo cable, aunque me figuro cuál es la razón. Y recordemos que mi tesis principal es que todos queremos comer bien, y el hambre no entiende de principios. Y efectivamente, espero que algún día se deje de dar fama en tuiter a personajes que van subiendo peldaños gracias a crear odio en una comunidad, y cuando ven que esa escala le puede cerrar el estomago, se retractan de ella.

El caso de Miguel Bosé es más feo. Bosé se mete también en una realidad que no existe, pero él se la creé a unos niveles de fe ciega. Y además tiene un altavoz, que causa que Évole ya le conozca antes de la entrevista. Bosé tiene un CV y un historial. Si tengo que poner una comparativa lo que ha hecho Évole dándole un altavoz en dos capítulos de su programa es peor que lo de Informe Semanal: estás dando una voz a un tipo que va a hacer mucho daño y ocasionar muchas muertes innecesarias en quienes no se vacunen (los cuales tendrán más posibilidades de morir cuando lleguemos al 70% de vacunados y se levanten muchas restriciones sanitarias), y en un momento tan delicado como éste. No puedo ver en televisión a un tipo llamando criminales a enfermeros y médicos que han hecho tantas horas extras (pagadas, sí, porque las horas extras se deben pagar, personas de derechas que lanzan bulos sobre que si se les ha dado un cheque extra y demás mierdas, porque no os gusta que a los empleados se las paguen) y que se la han jugado con un virus que a muchos de ellos les ha matado. La realidad de Bosé nace de Andrew Wakefield, un ex-médico autor de un artículo que The Lancet borró de sus archivos por fraudulento, y que fue inhabilitado de su profesión porque, sí, dicho artículo era fraudulento. Wakefield escribió una investigación falsa en la que aseguraba que las vacunas causaban autismo (y no, las vacunas no causan autismo), cuyo objetivo era vender con el miedo a las vacunas una serie de negocios de productos médicos que, decía, que reemplazarían la triple vírica (la vacuna contra el sarampión, la rubeola y la parotiditis, una de las más importantes). Las consecuencias fue el aumento de enfermedades erradicadas como el sarampión, la rubeola y las paperas en Reino Unido y en parte del mundo, además de un movimiento antivacunas impulsados por famosos como Jim Carrey, Jenny McCarthy o Miguel Bosé. Y todo porque Wakefield quiso comer mejor que el resto.

Naomi Oreskes y Erik M. Conway llaman a estos personajes como Mercaderes de la Duda. Consisten en una serie de científicos de alto nivel cuyo historial se remonta a cuando comenzaron las evidencias de que el tabaco produce cancer de pulmón, y fueron pagados por las industrias tabaqueras para sembrar la duda en dicha evidencia científica durante décadas. Son los mismos científicos que niegan el cambio climático. ¿Os he dicho que mi tesis principal es que todos queremos comer bien y que el hambre no entiende de principios? Estos científicos antes de negar el cambio climático tenían muy poco que ganar en sus carreras antes de aceptar las propuestas de estas industrias, el odio era compensado con la fama que obtendrían, ya que tal y como se cuenta en el libro de Oreskes y Conway, los programas de entrevistas informativas siempre dicen ser imparciales y quieren escuchar a ambas partes, pero cuando invitas una parte que no tiene nada que decir sino ese constante inventar dudas en el detalle más absurdo, las cuales vas respondiendo hasta que no puedes lograr responder (ejemplo: llegar a argumentos absurdos del tipo ¿pero habéis tocado con vuestros dedos la lava de los volcanes a ver si está más caliente ahora que antes? Es que los termómetros pueden fallar dependiendo de cómo los coloques, pero los dedos no), invitando a una parte así no estás siendo imparcial, estás dando un altavoz y una oportunidad al mercader de la duda. No estás resolviendo un problema, estás creándolo y eres responsable. Eso es lo que está siendo Évole al darle un altavoz a Bosé.

Un principio que me gusta mucho seguir es la navaja de Hanlon, la cual dice «nunca atribuyas a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez». En ese atribuir a la maldad hay mucho de cerebro reptiliano, de cuando tienes miedo, dolor o hambre buscar la primera explicación rápida (y automática) en que todo lo que te rodea está contra ti, que hay toda una conspiración gigantesca detrás, para así sacar a pasear el odio a la defensiva. A la defensiva porque el discurso de odio se fundamenta en eso tan primitivo de disparar primero y preguntar después, y muchas veces ni siquiera molestarse en preguntar después. Cuando hay tanta maldad a tu alrededor, tal vez es que la causa sea simplemente que alguien ha cometido una estupidez o el origen de quién promueve ese odio resulta ser una persona u organización que se está aprovechando de ti, y que es un esquema que está muy bien pensado para aprovecharse de personas como tú (tienen dibujado hasta el perfil de qué tipo de persona pueden y qué tipo no). Porque muchas veces lo que se disfraza de «discurso alternativo contra los bienpensantes» y que «corre y míralo antes de que lo censuren», no deja de ser una burda manipulación que se mete en tu cabeza y es demasiado rápida y efectiva, y tan fácil de asimilar, porque se aprovecha tan fácilmente de tu miedo y de tu dolor. Hace falta años de saber pararse y pensar en frío para aprender a diferenciar la realidad de lo que te venden, y aún así es complicado porque están nuestros prejuicios y sesgos. Como punto de partida piensa en la cantidad de estupidez que hay en el mundo, para así poco a poco pensar menos en la maldad como primera explicación.

Por mi parte yo lo odio todo hasta que desayuno, cuando desayuno es cuando soy yo mismo. Porque somos más básicos de lo que pensamos.

Ahora que todos somos camgirls

Un mes antes de empezar la pandemia había vuelto de Madrid, no tenía trabajo y pensaba que en cuanto lo tuviera me centraría en tener cada vez más vida social. Pero llegó la pandemia y lo cambió todo. Volví a tener trabajo, pero tras una pantalla. Tengo amigos tras una pantalla. Veo a mis padres tras una pantalla. Conozco gente nueva tras una pantalla. Desde entonces todo lo que hago sucede tras una pantalla. Mientras escribo este párrafo estoy sobre una toalla, debajo de una palmera, he dejado de dibujar y he empezado a escribir, tras ver un rato, de lejos, como cuatro personas juegan al voleibol en la misma playa en la que estoy. Es una sensación rara ésta de no poder acercarme a decirles algo, porque no hay una pantalla entre medio que nos proteja.

De lunes a viernes me levanto y antes de desayunar veo a Ángel Martín dar su informativo de 2 minutos y pico. Lo da en su casa delante de una pantalla. Luego abre Twitch y se sienta durante horas hablando con más gente que está detrás de una pantalla, mostrando a algunos de sus seguidores expertos en diferentes temas (hablando con ellos de asuntos tan dispares como obras de arte, el BOE, o ciencia) así como ese fragmento de sus habitaciones mientras habla con ellos. No es de extrañar el auge de Twitch en esta época, podemos ver en directo a personas en su habitación o en una pequeña salita que simula una habitación, hablándonos, enseñándonos vídeos de youtube, dibujando o jugando a videojuegos. En streamers con miles de seguidores resulta imposible que lleguen a leer el chat, así que algunos de sus seguidores pagan porque sus mensajes suenen en el directo y se vean escritos en la pantalla, para que el streamer pueda escucharlo y responderles en directo. Twitch al lado de youtube es como la televisión al lado de una biblioteca: pura basura improvisada pero muy bien gamificada para que te quedes.

Enciendo el ordenador del trabajo y a las nueve de la mañana tengo una reunión con un equipo, y a las 10 con otro. Funciona así: a las nueve de la mañana me pegan la bronca, a las 10 de la mañana el jefe del otro equipo me felicita. La persona que me pega la bronca a las nueve nunca ha tenido los ánimos de alzarme la voz cuando trabajábamos en persona, porque soy un tipo alto y fuerte, pero ahora que nos separan dos pantallas se siente con ánimos de abroncar a la mínima incluso cuando queda claro que la culpa no es tuya. La persona del otro equipo trata de que me quede y le digo que me quedo. La bipolaridad del trabajo en la que siempre nos movemos: siempre todos los problemas vienen a causa de que tus compañeros/as tienen un ego del que les cuesta desprenderse. Te preguntan “¿Hay algún problema?” cuando lo que quieren es que les contestes que ninguno, no quieren escuchar que claro que lo hay y que tenéis que verlo juntos, porque esto es un trabajo en equipo y, por siguiente, es algo que tenéis por narices que verlo entre los dos.

Enciendo la televisión mientras almuerzo. Otra pantalla. Los casos descienden y cada vez se vacuna a más personas, pero, como siempre, tienes que leerlo entrelíneas entre tanto sensacionalismo. Cambio de cadena porque, como siempre, no me interesa lo que digan los señores del partido de las tres letras, no sé porqué les pagamos un sueldo por decir lo que diría un señor de 450 años de edad. Estoy seguro que, si no tuvieran asesores lo suficiente manipuladores para que les hagan caso, se pegarían azotes en el culo mientras cagan en tribuna como “protesto contra el socialcomunismo, yo quiero MI libertad” para que las televisiones vuelvan a gritar otra vez que tuiter estalla porque se le ha prestado atención al mongolo de turno que se esfuerza día tras día por ser la mejor puta de la atención. No sé qué está pasando en tuiter, ni tampoco me importa, me han prohibido mirar tuiter hasta que vuelva a ser el yo de antes de tuiter, otra vez. Hasta que tenga una forma de defenderme frente a lo que el bombardeo de tuiter le causa a mi cabeza. Mi memoria de trabajo está destrozada. No puedo ordenar listas de números dictados, ni recitar al revés una lista larga de números dictada, me cuesta ver una película entera que no tenga un ritmo frenético (ése tan de moda actualmente) y me cuesta horrores enfrentarme a la lista de tareas del día. Me alivia muchísimo ver que puedo terminar una tarea del hogar como una persona normal. Me alegra cuando logro pararme y razonar con claridad pensando en el largo plazo. Echo muchísimo de menos volver a interactuar con todas esas personas, así que me esfuerzo en usar Instagram para comunicarme con algunos/as de ellos/as. Me esfuerzo en recuperarme, pero sé que tardaré en lograr controlar a esta mente hiperactiva, para lograr centrarme en cada segundo en lo que quiero centrarme y no desviarme.

Abro Instagram en la pantalla de mi móvil. Instagram me avisa que otro conocido se ha hecho Instagram, otro que también no cuelga ninguna foto, ni estado, y que cuando le sigo, no me sigue. Miro a quién sigue y veo un montón de chicas. Mi hiperactiva mente ya sabe que está ahí por Tinder. Desde Tinder las conversaciones pasan a Instagram, porque “es más fácil hablarnos por ahí, que lo miro más” (que es lo que se dicen cuando se quiere decir “quiero ver más fotos tuyas” o “has pasado al siguiente nivel”), y si hay más gancho, me pasas el WhatsApp y quedamos. Ligar detrás de una pantalla, tener un harén en los mensajes privados de tu Instagram. Esforzarse en lograr objetivos en vez de buscar tener cosas en común, ésa es la nueva masculinidad. Mientras, hay una plataforma llamada Onlyfans, en las que en los mensajes privados con las chicas a las que te suscribas por un poco de dinero al mes, puedes obtener fotos y vídeos eróticos a medida, y, si le caes bien, puede que llegues a grabar una escena con ella para que la suba en su Onlyfans. No sé, como ya escribí anteriormente en este blog, Tinder no me interesa, y Onlyfans tampoco. Soy más partidario de la frase del streamer Ibai de “no te quedes con quién tengáis 4 horas de sexo, quédate con quién quiera ver a Naruto contigo”, sustituyendo “ver Naruto” por “hacer cosas en común que nos podría gustar”. No sé, llamadme radical, pero me gustaría conocer a una persona antes de acostarme con ella o no. Mi ideal requiere esperar a que se acabe la pandemia para romper pantallas a martillazos, pero bueno, aún soy joven, y para mí ahora mismo lo central, lo importante, es controlar mi mente hiperactiva que no quiere detenerse.

Termino el trabajo, apago el ordenador y enciendo la tele con youtube para hacer ejercicios físicos, para entrenarme y también hacerme más fácil llegar a ese poder de detener y centrar mi mente. Preferiría hacer esos ejercicios en un gimnasio, pero las medidas de seguridad en los que veo alrededor no parecen adecuadas. Además los hay que tienen no ventanas, sino ventanales, los cuales mantienen abiertos para mayor seguridad contra el virus, y me da bastante corte que la gente que pase andando por la calle me vea haciendo ejercicio.

Sigo estudiando el curso puente del grado en el que me he metido. El profesor ha grabado una nueva tutoría online, y sus alumnos nos conocemos y hablamos entre nosotros usando el foro de la asignatura y grupos de la aplicación Telegram. Todo el proceso es online, y los exámenes por supuesto que son online, pero vigilados por nuestra webcam, con nuestro correspondiente consentimiento de grabación firmado.

Videollamo a mis padres por WhatApp para ver cómo están. Nos vemos poco, algo más si las restricciones lo permiten. Echo de menos verles más a ellos más y, sobre todo, volver a ver a mis amigos, los cuales no quieren salir porque con las restricciones no es lo mismo que cuando salíamos antes. No sé si el ocio nocturno (que creo que cuando termine la pandemia intentaré buscarle un lado más divertido que eso de salir al centro de la ciudad y ver como mis amigos se emborrachan hasta vomitar o liarla tanto que tienen que echarles del bar), pero sí que echo de menos los viajes que hacía por mi cuenta, y los conciertos y festivales a los que iba.

Sigo, como cada día, el curso que un profesor de dibujo ha hecho en youtube. Me gustaría poder hacer clases semanales de dibujo en físico, conocer a otros alumnos e ir contándonos trucos y hacer amigos dentro de este mundillo, porque creo que lo más importante de una nueva afición es poder compartirla. Pero ahora todos los profesores de dibujo se han pasado a lo online para sobrevivir, así que sólo queda depurar la afición y ya algún día haré algo en físico.

Antes de acostarme leo otro poco de un libro que estoy leyendo. Echo de menos ir a una biblioteca y comentarlo con otras personas en un club de lectura. Echo de menos los encuentros con autores (con el toque de queda y el cierre de actividad no esencial a las 18 horas, ya me resulta imposible ir a uno cuando termino de trabajar) en los que podías quedarte luego a hablar con ellos.

Tal vez pareceré viejo por pensar así, pero yo también echo de menos el mundo y odio estar obligado a ser una camgirl.

Porqué odiáis a Fernando Simón

A Fernando Simón le ha caído ser el mensajero de las malas noticias: se lleva todos los disparos que se debería de llevar las malas decisiones del ministerio de sanidad y de su respectiva secretaría de estado. Sólo viendo las ruedas de prensa de los lunes y jueves de Fernando Simón, queda claro que él no manda, sino aconseja y recomienda. Ciertamente parece carecer de poder alguno, y sus ruedas de prensa parecen un ejercicio de equilibrismo muy bien pensado para lograr la ardua tarea de no enfadar no sólo a Pedro Sánchez sino también a ningún gobierno autonómico, ni asociación, ni tuitero existente. ¿A qué es debido esto? A que Fernando Simón no es un cargo político, esto es, es un funcionario que obtuvo su plaza cuando gobernaba Aznar. Una vez más, cada cual hace lo que puede para poder seguir comiendo a final de mes, cambie el gobierno a un lado u otro. Podríamos decir esto mismo de Ana Blanco, porque si creéis que pueden existir telediarios orientados a no enfadar a nadie, pocos suyos habéis visto.

Sin embargo, si entramos en redes sociales y youtube veremos un sin fin de memes riéndose de cómo anuncia las cosas, de cómo se atraganta con una almendra, imitaciones que rayan los chistes de putas y maricones, burlas hacia su peinado o aspecto físico y, cuando no, mensajes que lo más blando que le llaman “asesino” o directamente amenazas. Visto desde fuera resulta más sencillo entender la perspectiva de este funcionario que la de sus críticos: si estás acostumbrado a ver sus ruedas de prensa y las preguntas que le hacen te quedará bien claro que sus críticos le dan un poder que no tiene, y más cuando queda claro que es la secretaría de estado de sanidad (que también es epidemióloga, pero además militante del PSOE) quién toma las decisiones principales (porque además es quién, curiosamente, menos veces ha compadecido durante esta pandemia, porque puedes cambiar a Illa por otro, pero a Silvia Calzón no puedes sustituirla por las buenas). Si Fernando Simón es destituido, las cosas no cambiarían en absoluto “para bien”, de hecho sin Fernando Simón queda claro que probablemente tendría más poder el PSOE en todas las decisiones de la pandemia, al no quedar un epidemiólogo independiente del gobierno (recordemos: Fernando Simón obtuvo su cargo en los tiempos de Aznar).

¿Por qué odiáis a Fernando Simón? La primera razón, y la principal, es el efecto la pandemia está durando mucho. Lo quiera o no Fernando Simón es un símbolo de la pandemia y si ésta desaparece, dejaremos de verle en televisión. Por lo que hay gente que anhela que desaparezca ya, como si con su desaparición de todos los medios, desapareciese el Covid del planeta tierra. Es lo que se le conoce como la falacia afirmación del consecuente[1], la cual es bastante común. Esto es, la oración “Si hay pandemia, aparecerá Fernando Simón en las noticias” es cierta, pero “Si Fernando Simón está en las noticias, habrá pandemia” es falsa (puede estar por alguna otra razón). De ahí la razón en que se le ataque de esa forma tan brusca.

También lo que hemos comentado más arriba: Fernando Simón quiere seguir comiendo todos los días y por ello, tal y como nos pasa a todos nosotros con nuestro trabajo, va a intentar conservar su trabajo. No es alguien que se va a revelar contra el sistema para imponer su criterio, más bien, al contrario, él va a asumir las decisiones de cada gobierno o autonomía e intentar colocarse desde la perspectiva de ellos, para buscar una solución que se adapte a ellos. Él en sus documentos podría sugerir que no se abran los interiores de los bares y sólo se dejen las terrazas, pero no le tomarían en serio y seguramente tachasen más propuestas suyas porque “no piensa realista”. Así que no le queda otra que asumir su derrota desde el inicio. A ningún crítico contra su gobierno autonómico o contra el gobierno español le gusta que salga a alguien a decir que “lo están haciendo bien”. Piénsalo, si te pasas todo el puñetero día pegando pataletas en tuiter contra Ayuso o Pablo Iglesias, vas a odiar más aún a quién diga que ambos lo están haciendo bien. A nadie le gusta los bienquedas, salvo que seas japonés (que lo tienen como algo muy bueno y positivo).

Al igual que Ana Blanco, no parece tener una preferencia política. Es más da la sensación que la política no le gusta nada, al igual que tampoco parece gustarle que en ruedas de prensa los periodistas le casen en un bando u otro. La gente más del ámbito de Podemos durante la pandemia lo fueron agrupando entre sus símbolos (hubo incluso tazas y bolsos con su cara), la propia Yolanda Díaz (nuestra ministra de trabajo, y militante del partido comunista) llegó a decir «es el héroe de toda España»[2], y lo mismo hubieran querido algún tipo de gesto hacia ellos, gesto que nunca han recibido. Por el otro lado, la gente de Vox jamás aceptará mensajes que no ataquen directamente al gobierno como culpable de que hoy su criado haya decidido levantarse de la cama un segundo más tarde. El posicionamiento político es ya un requerimiento para mucha gente en el CV mental que se hacen de cada cual, y si no lo tienes, lo mejor que te puede pasar es que seas sospechoso.

No le gusta ser el foco de atención. Esto es más importante de lo que parece, pues estamos acostumbrados a la lógica de la cultura de ganadores y perdedores. Un ganador debe ser el foco de atención, y a muy pocas personas le gusta un héroe humilde (a menos que seas japonés, que la humildad la tienen como algo positivo), más bien quieren a alguien grande, fuerte, fanfarrón, que diga muchas palabrotas y te follé con solo mirarte. Trump es un claro ejemplo de lo que esperamos como un ganador. Si alguien que no tiene cualidades como las de Trump, hace algo bueno, jamás será considerado un héroe (a menos que estemos hablando de Japón). Fernando Simón, para colmo, siempre trata de esquivar ese arte de decir sus logros, y quiere centrarse sólo en lo de hoy, algo que se ve muy negativo en nuestra sociedad.

Para colmo Fernando Simón es de ciencias y, es más, confía en la ciencia. Seamos sinceros, la gente de ciencias siempre será vista como los cerebritos culpables de ir demasiado lejos con la ciencia. Digámoslo claro, la ciencia no goza especialmente de popularidad en el siglo XXI, ya de por sí, si miramos películas o libros de la década de los 70’s y de 80’s, el mundo iba más en la posición de ningunear la ciencia. Y más cuando las verdaderas estrellas del rock son los tecnólogos: esos mismos que al final han resultado ser verdaderos genios del mal, capaces hasta de espiar los nudes que guardes en tu móvil[3] (en cambio los tecnólogos japoneses no están tan preocupados por espiar aún más a la población, porque están demasiado concentrados en crear el robot sexual supremo que cause orgasmos al lanzar rayos láser). Pero es que incluso sabiéndose que son verdaderos genios del mal siguen siendo aclamados cuando salen al escenario, y la gente sigue usando sus inventos y aplicaciones con pasión. La ciencia, en cambio, incluso en la pandemia, sigue siendo algo de lo que renegar, y se suele asumir con resignación, casi como si de un mal menor se tratase. ¿Cambio climático? ¿Qué es eso? ¿Que dices que me vas a negar a usar mi coche porque “la salud”? Mira como meto mi boca en el tubo de escape de un camión porque sabe a Madrid[4].

Y sí, como veis razones para odiar a alguien hay muchas (de casi cualquier persona podemos encontrar decenas o cientos de razones para odiarla, y más cuando hay quién contrata equipos para buscar esas razones, tal y como pasa en los partidos políticos), en cambio razones para sentarse y escuchar… Por favor, hoy día nadie quiere sentarse y escuchar a nadie, se perdería mucho tiempo que podrías desperdiciar en juzgar, despreciar, y gritar a desconocidos en tuiter para conseguir ser el foco de atención. Porque el problema no es que exista Donald Trump, Abascal o Le Pen, el problema es que todos tenemos un Trump pequeñito dentro de nosotros (y ese Trump sigue estando ahí, incluso aunque gane Biden), y si queremos que haya un futuro, lo suyo sería aprender a quitar espacio a ese mini-Trump hasta ahogarlo. Porque si de verdad lo que quieres es construir lo que sea, tendrás que apostar por los demás, y es una apuesta en la que, vale, hay que ser prudente, pero también constructivo. Porque en el mundo real no nos sirve de nada la pureza.


Notes:
[1] Afirmación del consecuente – Wikipedia
[2] Youtube: Yolanda Díaz, sobre Fernando Simón: “Es el héroe de toda España”
[3] Sí, Edward Snowden confirmó que se espía hasta las fotopollas, ver minuto 24, segundo 54 de esta entrevista que le hicieron
[4] Madrid, la ciudad europea con mayor mortalidad por la contaminación del tráfico, ANTONIO CERRILLO (20/01/2021, La Vanguardia).

Borrarse de Tinder

Borrarse de Tinder en los tiempos de pandemia lo sentí como un acto de liberación. En ese momento te miras y dices «Mira, tan mal no estoy, puedo esperar y cuando se calmen las cosas sociabilizar tranquila y normalmente de forma segura como siempre he hecho» o «Creo que voy a valorar más a mis amistades y a las personas que tengo a mi alrededor, que es lo que de verdad me llena, en vez de buscar ligues virtuales en una máquina tragaperra disfrazada de app para ligar». Es normal, sólo 2 de cada 10 usuarios logra una pareja en Tinder, y de ese 20% la gran mayoría sólo lo logró una vez. Lo mejor es una vez más, socializar, hacer amigos y salir más. La periodista Judith Duportail en su libro El Algoritmo del Amor, en el cual destripa una buena parte del funcionamiento de Tinder (si, por ejemplo, escribes en la descripción “me gustan los gatos” Tinder te ofrecerá muchas más personas que tengan gatos, además aunque no escribas nada en tu descripción, Tinder analiza lo que hay en las fotos que subes para descubrir tus posibles aficiones, pero ¿y si más que tus aficiones o lugares a los que has ido, lo que quieres es una persona con la que tengas cosas en común? Pues lo tienes difícil, porque además Tinder basa lo que te ofrece de pareja en tus matchs pasados: si te has hablado con una persona con ojos negros, ya sólo verás personas con ojos negros; en síntesis lo mejor que puedes hacer ahí es hacer muy pocos likes y matchs y pensarlos muy detenidamente porque en función de ellos calculará a tus siguientes potenciales parejas, de cualquier forma esto ayuda pero tampoco sirve del todo porque no olvidemos que, como toda app de hoy día, esto es una maquina tragaperras), Duportail describe cómo su relación con Tinder se vuelve turbia, hasta que decide borrar Tinder de su móvil (no sin antes quedar por última vez).

Mientras escribo esto pienso en lo importante que es tener eso que decía, al principio, en mente más a menudo: hacer un ejercicio de valorar lo que tenemos, más que de lo que en exceso podríamos lograr si «te esfuerzas mucho mucho mucho». Porque aunque si comparamos número de contagios reales de ahora con respecto a los de la primera ola (los datos estimados, no los que se contaron) ahora mismo no estamos tan mal, la realidad es que sí, no estamos tan mal con el virus pero es que anímicamente noto que estamos en el peor momento. Se nos ha inflado de optimismo y se nos ha llenado de unas esperanzas que tardarán en ser saciadas. En otras palabras, hay varias fases del ánimo de las personas en una pandemia y nos encontramos en los tiempos de la tristeza. No queda otra que apoyarnos los unos a los otros. Porque puede que necesitemos 9 meses o un año más, pero no toda la vida. La vida es muy larga y no podemos controlar algo tan grande como una pandemia.

Sí, lo sé, venimos de un mundo en que un orador motivacional salía a su escenario a decir cosas como «el ser humano lo puede todo, porque ha llegado hasta a la luna», y ante un mundo tan lleno de pensamiento positivo había poco espacio para mensajes de corte objetivo y, menos aún, mensajes críticos, los cuales eran tachados de antisistema radical. Actualmente el optimismo exacerbado se torna en impotencia, y de ahí luego en rabia, dolor, tristeza para acabar en un vacío insoportable, porque no somos sobrehumanos, sólo somos otros animales a los que un depredador natural ha venido a devorar, y buscamos la manera de poder escapar de él para volver a aquellas épocas pasadas en las que nos creímos dioses.

Son tiempos del castigo de la hibris, porque, como decía ese buen proverbio griego antiguo, «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco». Así que busquemos la cordura en nuestras pequeñas cosas: una buena canción, el humo de un café o chocolate caliente, una charla con algún amigo o amiga que sume por videoconferencia, una película, serie o libro que nos dé otra pieza más del puzle vital que tratamos de construir,…

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Esta canción la escucho pensando en fuegos artificiales, no dudo que cuando esta banda saquen su nuevo disco va a ser impresionante. Disfrutadla.

Para cualquier cosa, nos vemos en el canal de Telegram de este blog donde podéis leer enlaces y cosas que voy poniendo y escribirme comentarios que también saldrán en el grupo de conversación del canal.

Cuando todo sea Hacendado

Aún recuerdo la primera vez que vi mi cara roja y llena de llagas alrededor de mi nariz. Fui a mi médico de cabecera y me dijo que debía ir a la playa, pero los baños con sal tampoco solucionaron el problema, como tampoco lo hizo la crema solar de cara por mucho que mi médico de cabecera dijese que con eso era suficiente, y las cremas de aloe vera empeoraban el problema. Al igual que con mi alergia, con la dermatitis nunca me han derivado a un especialista. La dermatitis es hereditaria y a mí me viene por parte de la familia de mi madre. Aunque hoy día, tras varios años, ya entre que la tengo asimilada y que con la crema hidratante y jabones para pieles atópicas que uso ya nadie la nota, puedo hablar de ella con menos complejos.

Llevo pensando en estos días sobre la salud de los demás y lo difícil que resulta advertirla porque, como es normal, cada cual oculta lo suyo. Al igual que le pasa a la mayoría de la gente que tiene dermatitis, cuando mi dermatitis era grave decidía no salir, pero más tarde hablando con amigos me di cuenta que, debido a la humedad tan grande que tiene mi provincia, había muchas personas que pasaban por lo mismo hasta que encontraban sus cremas y soluciones. Con todo y con eso, la dermatitis es un problema leve de la piel, hay cosas muchísimo peores como la psoriasis.

Si hablas casi con cualquiera, verás que todo el mundo tiene un algo. Si no es la vista, es la espalda, si no es la vista ni la espalda, es el oído, o algún problema de piel, o alguna alergia, o ansiedad, o depresión,… Y todo esto muchas veces desde jóvenes (y a dar gracias que sigues vivo, que por lo menos en mi vida llevo ya cuatro operaciones diferentes). Es curioso que cuando vemos en películas, libros o en televisión a gente normal acabando siendo héroes, estas ficciones no tengan un protagonista con un problema duro de base con el que no pueda acabar, porque todos tenemos uno con el que tenemos que aprender a convivir. Unos días es un problema más duro, otros nos deja más tregua, pero ahí está y por más que lo tratemos nunca se acaba. Yo hay veces que echo de menos aquello de no tener que preocuparme por la salud de mi cara, otros echan de menos cuando no tenían que usar lentillas o gafas para todo, hay quién echará de menos sus piernas, y gente que, por lo que sea, no ha vuelto a ser la misma de antes.

Tal vez esas películas de masas son así porque, en el fondo, queremos que nos salven de nuestra vida y que todo vuelva a ser como antes. Pero ya no hay un antes y no queda otra que asimilar y avanzar sin saber muy bien a dónde. Damos palos de ciego, pero es que realmente nadie tiene tanta experiencia para saber qué hay que hacer con cada persona diferente del mundo. Como ejemplo de esto pienso en Brian Welch (Head) de la banda KoRn que en el sentido de la fe ha recorrido un camino inverso al mío: de ateo de nacimiento ha pasado a ser cristiano. Welch era drogadicto y vivió a tope hasta que se encontró con que tenía una hija que cuidar y estaba solo para ello, así que se hizo cristiano para cambiar radicalmente su vida y dejar la banda, las drogas y el alcohol, y poder cuidar a su hija como un padre soltero responsable. Y le ha funcionado. A mí, en cambio, en mi caso hacerme cristiano sólo desembocaría en un mal mayor porque viví la misma decepción tras otra decepción y otra decepción más que ha vivido tanto ateo que fue cristiano de nacimiento.

La autoayuda te dice que somos el centro del universo, hay gente que nos hablan de “los héroes de la pandemia son…”, pero la verdad que creo que somos más ese actor secundario que da un empujón, y luego otro aparece y da otro pequeño empujón, y así sucesivamente. Todo el mundo sufre su propio drama y tenemos altibajos, la gran mayoría cae a veces en la melancolía y por eso tenemos a tantos tíos de treinta y pico años o más viciados a ese gran negocio que son los remakes de los videojuegos de PlayStation 1.

Pero no volveremos atrás y, aunque es duro en estos días, esto hay que recordarlo de vez en cuando. A pesar de que en estos meses se hable tanto de que algún día Todo Será Como Antes, puede, que todo no vuelva a Ser Como Antes. Es muy probable que esto nos acompañe mucho tiempo y nos deje secuelas muy duras. Que sea como esas cosas de las que he escrito unos párrafos antes y que arrastramos durante lo que nos queda de vida. Unos días será un problema más duro, otros nos dejará más tregua, pero estará ahí y tendremos que convivir con ello. Porque, como toda autoayuda, todo ese discurso de “saldremos de ésta más fuertes” siempre se ha quedado en nada. Por lo menos a mí que sigo arrastrando patadas hacia delante a problemas que tenía desde que era enano, no me convence ese discurso. Al igual que tampoco el llamar “entrar en una nueva normalidad”, a cambiar nuestros hábitos a otros más seguros (aunque parezcan hábitos obsesivos), sólo para dar la sensación vacía de que “hemos ganado la guerra al virus”. Como si fueses a comprar Normalidad y resulta que sólo queda Normalidad Hacendado. Y no sé cómo le sentará a más de uno/a comprobar dentro de seis meses que nada, que todo sigue siendo Hacendado, en un mundo en el que casi nadie tiene paciencia ni para atarse los cordones.

Sé que la realidad es algo muy complejo de explicar a millones de personas que lo único que desean es poder hacer su vida de antes y necesitan de chutes de autoayuda para sedarles, pero para mí tal vez el problema más gordo de estos tiempos es que a muchísima gente le cuesta muchísimo aceptar la responsabilidad de su vida (de ahí viene el gran triunfo de la ideología liberal: un montón de gente que no quiere aceptar responsabilidad de todo lo que hacen porque “YO soy libre para…”), que partimos de un tanto y toda acción tiene un coste, que en el mundo real no hay tecnología ni botón de deshacer que valga. No sé cómo convencer a los demás para que empiecen a pensar que tal vez deban cumplir las normas no porque vayamos a ser héroes por ello, sino porque no hay vuelta atrás si queremos un futuro con más personas vivas que muertas. No tengo las herramientas para ello, pero bueno, puedo escribir esto.

El vicio en los tiempos del encierro

Aliide Truu miraba fijamente a la mosca y ésta le devolvía la mirada. Aquellos ojos globulosos le provocaban náuseas. Era una moscarda excepcionalmente grande, ruidosa, ansiosa por poner los huevos. Mientras aguardaba colarse en la cocina, se frotaba las alas y las patas sobre la cortina, como preparándose para comer. Buscaba carne, sólo carne. Las mermeladas y el resto de conservas estaban a salvo, pero la carne no. La puerta de la cocina se hallaba cerrada. La mosca esperaba. Esperaba a que Aliide se cansase de intentar cazarla, saliera de la habitación y abriese la puerta de la cocina. El matamoscas se estrelló contra la cortina, que se agitó, las flores de encaje se arrugaron y los claveles de invierno quedaron a la vista por un momento a través del cristal, pero la mosca escapó y fue a posarse desafiante en la ventana, justo encima de la cabeza de Aliide. ¡Paciencia! Necesitaba calma para mantener la mano firme.
La mosca la había despertado por la mañana al pasearse por las arrugas de su frente como quien deambula despreocupado por la carretera, en un gesto de arrogante provocación. Aliide había apartado la manta y se había levantado deprisa para cerrar la puerta de la cocina, pues a la mosca todavía no se le había ocurrido entrar allí. Era idiota, idiota y malvada.
Sujetó con fuerza el liso y gastado mango de madera del matamoscas y asestó otro golpe. El agrietado cuero batió contra el cristal, haciéndolo temblar, los ganchos tintinearon y, detrás de la tabla de las cortinas, el cordel que las sujetaba pegó una sacudida, pero la mosca se volvió a escapar, burlona. Ya llevaba más de una hora intentando matarla, pero ella salía airosa de cada golpe y ahora volaba cerca del techo con un fuerte zumbido. Era una moscarda asquerosa, crecida en la alcantarilla. La dejó por un momento. Descansaría un poco, después la mataría y más tarde iría a escuchar la radio y preparar conservas. Las frambuesas esperaban, y también los tomates, los jugosos y maduros tomates. Ese año la cosecha había sido excepcionalmente buena.
(Purga, de Sofi Oksanen)

Con motivo de la muerte accidental por sobredosis de una estrella del atletismo, un reportero de televisión sale a la calle para recabar la opinión de la gente:
—¿Qué habéis sacado en claro de este asunto? —les pregunta a unos chavales que holgazanean en un solar baldío —. ¿Qué supone para vosotros que un joven atleta se drogue y se muera?
Los chavales se pelean por coger el micrófono, hasta que uno de ellos se lo arrebata al reportero y contesta:
—Tío, tienes que preparar antes el terreno para llegar a esa dosis.
(Y no nos dejes caer en la estación de Penn, de Amy Hempel)

¿Somos adictos al entretenimiento o a buscar entretenimiento para los demás? O como me preguntaba a finales de la entrada anterior, ¿es el tener una vida propia el opio del pueblo? (a lo que contesté que creo que no es así) Dejaba caer que volvería a tuiter y así fue, y al poco ha comenzado todo este tema de la cuarentena obligatoria para toda la población en España. ¿Y qué ha sucedido en las redes sociales en cuanto nos han confinado a todos? Bueno, por un lado que ha vuelto a tuiter todo dios que lo tenía abandonado o semiabandonado, con deciros que ha vuelto hasta Ana Rosa Quintana[1], y por otro lado ha pasado que, bueno, mejor que os lo cuente el humorista Pepe Demi en este corto vídeo que subió a su perfil de Instagram[2] hace unos días (sí, ha tenido que llegar una pandemia para que usé la opción de subir vídeo a WordPress porque con mi espacio disponible en WordPress para subir imágenes y vídeos soy de la cofradía del puño cerrado de Nadia Calviño):


 
En resumen a la población nos ha entrado el ansía de hacer cosas, como si, de repente, nos hubiéramos dado cuenta que se nos va la vida o algo así. He llegado a ver de todo tipo de oportunidades de ocio online gratuito, montones de películas, series, libros disponibles en diferentes páginas, además de todo tipo de ocio en diferentes barrios para realizar desde el balcón, desde ponerse toda España a aplaudir a las ocho de la tarde por el personal hospitalario, pasando por poner el himno de España a todo volumen un día determinado a una hora acordada, llegando a proponerse vía Instagram todo un programa de confinamiento en el balcón[3] con actividades que van desde bailar con un cubata en la mano el Flying Free hasta clases de aerobic colectiva al ritmo del We Will Rock You. Por no hablar de las fiestas clandestinas en bares[4] que, por supuesto, nadie dudaba que sucederían tarde o temprano.

Por no hablar de la cantidad de gente llamándose por teléfono o usando Skype, o incluso las videollamadas de WhatsApp, para ver cómo uno está. Por mi parte a mí, por el momento, nadie me ha llamado ni me ha videollamado (ni por Skype ni por WhatsApp), pero también es verdad que me han escrito por WhatsApp bastante. En otras palabras, la gente se siente sola, aburrida, angustiada sin saber qué va a ser del futuro, y necesita abstraerse de la espera. La espera de 15 días que no se sabe si serán 15 días o más. La espera que nos ha sacado de nuestras rutinas y esperamos que cuando acabe todo sea como antes, trabajo, coche, posible parada en el supermercado, y a casa, preparar almuerzo para mañana, la cena, Netflix y a dormir para levantarse temprano y volver a ir al trabajo y así hasta que por fin sea viernes, oh, qué buenos son los viernes y qué horribles los lunes. Pero durante la espera no hay lunes, ni viernes, sólo hay días que caen uno tras otro. Al no ser voluntario, el encierro nos afecta, y lo notamos cuan arresto domiciliario, pero pudiendo comunicarnos (menos mal que a tanto no llega el virus). El mero hecho de negarnos la posibilidad del poder salir, incluso en quién no suela salir, hace que surjan de la nada más ganas de poder salir a dar una vuelta por propia voluntad.

Viñeta cómica de Juarma contra el vecino que hace performances en los balcones

(Viñeta hecha por @_Juarma_[5])

 
«Las reacciones más habituales son las de miedo en primer lugar, y luego de ansiedad. Más tarde serán reacciones de desánimo y desesperación. Por eso es importante que también digamos que, en cierta medida, estas reacciones son normales, proporcionadas y adecuadas a la situación que estamos atravesando» leo en una entrevista a Pedro Rodríguez Sánchez[6], un especialista en Psicología Clínica, hablando sobre los efectos del estado de alarma. Pero me interesa más el problema del confinamiento en sí, según dijo Santos Rejas (psicólogo clínico que trabaja en el área de Oncología en el Complejo hospitalario Ruber) en Radio Nacional[7] los primeros días sientes una sensación de no aceptación o hasta rebeldía (un ¿porqué yo? ¿Porqué a mí?), pero ¿qué pasa después? ¿Por qué luego pasa a decirnos que hay que establecer un horario, un ejercicio físico y unas rutinas? Según Rejas si no practicamos estas recomendaciones sucedería que estaríamos nerviosos nivel nos subiríamos por las paredes y que nos costaría dormir. Sinceramente no he optado por establecer dichas rutinas, salvo tener un horario fijo para las comidas y un tope de la hora más tarde a la que levantarme, y no me siento así. La psicóloga Arantza Veiga[8] también aconseja tener rutina, hacer ejercicio y buscar siempre la tregua a los conflictos, y le da mucha importancia a desarrollar recursos y, sobre todo, estar en calma. Y con esto concluyo que para los psicólogos todo esto de cómo lograr pasar el confinamiento y no morir en el intento se basa en que lo importante es que mantengamos la sensación de que tienes el control.

Porque hoy día estamos en la sociedad de la información y creemos que tenemos el control de todo incluso con sólo un puñetero móvil. Tú eliges qué películas ver en Netflix, tú eliges qué comer y dónde, tú eliges qué música poner en cada momento con tu móvil o mp3, tú tienes el control de cambiar de cadena, tú tienes el control a la hora de votar, tú tienes el “poder de cambiar las cosas” en changepuntoorg, tú puedes salir al balcón a aplaudir o a pegar caceloradas, tú, tú, tu,… Y ése es el problema que tenemos con lo de habituarnos con esto tan adictivo que los desarrolladores de videojuegos llaman la ilusión de control del jugador[9] y que tanto hoy día podemos ver a nuestro alrededor (porque no nos engañemos, por ejemplo, realmente no tienes el control de qué ver en Netflix, sino Netflix te bombardea con lo que deberías ver hasta que lo acabas viendo por propia sugestión; realmente en nuestro mundo pintamos poco de forma individual, pero, ojo, pintamos mucho de forma colectiva), que pasa que cuando vienen las cosas que no podemos controlar, que no sabemos cómo actuar. Y vamos al supermercado y compramos 2.000 rollos de papel higiénico[10] porque, tal y como los profesores Charlene Y Chen, Leonard Lee, y Andy J Yap dicen en su artículo ‘Control deprivation motivates acquisition of utilitarian products’[11] es la sensación de falta de control la que hace que acumulemos bienes. Y cómo dice Paul Harrison, doctor experto en conducta humana de la Deakin University, “Coronavirus is an abstract problem, with an unclear effect and it’s unfolding minute-by-minute. Humans struggle with nuance and unclear outcomes and research shows that when people feel like they have lost control, they tend to be drawn to small things that they can control. In Australia we are constantly told that we can solve problems by buying things, and research shows that buying utilitarian items such as toilet paper and cleaning products can rebalance that sense of lack of control”[12]. Así que ante un problema grande que no podamos controlar y por el cual sentimos que perdemos el control, somos atraídos por pequeñas cosas que podemos controlar y eso implica que, en las sociedades capitalistas, como vemos que la posibilidad de comprar lo que queramos cuándo queramos es algo que podemos controlar (gracias al efecto de la ilusión de control), corres el riesgo de volverte adicto a ellas contra más sencillo sea.

Como el dice el chico, del fragmento del principio de este texto, del relato Y no nos dejes caer en la estación de Penn de Amy Hempel, ante una sobredosis antes hay que preparar el terreno. Antes deberíamos preparar el terreno para llegar a esta gran dosis de falta de control. Al igual que los comercios físicos como Mercadona, Dia, Carrefour o, incluso, El Corte Inglés ya han puesto sus normas y protocolos para que todo el mundo pueda comprar[13] sin que haya el colapso de la semana pasada[14] (ya saben el mundo antes del confinamiento), no nos deberían dejar tocar Amazon. Amazon es la sobredosis de las compras y por supuesto Amazon se colapsó en esta semana[15]:

este lunes las quejas se agolpaban, los tiempos de entrega se retrasaron y algunos productos escasearon. De hecho, obtener alimentos frescos era casi imposible y otros muy demandados como el papel higiénico eran inalcanzables.
Del mismo modo, la entrega Prime -48 horas- no funcionaba para un buen puñado de artículos y otros tantos retrasaban sus tiempos habituales de entrega. Una situación que la propia compañía ha reconocido a Invertia por el “aumento exponencial en el número de compras online”.
“A corto plazo, esta situación está impactando en nuestro servicio a clientes. En particular, actualmente se han agotado las existencias de algunas marcas y artículos populares, especialmente en las categorías de productos básicos para el hogar; y algunos de nuestros plazos de entrega son más largos de lo habitual”, dice Amazon.

Así que la conclusión a mi texto para que no se nos vaya la olla del todo no es salir al balcón, ni hacerse complicadas rutinas de qué hacer en cada hora (en serio, a mí me va bien con tener fijas mis horas de comidas y las de cuándo levantarme). Consiste en alejarse de webs de compras tipo Amazon para no acabar adictos a las compras, hacer una lista antes de salir a comprar suministros y comprometerse a sólo comprar lo que hay en esa lista (para lo mismo, no acabar adictos a compras por la ilusión de control), y descargar toda la ira homicida gritando a la televisión cuando salga Pdro Sánchez cagado de miedo a dar otro discurso de media hora del que sólo dice 5 minutos de medidas sociales y 25 de retorica para vendernos que son la hostia. Mientras tanto toca espantar a las moscas que se cuelen en casa.


Notas:
[1] Para quién no me creáis, os enlazo el tuit de Ana Rosa Quintana anunciando su vuelta a tuiter.
[2] Y aquí os enlazo el vídeo en el perfil de Instagram del humorista Pepe Demi, que es un muchacho que anda empezando en el humor y no parece que haga daño a nadie.
[3] Programa de confinamiento #YOMEQUEDOENCASA
[4] La Policía descubre una fiesta clandestina con drogas en un bar de Gijón pese al confinamiento, Redacción (La Voz de Asturias, 18/03/2020).
[5] Enlace al tuit de @_Juarma_ con dicha viñeta
[6] Miedo, ansiedad y desesperación: analizamos las reacciones comunes al Estado de Alarma, Ángel Jiménez (ConSalud.es, 15.03.2020).
[7] Confinamiento y salud mental, Por tres razones (RNE, 18/03/20).
[8] Lo más importante cuando estamos confinados es simplificar; mantenerse en equilibrio, En Jake (Eitb 2, 18/03/2020).
[9] Wikipedia – Ilusión de control.
[10] Una familia se excede en su acopio de papel higiénico por el coronavirus: compra más de 2.000 rollos, Redacción (ConSalud.es, 09.03.2020).
[11] El paper lo puedes leer en Control Deprivation Motivates Acquisition of Utilitarian Products, Andy J. Yap (profesor de Comportamiento Organizacional de INSEAD Charlene) Y. Chen (profesora de marketing de la Nanyang Business School) y Leonard Lee (profesor de marketing de la NUS Business School) (Oxford Academic, 20 December 2016), pero como no es público dicho paper me fié de lo que dicen de él los de Maldita.es en su artículo ¿Por qué la gente está comprando tanto papel higiénico con el coronavirus? Por la sensación de falta de control y la de estar “perdiéndonos algo”, MALDITA TE EXPLICA (Maldita, 17/03/2020).
[12] Science behind why Australians are panic buying toilet paper, Charis Chang (News, MARCH 13, 2020).
[13] Aunque ponga Mercadona en el títular, la noticia trata de montones de comercios físicos. Mercadona reduce horarios y cerrará a las 19 horas sus tiendas, donde tendrán prioridad de entrada las personas mayores, Redacción (El País, 18 MAR 2020).
[14] Carritos repletos de comida para vencer el miedo, Redacción (El País, 10 MAR 2020).
[15] Amazon: sin productos básicos mientras lucha por evitar subidas artificiales de precios, Fernando Cano (El Español, 17 marzo, 2020).

No fumar. No mascotas. No pareja. Con trabajo.

Foto de un corralón

Hablo poco de ello pero mi gran obsesión son los espacios. La ley de Conway dice «Las organizaciones dedicadas al diseño de sistemas […] están abocadas a producir diseños que son copias de las estructuras de comunicación de dichas organizaciones», y yo pienso lo mismo de los espacios. Puede sonar algo Feng Shui (aunque en realidad no es así) pero creo y pienso que los espacios influyen en lo que hacemos y en como nos sentimos.

He pasado algo más de una semana en Madrid, en la cual pasé un buen tiempo buscando una habitación en la que vivir y he visto un montón de espacios. Había una habitación en la que sólo tenías una cama (ni siquiera había un armario, y no había espacio ni para una mesita de noche), otra era todo el contrario, demasiados trastos por todos lados y casi ni podías moverte. Me gustan los espacios abiertos donde puedes moverte, y es algo que suelo echar de menos en mi vida. Es algo que, en cierta forma, he heredado del carácter de mi abuela materna, para la cual su idea del infierno en la tierra era un corralón (para mí no es para tanto, pero claro es que, en sus tiempos, los corralones tenían problemas de luz y agua). Hay quién hoy día ve los corralones con nostalgia, y habla o escribe de ellos como ejemplo de comunidad. Vivir en una casa en la que no tienes baño (hay sólo uno compartido con todo el vecindario), causa una perdida de intimidad importante, por no hablar de la cocina que da al pasillo del vecindario. Al perder esa intimidad, hay cosas que ya no puedes hacer o sentir, y hay cosas que echas de menos. Aún así ganas mucho en comunidad, y, de hecho, hay fiestas, tradiciones y diversas actividades en los corralones.

Cuando busco habitaciones y veo lo de no fumar, no mascotas, no pareja y con trabajo, sé que se te está diciendo que buscan a alguien que pague la habitación, pero que, a ser posible, no viva allí. No fumar para que no deje un olor fuerte de que has pasado por allí. No mascotas porque dejan una fuerte marca de que has vivido allí en forma de arañazos, pelos y olores del animal. No pareja porque implica tus sonidos además de que es otra persona que podría vivir allí, esto es, comer allí de gratis. Con trabajo porque se aseguran el pago de la habitación, a pesar de que sólo la usarás para dormir o vivir en un ordenador. No es de extrañar que dadas las largas distancias, un miedo irracional a los ocupas, la de gente que se queda echando horas de más en los trabajos, en Madrid se espere que seas una especie de vigilante de la habitación que pague por dormir y estar de paso, y por ello, a pesar de que puedes pagas a todas luces un dineral excesivo, no tengas espacio en una habitación compartida ni para un alfiler. Pierdes intimidad con tus compañeros de piso, pero, al contrario que con los corralones, no vives allí.

La diferencia principal entre la miseria antigua (los corralones malagueños) y la actual (las habitaciones en las que casi ni cabes dentro), está en que en los corralones, en primer lugar, tienes más espacio, tienes dos habitaciones (una pensada para la pareja y otra para los hijos) y una cocina, además de un patio común interior que los vecinos están obligados a cuidar, estaban pensados para que las mujeres de las familias hicieran su vida (ellas cuidaban el patio interior y hacían vida en él con las vecinas y los niños, además de que como las cocinas daban al pasillo podían relacionarse mejor entre ellas), ya que los hombres trabajaban durante la mayor parte del día. En las habitaciones compartidas actuales te puedes encontrar hasta que el casero haya contratado a alguien para limpiar la habitación porque espera que no estéis allí ni para barrer. Puedes hacer vida con tus compañeros/as de habitación, pero sólo hace falta echar un vistazo en las redes sociales para comprobar que compartir piso no es precisamente vivir en la serie de Friends.

Y ahora saquemos el tema del coliving. En los coworkings el espacio está pensado para tener una vida en común durante el perverso contexto del trabajo, tienen diversos eventos llamados networkings para que tengas una cierta interacción social y tienes que cuidar de lo que haya en tu mesa y tu silla. Un coliving es que además tienes tu cama para dormir, a veces una pequeña habitación que no es compartida. Está pensado para ser un nómada digital, y estar de paso allí, es decir, para no tener espacio alguno en tu vida más allá de lo que quepa en una maleta o una enorme mochila. Si no tienes espacio no te queda otra que ser minimalista y adorar los consejos de Marie Kondo (de ahí el auge del minimalismo). En cierta forma no vas a hacer vida nunca, porque al ser ese tipo de autónomo echas más horas que un reloj y vives para el trabajo, así que usas el coliving para conocer gente y aprovechas al máximo sus fiestas para sentir como que te integras en una sociedad. Pero tanto en los coworkings como en los colivings la gente está de paso (no es sólo que en los coworkings con servicio de aceleradoras de empresas sólo puedas pasar en ellos 6 meses, también está la gente que consigue un trabajo de verdad y deja de jugar a ser emprendedor o los que se arruinan durante el proceso), luego tampoco crean una comunidad humana.

En este sentido tal vez el espacio que me parezca más horrible sean las casas de los reality shows. Ahí no sólo pierdes la intimidad con los compañeros de casa, sino también de cara a las cámaras. Y la ideología Marie Kondo ha de aplicarse al máximo, de manera que no tienes un espacio propio para ti que no sea tu cama (y a veces ni siquiera eso). Para colmo lo suyo es que dejes de ser tú mismo/a y más te vale adoptar un papel para ganar. Debes de competir al máximo por ser la persona que mejor interprete su papel, la que mejor sepa pisotear a los demás sin que se note y además la persona que mejor sepa engañar a la audiencia, pues esto te asegura un puesto ganador y altos indices de audiencia al programa. Tal vez los reality shows sean la cima de lo que se espera de nosotros en la sociedad liberal: usa todo lo que tengas para competir y trepar, esfuerzate en inventarte y adoptar una marca personal aunque tengas que abandonar tu persona, tus ideales, tu ética y tu propia vida. Es curioso pero una cosa en la que nunca caen los liberales (quiénes siempre se llenan la boca con la palabra libertad) es que lo cierto es que a mayor competición, menor es la libertad para ser tu mismo/a.

Mi madre suele echar de menos el mundo de antes, tanto en el sentido de la comunidad como en el de más libertad de movimiento (todo eso de no nos metían tanto miedo y etc.). Suele decir que cuando era niña sus vecinos formaban parte de su familia (se podían ir a la casa de quién tenía televisión, cuando hubo meses que sus padres no llegaban a final de mes siempre había gente en el vecindario que le diera comida generosamente, hubo niños que los padres pegaban y podían esconderse en casa de los vecinos hasta que las rabietas se le pasasen,…), en cambio hoy día la gran mayoría de los vecinos le resultan como extraños con los que no logra confiar del todo. El espacio en el que vive está rodeado de carreteras y coches y lo más común que hay es un aparcamiento y los pasillos que llevan al aparcamiento, además la zona en la que vive está separada por carreteras de la siguiente zona; el espacio donde vivía cuando era niña era un conjunto de viviendas con un patio interior común donde los niños podían jugar y cualquiera podía tomar el sol, además todos los conjuntos de viviendas se intercomunicaban mediante pequeños pasajes, de tal manera que los niños podían ir de un patio a otro tranquilamente (ya que todos los vecinos de todos los conjuntos de viviendas se conocían), lo que daba lugar a un barrio muy unido.

Hoy día nuestros espacios personales se están adecuando a mundos en los que no vivimos. Principalmente a dos: uno en el que dormimos, y otro en el que solo trabajamos (luego tampoco vivimos, a menos que usar el futbolín del comedor y a intentar sobrevivir a los social fridays les llames vivir). Intentamos hacer vida en unos bares en los que no podemos oírnos debido a la música tan alta, cuando no estamos tan borrachos que no sabemos cómo nos hemos divertidos. Comemos en restaurantes que están pensados para echarnos nada más terminamos de comer (mesas pequeñas, asientos incómodos, todo está en tu bandeja,…). Compramos en lugares abarrotados de gente que no conocemos, esperando una cola en la que, al llegar a la caja, no puedes hacer otra cosa que guardar todo en bolsas lo más rápido posible, porque el que le miren tanto la productividad a la persona que trabaja allí le obliga a pasar las cosas rápidamente por la cinta. Paseamos por calles cada vez con menos bancos en los que sentarse y con más carreteras, calles que nos invitan a no estar allí. Diría que lo más parecido a vida que se hace hoy día es en los gimnasios, en los que casi estás obligado a relacionarte y en los que los clientes habituales forman una comunidad (algunos tienen hasta sus cenas de Navidad y todo) en la que se dan consejos de salud o de culturismo entre ellos, pero aún así, depende del gimnasio, porque también existen unos mega-gimnasios en los que cuesta relacionarte con cualquiera.

Así que ¿dónde nos queda espacio para la vida? En internet mediante redes sociales, que son lugares en los que compites por tu espacio. De ahí que tantas personas las vean con una especie de amor-odio llegando a extremos de buscar la atención cómo sea, además de que estos espacios virtuales están pensados para justamente eso: buscar destacar, competir por el espacio en el que vivir y la comunidad que físicamente no tienes. Hemos llegado al punto en que los vendedores de libros en vez de llamar a tu puerta para entrar a tu espacio, entran directamente en tu espacio en forma de tuit buscando bronca (lo mismo ya con la publicidad electoral). La no-vida es lo que abunda, pero lo que no falla es que si tienes mucha vida y mucho espacio, cada vez buscas menos el espacio virtual.

Pan no se adhiere a los criterios de The Trust Project

Un día estaba leyendo un artículo de El País que alguien compartió por tuiter y al final del mismo apareció la frase “Se adhiere a los criterios de The Trust Project”. En los artículos de El Mundo podemos leer al final “Conforme a los criterios de The Trust Project”. Puedo creer en muchos proyectos, pero no sé si el proyecto confianza me la da con esa especie de neo-copyright. De hecho me recordó a eso, a un copyright.

No supe qué era un copyright ni nada de derechos de autor hasta que salió el tema de que gente como yo pirateaba discos por Internet, y que si que Internet está matando la industria, que si las copias son ilegitimas,… etc etc. Con The Trust Project da la sensación de lo mismo: todas las otras mentiras son copias piratas de nuestra mentira que es la original.

¿Se puede confiar en The Trust Project? Si miramos en el “Más información” o “Saber más” que podemos leer a la derecha del logo de The Trust Project, nos redirige al código ético de cada periódico. Tanto el código ético de El País como el de El Mundo parecen documentos de los típicos que te encuentras cuando entras a una empresa a trabajar y tienes que simplemente leerlos o firmarlos. Estructura organizativa, diversidad en la redacción, comentarios, valores, política de correcciones,… Ambos son muy similares, aunque el código ético del diario El Mundo tiene mucha más morralla. En síntesis, al leer ambos códigos éticos, da la sensación de que la novedad que trae The Trust Project consiste en que se hace público el código ético de estas empresas en una estructura más o menos similar.

No sé de periodismo, pero si me voy a la web de The Trust Project y miro cuales son los principios con los que se adhieren los periódicos resulta que son los del Informe Hutchins de 1947 pero añadiendo lo siguiente:

We strive to provide:

  • Truthful, verified news and information in a context that gives them meaning.
  • Forums for civil exchanges and greater understanding of various viewpoints, with fairness in mind.
  • Stories, information and ideas that reflect diverse types of communities and their interests and views.
  • And to uphold the public’s interest, which includes holding the powerful accountable and shining a light in unexpected places.

The Trust Indicators incorporate a commitment to:

  • Fairness and accuracy. Publishing corrections or clarifications as promptly as possible.
  • Disclosures that explain our mission, source(s) of funding and the organization behind us.
  • Insight into our methods and where we get our information.
  • A diversity of voices and perspectives.
  • Opportunities for public engagement.

Algunas cosas que podemos extraer de aquí son: decir la verdad en su contexto, intercambiar puntos de vistas con la población, reflejar los diversos puntos de vista, mantener el interés público incluso si hay que responsabilizar a poderosos, publicar correcciones lo más pronto posible, divulgar misión, fuente de financiación y la organización que te respalda, métodos y de dónde proviene la información, diversidad de voces y perspectivas y oportunidades para la participación pública.

Sí, saber darse importancia es sencillo si encuentras las palabras adecuadas. Somos gente fiable, no como tú con un blog con una licencia de Creative Commons. Podría estar mintiendo, pero tras ver esto me quedo tranquilo porque sé que los de The Trust Project también.

Feliz 2020. Y digan lo que digan los cómicos de The Trust Project, lo de “Ha sido rápido, el dolor viene después” es una broma de mal gusto.