El argumento de “pero ¿y el trabajo que da?” y Banderas

Antes de comenzar supongo que aquí todos ya sabemos la noticia de Antonio Banderas, ya hemos leído la emotiva carta de Banderas, las razones en contra de su proyecto (básicamente, para quién no lo sepa, que no cumple la ley y el concurso público no fue transparente), las razones de las personas indignadas porque él no va a construir su negocio y las razones de las personas en contra de su proyecto (hay que cumplir la ley y la transparencia). Es decir estamos cansados de leer ya del tema. Pero luego está un argumento que me interesa más y de lo que no se habla y al mismo tiempo se intuye que los tiros de los apoyos van más por ese lado: “pero ¿y el trabajo que da?”.

¿Realmente el edificio de Banderas merece la pena por el trabajo que da? ¿Realmente algo merece la pena sólo por el trabajo que da?

No os voy a mentir. Al igual que en muchos lados de España, el nivel de vida exigido en Málaga es alto debido al turismo y, sin embargo, los sueldos congelados o bajos. Aquí muchas personas mayores aún se acuerdan de cuando les echaron de su trabajo en los tiempos de la alcaldía del PSOE porque cerraron la fábrica en la que trabajaban (a veces te cuentan que las fabricas “se fueron a Sevilla” o “se fueron a Madrid”). Como se pueden imaginar buscar alquiler en esta época del año es una odisea, pero acá todo, absolutamente todo, se justifica con un “pero ¿y el trabajo que da?” y casi nadie se atreve a contrarrestarlo.

Y fíjate, voy a poner un ejemplo contra lo absurdo del argumento “pero ¿y el trabajo que da?” en un sólo párrafo. La piratería no mató a las tiendas de discos en Málaga, sin embargo en cuanto Fnac vino y creó su planta en cierto edificio de Málaga, a excepción de una tienda de discos, todas las del centro y cercanas a el mismo, cerraron, a pesar de que los precios de los discos eran los mismos. En cada tienda de discos de Málaga había, como muy poco, uno o dos empleados, en el apartado de disco del Fnac hay sólo dos (y creo que es personal rotado con los de las otras secciones). Hagan sus cálculos e intenten justificar con “pero ¿y el trabajo que da?”, verán cómo no les sale. En cuanto a las librerías no han muerto, pero han tenido que hacer sus recortes de personal, aunque hay una que podría caer por culpa de las obras del metro (“pero ¿y el trabajo que da el metro?” se dicen muchos, en una ciudad llena de autobuses, al ver las obras sin pensar en la de negocios que han caído por las mismas).

En la feria de Málaga ha habido violencia callejera, calles sucias, urgencias colapsadas, ni un bar dice “no” al servir otra copa más a alguien demasiado bebido,… y todo se justificaba con un “pero ¿y el trabajo que da?”, pero hubo un escándalo que ilustró todos los periódicos hace un par de años, que llenó columnas de opinión y que hizo cuestionarse a las personas de acá qué clase de feria era ésta y qué clase de ética estamos mostrando al mundo: un borracho estaba bailando desnudo en Plaza de la Constitución. Así que hasta que no veamos a Banderas desnudo en Málaga, nadie pensará en que tal vez no merezca la pena su teatro, porque, mucho hablar de los americanos con que se escandalizan más de una teta en televisión que de una pipa, pero aquí también estamos en un mundo puritano que se escandaliza más de un tío desnudo que ante cualquier otra cosa.

Seguramente si algún malagueño me está leyendo ahora mismo lo primero que pensará es que al decir lo del párrafo anterior metiéndome con la provincia estoy dañando el turismo de esta ciudad y por tanto cometiendo un ultraje contra “pero ¿y el trabajo que da?”. Porque así es, antes que pensar sobre que a lo mejor me estoy pasando con lo de poner a los malagueños de puritanos pensará en la imagen de la provincia que estoy mostrando en un blog en el que escribiendo en él, al no ser un trabajo de mierda por el que me pagasen, no tengo nada que perder (¿quién me va a despedir? ¿por qué debería preocuparme por la audiencia? No tengo cliente alguno de quién preocuparme porque no quiero ni necesito uno). La verdad es que lo peor es que hay tantas provincias en España en las que estoy seguro que su población piensa lo mismo (“pero ¿y el trabajo que da?”).

El trabajo que da la feria es de una semana, el que da la semana santa es de una semana, y estas gentes suponen que con esa mierda de trabajo da para comer durante todo el año. Cuando he dicho algo delante de amigos me han justificado con “pero ¿y el trabajo que da?” pero nunca caen en la oscura verdad, que el trabajo que da es una mierda y que de los trabajos de mierda no se vive durante toda la vida, sino se malvive durante toda la vida. Da igual que algo sea ilegal, daría igual que no fuera Banderas y en su lugar fuera la mafia italiana, usarían un “pero ¿y el trabajo que da?” para justificar los puestos de mierda.

Sorprenderse del paro, pero no sorprenderse de los trabajos de mierda, porque estar en contra del paro es fácil pero no lo es tanto estar en contra de los trabajos de mierda. Los partidos de izquierda actuales deberían atacar más a menudo a este argumento de “pero ¿y el trabajo que da?”, en vez de quedarse sus argumentos en otro inaudible “pero es ilegal y un empresario no debe poder cambiar la ley a su antojo“. Si atacaran al “pero ¿y el trabajo que da?” con cosas como un “más trabajo dan varios teatros y a alguien poderoso le daría igual que por su teatro y su fama éstos cerrasen, incluso, dado el antecedente, podría cambiar las leyes a su antojo para favorecer a su empresa”, o dijeran algo más elaborado como “y ¿qué? Tanto te importa el trabajo y tan poco el dinero que podrías cobrar si usáramos más a menudo la ley (cosa que no hacemos con las leyes laborales por culpa de pensar tanto en el trabajo y tan poco en el dinero)”, o, incluso, con un simple “¿y el resto de teatros que cumplieron la ley qué?” o con yo qué sé qué cosa, pero si de una vez por todas fueran contra ese argumento, a mí por lo menos me ganarían.

El timo del horario flexible y las oficinas de espacios abiertos

Hoy vengo sin enlaces, porque soy una persona que lleva desde el 2010 trabajando en oficinas de espacios abiertos (también conocidas como open offices o como nosotros, sus trabajadores, la llamamos: el gallinero y el matadero, según lo amable que haya sido el día) y con el famoso horario flexible. Ambas cosas llevan muchos (pero que muchos) años en las consultoras de nuestro país (que son, en su amplia mayoría, multinacionales) más conocidas como Las Carnicas, muchas de ellas las podías encontrar en la magistral web, ya cerrada, Trabajo Basura, junto con preciosas opiniones de empleados y antiguos empleados (“si aprecian su vida no entren aquí”, “he llegado a echar 20 horas diarias en este infierno”, “si vas a entrar prepara plan para buscar un trabajo de verdad”, “no me han subido el sueldo desde 1996”,…). Algunas de estas consultoras fueron juzgadas y condenadas por sobreexplotar a sus trabajadores con horas de más y sin pagarlas, además de otras cosas aún más ruines y de las que no hablaré aquí por falta de espacio y tiempo, el resto de consultoras, en cambio, están en camino. ¿Cómo puede suceder esto? ¿Es que acaso no se cumplen las promesas del open office ni la del horario flexible?, se puede preguntar el lector de este texto y le contesto que, por supuesto, que se cumplen ambas promesas, y el resultado de estas promesas es nefasto.

Evidentemente este texto está dirigido a esas personas que no saben de qué va todo este tema. Estudiantes, o personas que trabajan en empresas pequeñas con oficinas pequeñas, o en equipos reducidos o de autónomos y nunca (nunca) han tenido que vérselas con una empresa de este tipo. Es decir personas que no han pasado nunca por una empresa grande o multinacional y menos en una sala con otras cien personas. Todos los que hemos tenido la suerte de trabajar en esos gallineros tenemos que explicarlo una y otra y otra y otra vez a nuestros conocidos, porque siempre llega el que te pregunta “Ay va, ¿trabajas ahí? ¡Ahí estarás de puta madre!”.

El matadero o gallinero, conocido en periódicos, diarios digitales y entre emprendedores como “oficina de espacio abierto” o “open offices”, es un lugar donde no hay paredes, ni tabiques, ni cubículos que separen empleados, ni a grupos de empleados. Es un espacio enorme que puede llegar a albergar ciertos de empleados en mesas amplias con su cajonera, su ordenador debajo y su monitor y teclado y ratón en la mesa. A veces incluso ni tienes cajonera y te asignan una taquilla donde guardar tus cosas. Entras y ves un espacio enorme y cada mesa contiene casi nada (a lo más ves un par de libretas y un bolígrafo en algunas mesas).

Las personas que entran de visita (que no trabajan allí) suelen quedar alucinadas para bien, les cuentan que los diferentes proyectos crean sinergias entre sí, ya que cuando una persona escucha a otra persona de otro proyecto que necesita ayuda con x cosa que desconoce esta última, esa persona le puede ayudar, creando así un gran beneficio para la empresa. En ese mundo de los unicornios y arcoiris todos nos conocemos y formamos parte de una gran familia de amor, extrema felicidad, amplias sonrisas y solidaridad entre nosotros, en la cual como buenas hormigas colaborativas sacamos heroicamente el trabajo gracias a nuestra gran comunicación. Colaboración, sinergias y todos esas historias de fantasía que suenan tan preciosas.

Al final, en el mundo real, como dice el tipo del tuit del inicio de este escrito, allí la gran mayoría de personas sólo podemos trabajar con auriculares si queremos trabajar. Hay demasiado ruido, todo el mundo está hablando, siempre hay alguien de pie paseando por el pasillo hacia la puerta, o de la puerta a su sitio, o de su sitio a otro sitio para hablar con alguien de su proyecto. Alguien que le cuenta a su otro compañero de trabajo qué hizo el fin de semana pasado, otra persona diciendo que quiere irse de la empresa pero no logra que la echen ni a patadas, reuniones de la gente de un proyecto matándose vivos y jurándose entre ellos que se irán de ese maldito lugar en cuanto les salga otra cosa, montoncitos de personas que están trabajando en un proyecto del que cada vez que hablan crees que están hablando en un idioma de extraterrestre (como es normal, a pesar de lo que piensan y dicen los empresarios, no tienes ni la más remota idea del resto de proyectos porque cada proyecto es un mundo, incluso aunque fuesen ramas del mismo proyecto esto pasa), personas que están discutiendo debido a que una tarea del proyecto que no la entiende ni dios y ahora tienen que llamar al teléfono del alguien para preguntarle qué chimpancé de consultor redactó esa mierda de tarea en la reunión con el cliente y que si le puede facilitar su número de teléfono para que se la expliquen,…

¿Qué te molesta la gente paseando alrededor tuya? Tranqui, en una oficina de estas características eso pasará cada 5-10 minutos (alguien buscando al jefe, alguien yendo a descolgar el teléfono, alguien dirigiéndose al baño, alguien dirigiéndose afuera a fumar,… y todo el mundo viendo lo que estás haciendo en el monitor de tu PC, todos pasan fijándose, espero que no seas de esas personas que se ponen nerviosas si miran constantemente lo que estás haciendo), los sitios más codiciados en estas salas son los que tu espalda queda cerca de una pared o esquina, de forma que ahí suelen estar siempre los jefazos de las salas.

Esto y más es lo que pasará a tu alrededor en cada segundo de cada minuto de las 10 horas, como mínimo, de todos los días que estés trabajando en una oficina de espacio abierto. Si crees que puedes trabajar sin auriculares escuchando la radio o música a todo trapo ahí de forma eficiente, ve e inténtalo. Los días que no he podido ponerme los auriculares, por lo que sea, he acabado con fuertes dolores de cabeza. He llegado a estar en algunas de estas oficinas en las que las ventanas no pueden abrirse y otras que son verdaderos zulos de hormigón con una pequeña y reducida ventana a varios metros de altura, estas cosas al principio te parecen una tontería, pero cuando estas ahí y notas el ambiente tan pesado y el oxigeno tan reducido que pasa por las rejillas del techo, ves que no es ninguna tontería en absoluto. Realmente sólo las personas que se pasan la gran mayoría del tiempo metidos en salas de reuniones o fuera de estas oficinas son las únicas que les entusiasman el tema, sí, las que nunca lo viven día tras día.

Para finalizar, ni que decir que es lo más normal que el baño siempre esté ocupado y tengas que esperar a que alguien salga. Dicho esto, pasemos al tema del horario flexible, que al principio su desventaja no parece tan evidente.

A mí la primera vez me vendieron lo del horario flexible tan bien que estuve a punto de abrazar al de recursos humanos (“trabajamos para asignaros proyectos de empresas que sólo tienen este tipo de horario” me decían y lo que antes me parecía bien ahora me parece un terror), por suerte la entrevista era en una sala yo solo y una cámara y la cara del de recursos humanos en un televisor. En serio, os entiendo perfectamente porque hace casi ocho años a mí también me la colaron tal y como a vosotros os la cuelan cuando os lo dicen, porque, seamos sinceros, ¿a quién no le gusta que le digan que te puedes ir de la oficina a la hora del día que quieras y luego recuperar las horas que estuviste ausente cuando quieras y en el plazo que quieras (pongamos que te fuiste dos horas antes porque un día estabas hasta los mismísimos y decides recuperarlos en un plazo de 10 minutos de más cada día)? Y además sin límite y sin tener que avisar a nadie, ni picar en máquina alguna, que podías hacerlo y tener un porrón de horas a deber, que nadie te iba a decir nada y siempre podrías recuperarlas a tu ritmo y cuando quisieras. Y te dicen que si en realidad es que no hay horarios, que se pone un horario oficial porque les obligan la ley, pero que no pasa nada si incluso hay horas que no llegas a recuperar jamás.

Si es que, qué inocentes somos y qué rápido caemos.

El problema del horario flexible es que no es flexible para ti, sino para ellos. Ellos lo venden en los medios, en las conferencias, en todos lados como todos ya sabemos, que es como he descrito anteriormente (que si puedes entrar y salir cuando quieras y recuperar los minutos u horas perdidos cuando quieras y a tu ritmo), pero en realidad el horario es flexible en el sentido de que “no hay horario” DE SALIDA. Sí, cuando te digan “horario flexible” lo que quieren decir en realidad es “no hay horario de salida y te retendremos aquí hasta que queramos”. Y lo mismo un día entras a las ocho de la mañana y sales a las siete de la tarde, que al día siguiente tienes que hacer lo que ellos llaman “un sobreesfuerzo” y salir a las doce de la noche para volver al trabajo a las ocho de la mañana del día siguiente. ¿Y qué haces en esas horas de sobreesfuerzo? Pues a veces trabajar y otras simplemente te piden que estés ahí calentando la silla sin ninguna tarea asignada porque las personas que forman proyecto, en el que estás, están muy ocupados y no tienen tiempo para darte una tarea, pero debes estar ahí para mostrar que apoyas a tu equipo y que respetas su trabajo y blablabla o si no en la próxima evaluación dirán que qué mal lo haces y que puede que no te renueven el contrato o no te den nuevos proyectos. Pero lo peor no es eso, lo peor son las miradas y las críticas de los compañeros de trabajo si se te ocurre irte antes que ellos, aunque no tengas tarea asignada. La cantidad de miradas de odio y críticas a la espalda de tus propios compañeros serán más elevadas contra más lo hagas, y, por supuesto, el trato y la ayuda que necesites de ellos en tu proyecto será peor.

Dicho esto, por si en este punto te estas preguntando por el papel de los sindicatos, conozco proyectos liderados por sindicalistas – CCOO en su más amplia mayoría – en los cuales sus empleados también echan muchas horas extras sin cobrar y los sindicalistas de sus jefes no hacen nada para evitarlo, es más lo ven como algo positivo y normal dentro de la empresa. Es algo que no me cabe en la cabeza y nunca he entendido, si tienes un presente sindical tan activo ¿por qué te vendes ante la presión que te toca y ni siquiera tratas de hablar? Porque lo grave es eso, no es que les pida que hagan una huelga masiva, es que les pido que hablen con sus jefes o con el cliente, porque ni siquiera dicen “no, vamos a hablar y buscar otra solución”.

Y tranquilos, si no disfrutáis de estas ventajas, puede que algún día todos los empleados de todos los sectores que tengan que ver con oficinas disfruten de estas grandes ventajas que programadores y teleoperadores disfrutamos a diario. Por lo pronto los coworkings ya están en ello, aplicándolas desde sus inicios en las proto-empresas que salen de ahí para que absorban esas cualidades y en un futuro sus empleados las disfruten tanto como las disfrutamos nosotros. Pero bueno, como solemos decir, no tenemos el cuerpo para otro tipo de trabajo, así que nos jodemos y tendremos que explicarlo una y otra vez a amigos, familiares y conocidos, a ver si así de boca a oído la cosa va comenzando a verse como la basura que es.

Que no es cargar escombros en una obra, ni limpiar casas, ni servir a montones de turistas y algún que otro desagradecido, ni cavar zanjas,… lo sabemos, pero no por ello deja de ser feo de narices y, dados tantos problemas que tenemos con ello a diario, no debería ser visto como algo bueno.

“Las empresas de software se han vuelto verdaderos talleres de trabajo esclavo”

Esta mañana estaba leyendo el texto de Ser Programador Después De Los 40 de Adrian Kosmaczewski esperando poca cosa, la verdad. Más que nada porque no suelo estar de acuerdo con gente que proponen hacer tantas cosas al año para demostrar que eres de tal profesión u otra. Que sí, que a veces habrá que aprender algo para distraerse o para cambiar de aires, pero sinceramente, por ejemplo, tras trabajar tantas horas con un ordenador lo que menos apetece es, el mismo día, ponerse con un ordenador a hacer cualquier cosa y en el poquísimo tiempo libre que te queda en el que podrías pasarlo durmiendo. Es decir no estoy de acuerdo en hacer cosas porque ahora eres de tal profesión, sino en hacerlas porque te apetece.

En fin, que a pesar de nuestras leves discrepancias (comparto bastante su odio a las modas tecnológicas y a los consultores tecnológicos), hay algo en el escrito de Kosmaczewski que lo he visto de suma importancia para desengañarnos, una vez más, del “fuera de España se trabaja mejor” y es lo de: “las oficinas apestan”:

6. Las Oficinas Apestan

No esperen que las empresas de software les ofrezcan el mas mínimo camino de crecimiento. Quizás lo hagan en los EEUU, pero no he visto nada similar en Europa. Esto significa que ustedes son los únicos responsables por el éxito de vuestras carreras. Nadie les dirá “bueno, este año podrías ser líder del equipo, y luego el gerente, más tarde el CTO…”

Para. Nada. En realidad, más bien lo contrario; ustedes fueron, son y serán desarrolladores, esto es, un obrero de fábrica relativamente caro, de quien sus gerentes estarían más que contentos de tercerizar los servicios, sin importar lo que les digan.

No tomen un trabajo solamente por el dinero que les ofrezcan. Las empresas de software se han vuelto verdaderos talleres de trabajo esclavo, donde se espera de ustedes que justifiquen los salarios absurdamente altos que se les pagan con impensables horas de trabajo y expectativas absolutamente irracionales. Y, al menos en el caso de Suiza, no hay ningún sindicato que les ayude si les va mal. En realidad hay sindicatos en Suiza, pero no les importan situaciones que no les permitan tener algún tipo de impacto mediático.

Aún peor: en la mayoría de los lugares de trabajo serán acosados, particularmente si son mujeres, miembros de la comunidad LGBT o de grupos étnicos que no fuesen el caucásico. He visto programadores amenazados de no tener sus visas renovadas si no hacían sus tareas más deprisa. He presenciado el acoso de mujeres y colegas gay.

Algunos sectores de nuestra industria son estrictamente vomitivos, y no se necesita estar en Silicon Valley para verlo en acción. No se necesita Medium para leerlo. Se puede ver esto directamente en Suiza. Muchos bancos tienen lugares de trabajo asquerosos. Las compañías financieras quieren que vomites código durante 15 horas al día, incluso si las leyes suizas sobre el trabajo lo prohíben explícitamente. Las empresas farmacéuticas quieren que escribas código para falsear los resultados de pruebas de calidad y pasar controles regulatorios de manera ilícita. Las “startups” quieren chupar tu sangre, trabajando 18 horas al día sin compensación, todo “porque te estamos dando stock options” o “porque somos todos parte del mismo equipo”.

No importa que seas Zach Holman y que pongas en tu CV que literalmente escribiste Github de tu puño y teclado: serás despedido por la más estúpida de las razones.

No importa que tu aplicación traiga más de la mitad del tráfico y del ingreso de tu empleador; el equipo de la API tratará tus ideas con desprolijidad y falta de respeto.

Gente muy conocida en esta industria, incluso con páginas en Wikipedia, me ha pedido de trabajar gratis para ellos de manera más que descarada. No daré nombres, pero créanme que impediré que cualquier joven desarrollador se les acerque y trabaje para ellos, porque la gente sin ética no merece el cerebro de nadie.

Cada vez que un gerente de RRHH les diga “deben hacer esto (cualquier cosa que esté mal en su propio marco de referencia) porque le pagamos un salario” recuerden de contestar lo siguiente: “ustedes me pagan un salario, pero yo les doy mi cerebro a cambio, y rehúso cumplir con esta orden”.

Porque además, colmo de los colmos, los colocarán en un open space, y por alguna razón perversa estarán orgullosos de ello. Los open space son un cáncer. Constituyen sin ninguna duda el peor ambiente de trabajo jamás inventado, y el menos apropiado (y de lejos) para el trabajo que consiste en escribir código — o para cualquier otro tipo de trabajo intelectual, en realidad.

Recuerden: el hecho de que ustedes entiendan una situación no implica que tengan que estar de acuerdo con ella.

Desobedezcan la autoridad. Digan “vete al diablo, no haré lo que me pides” y váyanse a otro trabajo.

La parte final de esa sección no la reproduzco porque no creo que haya unos pocos lugares fantásticos para trabajar (siempre en algún momento se siente que el trabajo es trabajo y querrás volver a casa a descansar, y, por otro lado, sospecho que lo dice para que se cuele su texto en ciertos ambientes empresariales que se digan a sí mismos “yo soy de esas empresas”), y no estoy de acuerdo con hacerse autónomo para hacerse independiente (porque la misma autoridad, que serán varias empresas, seguirá ahí en forma de cliente).

Burla

Es primavera, me subo a un autobús y siento ganas de vomitar.

Siempre me pasa lo mismo los tres primeros días de tratamiento con la cetirizina. Los mareos vienen y se van. A veces te caes y otras no sabes si aún te mantienes en pie.

Un señor, al verme, se acerca y me pide que me siente. Le digo que será sólo un rato, que se me pasará en seguida. Y, mientras me siento en el que era el lugar del señor, al ver tantas miradas de preocupación, pienso que ya me dará igual si vomito. Al menos todavía no me he caído.

Una amiga mía suele marearse y caer al suelo inconsciente en los hospitales. A un tío mío le ha pasado en la calle más de una vez. La última vez que le pasó fue conduciendo. Le dio tiempo a parar el coche y a que una señora que pasaba por ahí le reanimará.

Imagina que, de repente, te pasa algo grave de lo que no se puede culpar a nadie, y dependes de alguien desconocido que pase por al lado tuya. Eso es lo que me está pasando ahora mismo. Mientras la bilis baja voy mirando al cristal delantero. Pienso en no mirar ni los laterales ni los traseros en todo el viaje.

– Ya mismo pasamos por el ambulatorio. Te lo digo por si necesitas un médico.

Le digo que lo que necesito es que mi cabeza y mi estómago se calmen de una vez. He ido al médico muchas veces y esas pastillas son las únicas que me funcionan con la alergia. Son tres días de mareos, si logro pasarlos, ya no tendré mareos hasta que vuelva a dejar la cetirizina y otra vez vuelva a tomarla, es decir, cuando comience la primavera del próximo año.

Cuando me preguntan qué tipo de alergia, contesto lo mismo que mi médico me dijo para evitar mandarme al especialista: alergia al polen mezclado con la contaminación y la humedad. A veces pienso que nunca me he llevado bien con la primavera y es normal que seamos enemigos naturales. No puedo con todo ese polen y las abejas y avispas.

Las abejas y las avispas me dan miedo desde niño y más cuando me enteré que las avispas podían usar el aguijón más de una vez. Pero a veces cuento el número de abejas y avispas que me han herido y lo comparo con el número de personas que lo han hecho, y sale que el número de personas es notablemente superior. Quiero decir, es irracional, debería temer a las personas más que a las abejas y avispas.

Luego está lo de la advertencia de que no desespere. Cuando eres adulto y maduras sabes que tu vida es una mierda, que siempre lo ha sido y que seguramente lo será en un futuro, y te resignas y sigues con tu vida de mierda porque sabes que la alternativa es morir y, aunque no tengas miedo a la muerte, te importa seguir vivo/a. Piensas que, total, la vida te ha dado buenos momentos al igual que malos momentos, y es que ya no vivimos en árboles ni nos matan salvajemente tigres y leones continuamente. Nuestra figura paterna del progreso está ahí, sabes que la sociedad irá a mejor porque entiendes que el mundo es más seguro que antes (si vives en un lugar en el que te sientes seguro, claro está). Lo sabes y lo entiendes, pero con progreso o sin progreso tu vida será una mierda menos peligrosa o más peligrosa. En resumen, tu vida seguirá siendo una mierda. Y si aceptas que no hay forma de cambiar eso, pero que, después de todo, seguirás adelante por lo que sea (dar por saco, absorber todo el entretenimiento habido o por haber, no dejar en el mundo sola a tal persona, curiosidad por, porque sí y punto,… por lo que sea que te dé las ganas de vivir en ese momento), supuestamente habrás madurado.

Para no madurar puedes hacer cosas para evitar pensar en que tu vida es una mierda o pensar que lo es pero no lo será en el futuro. Conozco personas que se tiran en paracaídas desde un avión para decirse aquí estoy yo burlando a la muerte cuando es la muerte la que se burla de ti. Otros prefieren montar una empresa y decirse que todo saldrá bien y en el futuro serás el jefe, que serás el CEO que dará charlas TED sobre lo fácil que es triunfar en la vida y que pasarás tus días cabalgando sobre una montaña de billetes andante; pero en la realidad, en el mejor de los casos, fracasan e intentan seguir pagando el alquiler y la comida trabajando de siete de la mañana a once de la noche en eso que tanto decían que amaban trabajar. Hay quién prefiere tener hijos y ahorrar para mandarlos a la universidad inglesa más cara que puedan y confiar en que esa universidad hará algo mágico que los hará salir de la mierda de la que no pueden salir sus padres; pero esa universidad al final no era tan mágica como tanto se anuncia porque la mierda ni se crea ni se destruye, siempre te llega a las rodillas.

Hay quién me dice que no desespere cuando ven que me falta algo del plan de la vida porque en algún momento hago bromas sobre ello. Tu coche, tu pareja estable, tus hijos, tu propia casa y tu trabajo estable. Si te falta algo de eso, alguien te dirá que no desesperes, que todo llega. A veces pienso que no recuerdan cuándo se han caído, y otras pienso que ni saben si aún se mantienen en pie.

Sobrevivo al mareo y el estomago también está en su sitio. Le quiero devolver el sitio al señor, pero insiste en que me quede sentado. Nos enzarzamos en una amistosa discusión sobre quién debe estar sentado y, al final, él gana y me quedo yo sentado hasta que me bajo del autobús y le doy las gracias. Muchas gracias.

Llevo varios meses diciendo muchas gracias o gracias por su tiempo a completos desconocidos. He llegado a esa fase en la que todo lo que diga sale automáticamente. Las respuestas de lo que he hecho en mi vida laboral, lo que espero, el último libro que he leído, la película que más me ha gustado,… Nada está improvisado, no hay pregunta que no haya previsto ya y que no sepa la mejor forma de responderla. Después de eso vuelves a tu casa y sigues buscando. Luego cogen tu carta de presentación, tu CV, la entrevista, las pruebas y los test, y lo guardan en una base de datos bajo un cartel que reza “No desesperes”. Porque la realidad es que nunca buscaban a persona alguna, pero necesitan amenazar a sus empleados con que tienen una base de datos llena de personas dispuestas a quitarles el puesto.

Hay días que quisiera poder desesperarme, pero automáticamente digo que mi mayor defecto es que tengo demasiada paciencia.

De Shivaree a Drácula

A Ambrosia Parsley (cantante de Shivaree) no le gustan las películas de acción violentas como Kill Bill Vol. 2, que es la película que dio fama a su canción más conocida: Goodnight Moon. Parsley cantaba en una pizzería al mismo tiempo que alternaba varios trabajos como el de camarera o vendedora de cosméticos, hasta que un día la descubrió cantando el teclista Danny McGough que tocó en varias giras con Tom Waits, y junto a ese teclista y al guitarrista Duke McVinne formaron la banda Shivaree.

Tom Waits es músico, compositor y actor. También está entre los reyes de músicos que ganan demandas contra empresas, cada vez que aparece un anuncio con alguna canción suya, mete a la compañía de dicho anuncio en un pleito del que siempre sale bien indemnizado (también se burla de quienes son pagados por poner su música en anuncios, por ejemplo de Michael Jackson llegó a decir “If Michael Jackson wants to work for Pepsi, why doesn’t he just get a suit and an office in their headquarters and be done with it?”[1]). Musicalmente Waits es una buena muestra del rock americano tradicional: sobrevalorado. Al menos Waits es un buen actor, de hecho participó en la versión de Drácula dirigida por Francis Ford Coppola.

Una película de la que Coppola fue productor es Las vírgenes suicidas (dirigida por Sofia Coppola), y la banda sonora la realizó la banda francesa Air, de la cual destaca su tema Playground Love. Air también participaron en la banda sonora de Lost in Translation (dirigida por Sofia Coppola), junto con artistas como My Bloody Valentine y The Jesus and Mary Chain.

The Jesus and Mary Chain es una banda escocesa de rock alternativo que se formó en 1983, justo en el gran momento de la escena indie británica de los 80’s. Les fue tan bien que han compartido carteles y festivales y escenarios con multitud de famosas bandas y solistas indies de los 80’s como Morrissey de The Smiths, de hecho hay discos recopilatorios de la época en los cuales podemos encontrar a ambas bandas. Una de las canciones más famosas (en especial entre las personas de mi generación) de The Smiths es How Soon Is Now?, la cual popularmente es bastante conocida como la música que sonaba en el opening de la serie americana Embrujadas, cuando realmente sonaba una versión de How Soon Is Now? de The Smiths hecha por la banda Love Spit Love.

A Ambrosia Parsley (Shivaree) no le gustan las películas de acción violentas, pero también su canción I Close my Eyes sonó en la serie Embrujadas, incluso fue publicada junto con la versión de How Soon Is Now? en uno de los CDs de bandas sonoras de dicha serie.

Goodnight Moon de Shivaree trata de cuando de noche estás a solas en tu casa, suena algún un ruido y desde ese momento tienes mucho miedo de que alguien o algo haya entrado en tu casa. Ideal para no dormir. Ideal para una película como Kill Bill Vol. 2.

Videoclip de la canción Goodnight Moon de Shivaree, aunque a Ambrosia Parsley no le gustan los videoclips.


Notas:
[1] The Many Lives of Tom Waits de Patrick Humphries, al inicio del capítulo 40.

Otro mundo más lleno de oportunidades

El edificio está muy cambiado pero da la casualidad que ahí comenzó todo. Justo en ese edificio fue dónde comencé a trabajar profesionalmente de programador y aunque sólo estuve allí dos meses recuerdo su interior con nitidez. Ahí empezó mi tic en el ojo derecho y mi pinchazo en el codo, ambos daños colaterales que sólo me suceden cuando me viene el estrés.

Así que entro y miro a mi alrededor. Ya no queda empresa privada alguna en ese edificio y ahora todo lo ocupa oficinas de lo público para parados.

Subo las escaleras y al llegar veo a través de puertas transparentes a las personas que, como yo, esperan para una prueba para un curso. Entro y me apoyo en una pared, detrás de una columna. Desde ahí veo como hombres y mujeres entran periódicamente hasta que veo un muchacho con un hombre mayor subiendo las escaleras. Se paran justo en la puerta transparente, el hombre mayor le da la mano y a la misma par que le da un leve toque en el hombro puedo leer de sus labios la palabra suerte.

Cuando salimos, una mujer y yo hablamos tras la prueba. Me cuenta que está ahí porque quiere el curso para aprender, que no entiende a qué viene una prueba tan difícil como ésa. Le doy la razón porque es cierto que yo no entiendo a qué viene algo que me haya hecho pensar en teorías metafísicas de la programación para un curso que es más para pasar el tiempo que para otra cosa.

Recuerdo el día que me vino el tic en el ojo por primera vez, incluso recuerdo el del primer pinchazo en el codo. Lo primero que pensé en ambos es cómo podía ser que sintiera mucho más estrés que en todo día que había pasado en la carrera, cuando todos decían “en el trabajo es todo mucho más fácil y hasta te gustará”. Un compañero de trabajo me decía que al menos tenemos una cierta estabilidad y aunque jamás puedes aspirar a cobrar más de 1500€ en esta ciudad, no hay que esperar horas y horas de transporte del trabajo a casa y de casa al trabajo. Este compañero me recomendó que viera Piratas del Silicon Valley para que aprendiera cómo comenzó este sector a transformarse en lo que es hoy día. El estrés. Las horas extras sin cobrar. La empresa como una secta que cree en un sueño. El jefe chulo con el que tienes mucho cuidado. Tipos que van a visitar la empresa y notan algo raro pero no dicen nada. En ese documental está todo. Tras esto lo poco de tecnofilia que pudiera haber en ti o de escusas tontas hacia lo que debería ser Lo Normal y que La Empresa No Cumple Porque Es Otra Cárnica Más se caen. Nada fue normal jamás, fuera de este país tampoco es normal, todo es una bola de nieve que al final llega al más bajo de toda la pirámide. Es el mismo modelo de Apple: trabajas para el sueño de un Steve Jobs gritándote mientras toca el piano. Todo estaba tan mitificado por profesores que ni saben qué es lo que realmente hay ahí fuera y nos lo hemos comido con patatas (“Cobro mucho menos que mis compañeros de carrera que ahora están en Madrid” = Ellos entraron en el ajo antes de la burbuja de las punto COM, cuando había mucho hueco que llenar). Todo esto no es sólo otro trabajo más pero con dolores de cabeza en vez de dolores de espalda o varices. Café e ibuprofeno.

Suerte para mí es que mi padre jamás me dio ni la mano y ni la palmada en el hombro antes de ir a una prueba o entrevista de curso o empleo.

¿Merece la pena aprender a programar para trabajar de programador en empresas? Pasados unos años me di cuenta que ningún sueño vale la pena cuando, sin ser responsable de nada, te lían tanto en un proyecto que acabas encerrándote en un servicio a llorar en silencio porque otro día más no sabes qué hacer para salir de esa tarea imposible que te han puesto, y lo que es peor es que mañana volverás a pensar “¿Y ahora qué haré?” al sonar el puto despertador. Todo esto sucediéndote en lo que llaman un mundo lleno de oportunidades.

Los señores que miran al horizonte

Señor que mira al horizonte
El otro día volví a Facebook para seguir con la tradición de borrar definitivamente otro perfil de Facebook que supongo que desembocará en la creación de otro Facebook mío en breve (como siempre, porque hay gente que sólo puedo contactar por ahí) y, tras tanto tiempo esquivándolo, me di cuenta de algo extraño.

Era como una plaga de señores en medio de la naturaleza, mirando al horizonte y una imagen de un lugar al que han viajado de cabecera de su perfil de Facebook (normalmente el último al que ha viajado). A veces sólo sale su cara y poca naturaleza de fondo, pero, incluso cuando parece que mira a cámara, está mirando al horizonte. En los casos de cuando estos señores tenían pareja, aparecía una foto de él con su pareja, como si de una forma de formalizar su relación se tratara. Tras un rato viendo a estos señores me di cuenta que daba igual que se tratara de perfiles diferentes, al igual que daban igual las diferencias superficiales de su aspecto, su edad o su rostro en diferentes perfiles. Siempre se trataba del mismo señor.

El señor que mira al horizonte siempre estaba en contra del PP pero al mismo tiempo denunciaba los “excesos de libertades que hay”. En una buena cantidad de perfiles de mi localidad, ese señor es miembro de alguna hermandad. A veces se presentaba como poliamoroso y otras no, pero, curiosamente, siempre se mostraba a favor del igualitarismo, pero en contra de las feministas con las que discutía acaloradamente en una buena parte de sus posts en Facebook. Sobre todo odia cuando le hablaban de cuotas como una buena solución.

El señor que mira al horizonte se define de izquierdas, dice que sobre todo está en contra de los ladrones que nos gobiernan y, como dije antes, cree que estamos a merced del libertinaje. La gente debería procrear más – dice – nos estamos quedando sin personas inteligentes – señala – porque no tienen un trabajo digno para reproducirse. A los trabajadores nos recortan en derechos, pero hay que adaptarse a los cambios, además siempre miras para ti mismo, ¿por qué no miras al pobre empresario que también lo está pasando mal y todo empresario quiere contratar pero no puede? Además, que horrible sería que por culpa de tanto lujo la economía se resintiera ahora que todo está mejorando tanto. ¿Sabes? El gobierno de Ciudadanos y el PSOE nos habría beneficiado a todos, los autónomos hubieran tenido que pagar sólo cuando debían pagar y no gastar dinero inútilmente. Que los de Podemos sólo quieren la renta básica, y luego están todos esos desgraciados como en el campo con el PER, metidos en el bar y yo aquí pagándoles su cafelito, ¡que así es España! Ayer en Salvados vi… Nunca veo la tele, ni películas, veo series en Internet. Oye, que me he enterado que te vas de vacaciones el [fecha], ¿a dónde vas? Es que si todavía no has pagado nada ¿te importaría cambiarlas? Esos días están dentro de esas dos semanas en las que me quería ir de vacaciones con mi novia y, total, tú que no tienes, no te importará cambiar tu fecha, que eres buena gente y somos compañeros, ya sabes cómo se ponen las mujeres. Me iré de vacaciones a [tal lugar exótico], y me saldrá muy barato. Como se nota que el lugar al que he ido de vacaciones está bien orientado al turismo, como saben esos tipos facilitar el turismo en condiciones, mira te voy a enseñar las fotos que hice. Eso de la noticia ésa no es violación, lo sé yo, que las tías son muy guarras, ¿que dices a ti no te importa lo que ellas hagan o vistan? Pues a mí si me importa porque luego llegan las denuncias falsas. Estoy a favor de la semana santa porque el dinero que se gana en semana santa es enorme, tú no sabes nada, del turismo de la semana santa puedes vivir muchos meses. Soy costalero. Hay tanto trafico que me he tenido que levantar antes para coger el coche, ¿por qué las [demás] personas que vienen a trabajar [y no son yo] no van en autobús? El conferenciante ha dicho cosas tan sensatas, hay que fomentar más la industria, el emprendimiento y el optimismo desde niños. Acabo de leer en El País un artículo muy bueno de un politólogo, como se nota que saben.

Él no quiere que cambies a una opinión diferente a la suya (porque sabe que tú también tienes a un señor que mira en el horizonte dentro de ti, esperando a salir en algún momento), y una y otra vez sigue diciendo lo mismo y más, como si no hubieras escuchado su opinión antes, la vuelves a escuchar, como si de una maldición o de otra absurda canción del verano se tratara. Porque a pesar de su aspecto, todos son el mismo señor una y otra vez. Se acaba el proyecto, cambias de trabajo, te llaman para otro trabajo, y siempre es el mismo señor multiplicado cuan agente Smith en las secuelas de Matrix. Pero es que a ese señor ya lo tenías como amigo en Facebook con otros nombres y otros avatares. Lo tienes en WhatsApp y te pregunta por qué te vas de los grupos en los que con sus amiguetes mandan vídeos y fotos de sexo de personas con animales. A veces tiene dudas, a veces piensas que tú eres el raro, que tal vez conforme voy teniendo más años, menos ganas tengo de discutir y más aprendo a decirles cuatro cosas y luego no escuchar, porque, total, no merece la pena porque dentro de un par de meses ya no estaré en este lugar y me mandarán a otro lugar, donde estará este señor con otra cara, otra vestimenta y otra edad y volveré a la misma historia de siempre. Porque es siempre la misma historia. ¿Por qué es siempre la misma historia? ¿Dónde la aprenden? ¿Dónde les dicen dí siempre esto y no esto otro? ¿Dónde les convencen para que crean que siempre es por su bien? ¿Quién le dice que lo que es por su bien es por nuestro bien? Otros señores que miraban al horizonte serían. ¿Pero cómo los señores que miran al horizonte pueden haber aprendido algo de señores que miraban al horizonte si una buena parte de nuestra generación (y varias anteriores) han sido criados por mujeres y éstos veían poco a sus padres? ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Por qué Iker Jiménez no investiga ya este caso en Cuarto Milenio? No lo sé. No tengo ni idea.

Sólo sé que borré mi Facebook otra vez y que, no sirvió de nada, porque el señor que mira al horizonte sigue ahí.