Cuencos de arroz

Salgo del curro pensando en que, otra semana más (porque todas las semanas son otra semana más), he echado una hora de más que no quería echar, pero vas sumando minutos y te sale una hora de más. Otra semana más no se me pagará ni se me convalidará como vacaciones. Y otra semana más estoy a un paso más de terminar otro periodo de prácticas.

Cobro más que nunca y, sin embargo, en mi trabajo hay quién dice que lo que cobro es para alimentarse sólo de cuencos de arroz. Uno se pregunta en qué gasta el dinero. Un viaje lejos del facherío español en vez de quedarte dando vueltas con un billete de autobús (y a veces te subes al tren, pero te sientes como que derrochas), todos los fines de semana al mes cargado de tupers en el coche a tú provincia a ver a los padres en vez de llamarles más por teléfono o hablar con ellos por Skype, la cómoda habitación de hotel con vistas al mar en vez del hostal de habitación compartida con 5 personas,… No puedo evitar pensar que se trata de eso, y muchas veces me digo que no sé si es mi problema o es el de los demás.

Cierto es que cobramos poco en comparación con lo que podríamos cobrar, pero también es cierto que en mi profesión hay mucho votante de Ciudadanos con aspiraciones que llego a entender pero nunca llegaré a comprender. No comprendo la cultura de los meetups, no comprendo el ir, una semana informativa, a explicarle a universitarios React cuando no saben ni una gota de Javascript, cuando tal vez lo mejor que se les podría enseñar es cómo hacerse un portafolio en GitHub con los trabajos que hacen en clase (para que tengan la sensación de que sí están aprendiendo cosas, y que las empresas mienten cuando les dicen que no y que están atrasados). No comprendo nada el tener muchas apps móviles subidas a tu perfil de Google Play o a la App Store para ganar dinero por anuncios y todo ese “a ver si cuela”. No comprendo la idea de ser el mejor en todo, tampoco en saberlo absolutamente todo, y menos aún en venderte a base a cifras de descargas de tus apps o en dónde has dado conferencias y cifras de asistentes.

Voy a resumir mi experiencia en programación en dos párrafos. Terminé mi carrera cuando el mayor peligro de la informática eran las patentes de software, ahora la sensación que tengo es que el peligro es toda la cultura alrededor de la informática en sí misma, que siempre ha estado ahí pero hoy día lo invade todo y está tanto precarizando los trabajos humildes como cargándose las ciudades vía apps. Llevo nueve años, NUEVE AÑOS, trabajando en este campo y sigo sintiéndome un intruso cuando hablo con este tipo de gente. Entré en esa carrera sin saber ni cómo encender un ordenador, como mucha gente no tenía ni idea de en dónde me metía. Cuando empecé a trabajar de programador, debido a la manera en la que me contrataron tras un curso del Inem, trabajé justamente en el campo de programación de una asignatura optativa que dejé porque me parecía un aburrimiento supremo y sigo trabajando en ese campo del que he intentado quitarme tantas veces, pero cada vez que hago una entrevista para, por ejemplo, programador web se me mira desde encima del hombro y a muchos metros de distancia.

De hecho pareció que lo iba a lograr de septiembre a noviembre del año pasado, pero no me pasaban trabajo porque era el que venía de programación gráfica y tiempo real. Para el jefe yo era un estorbo desde el primer día que aparecí por la puerta, sin yo preguntarle ninguna duda y sacando el trabajo adelante. De esto te encuentras mucho en esta profesión: prejuicios por todos lados. Da igual lo que hagas, da igual lo que pienses, da igual lo que digas, siempre prejuicios aunque tu jefe sepa de algo. Es como si el síndrome de asperger lo invadiese todo en ellos y para esta gente si no eres un tipo supermegaextrovertido y no sabes lo mismo que ellos, no eres más que un estorbo. No son capaces de ganarse tu confianza, para nada. Así que volví a la programación gráfica una vez más, porque si me encontraba con un jefe así, sé que no intentaría jugármela tanto. Aquí uno más que en hacer las cosas tienes que pensar en una partida del puto Risk sólo para intentar comer.

Historias parecidas las puedes encontrar en muchas otras profesiones, en oficinas y en no oficinas. Porque el mérito lo ha contaminado todo, hasta tal punto que un friki de cacharritos opina que tu sueldo le parece un cuenco de arroz diario, pero sabes que en esa opinión, además de lo de antes, hay un cierto “soy mejor que tú” que has sentido pasar tantas veces y ya como que te da igual. Nací en una familia humilde que fue ascendiendo a clase media a base de subir puestos y acumular en los que fueron los mejores tiempos para eso. Cuando era pequeño había meses en los que no quedaba otra alternativa, en que no quedaba otra que pensar que los reyes magos no podían comprar cosas caras porque tenían que dar a todos los niños regalos, la casa de los vecinos era un entretenimiento diferente, y casi cualquier cosa que salía en televisión era muy cara. Y fuera de Internet y fuera de mi profesión tengo amigos y conocidos con historias similares.

Y ahí estás con tus cuencos de arroz entrando en el banco, que es lo que dice un friki de cacharritos que cobras, y es más de lo que nunca antes has cobrado y es más de lo que varios de tus amigos y conocidos cobran. Sabes que, vale, ojalá me vaya mejor, pero que ya no es como hace un año. Quedándose tus aspiraciones en vivir en una misma ciudad y compartirla con la misma gente y ser un poco menos ciudadano/turista de mundo.

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Porqué soy laico a pesar de que soy ateo

14 El sabio usa bien los ojos, pero el necio anda a oscuras. Sin embargo, me di cuenta de que a todos les espera lo mismo, 15 y me dije: «Lo que le espera al necio también me espera a mí, así que de nada me sirve tanta sabiduría. ¡Hasta eso es vana ilusión! 16 Porque nunca nadie se acordará ni del sabio ni del necio; con el correr del tiempo todo se olvida, y sabios y necios mueren por igual.»
[…] 22 En fin, ¿qué saca el hombre de tanto trabajar y de tanto preocuparse en este mundo? 23 Toda su vida es de sufrimientos, es una carga molesta; ni siquiera de noche descansa su mente. ¡Y esto también es vana ilusión!
24 Lo mejor que puede hacer el hombre es comer y beber, y disfrutar del fruto de su trabajo, pues he encontrado que también esto viene de parte de Dios. 25 Porque, ¿quién puede comer, o gozar, si no es por él?

(Eclesiastes 2:14, 2:15, 2:16, 2:22, 2:23, 2:24 y 2:25)

 
Cada cual afronta su treintena como puede. Hay gente que regresa a su infancia, otros corren hacia el hipotecarse, casarse y tener hijos, incluso hay quién proclama que los 30’s son los nuevos 20’s para vivir otra nueva adolescencia. En mi caso, meses después de cumplir mis 32 años decidí volver a mirar mis pasos en las decisiones cruciales en mi vida, como es mi ateísmo. Como tantos españoles de los años 80’s (no todos) nací en una familia que tenía abuelos cristianos, tuve que hacer mi bautismo y mi comunión. Eso implicó una lectura de las escrituras sagradas que pienso que es un tanto parcial, recuerdo poco del viejo testamento y mucho del nuevo testamento. Mi cristianismo comenzó a flojear cuando en clase de religión nos pidieron leer el Libro de Eclesiastés, ya de ahí empecé a ser agnóstico y después me pasé al ateísmo. Fue como una revelación, pero mucho más lento porque, de hecho, tardé muchos años en pasar de una etapa a la siguiente. El dios del antiguo testamento no se parecía en nada al del nuevo, tal vez al venir de un bachillerato de ciencias es más realista para mí una fuerza de la naturaleza incomprensible a la que hay que tratar de buscarle un sentido (tanto a Él como a nuestra relación con Él), que ese otro dios en la tierra que obra milagros y que nos pide que si nos dan en una mejilla pongamos la otra. La primera contradicción estaba ahí y ya luego vino el resto de contradicciones.

Entonces, como todo ateo en un momento de su vida, desde principios de año decidí leer poco a poco La Biblia, libro que todavía no he terminado (llevo leído poco del antiguo testamento, probablemente cuando la termine volveré a escribir otra entrada en este blog sobre el tema), pero que ahora que tendré más tiempo, podré leer más. Es raro porque, vale, el simbolismo puede ser visto desde fuera como un montón de chorradas, pero a las religiones hay que verle el sentido detrás de la imagen, ya que es en eso en lo que se basan las creencias. Creo que si eres ateo debes leer en algún momento de tu vida textos religiosos como La Biblia o El Corán, lo poco que llevo leído me ayuda a saber cómo es la sociedad actual, porque son textos tan antiguos y sobre los que se cimentaron civilizaciones que duraron milenios y que forman parte de la base del mundo actual. Añadir también que, en el caso de La Biblia, las traducciones del latín a otros idiomas fueron duramente perseguidas por la iglesia católica, hoy día hay traducciones pero tienen que estar aprobadas por la iglesia católica (tiene su parte comprensible pero, desde el punto de vista de un no creyente, siempre te queda la duda de qué entienden por una traducción que no contaría su aprobación).

Tal vez lo más difícil para un ateo que fue creyente sea NO rechazar que una vez fue creyente, no verlo como tiempo perdido, ni como el momento en que eras imperfecto o una persona llena de complejos, ni reírse de personas con creencias por el mero hecho de creer. Porque a muchos les cuesta asumir que eres la misma persona que cuando eras creyente, y la verdad es que el que fuiste creyente es una parte de ti que hay que aceptar, como también debes aceptar, sin vergüenza, que ante el miedo a morir podría salirte la creencia en forma de arrepentimiento en el lecho de muerte. Personalmente me es difícil ser ateo cuando veo a otro ateo riéndose de un creyente por sus creencias.

Es comprensible que Richard Dawkins sea la diva del espectáculo del ateísmo, en sus tiempos ser ateo era un acto revolucionario, hoy día es más difícil ser ateo y asumir que fuiste religioso y que esa etapa tuya no fue mala solo por creer (es más, es una parte de ti, y no puedes eliminarla así como así porque eres otro imperfecto ser humano más, y además te criaste con ello), y, por tanto, no deberías dar el espectáculo a cada cual que practique su religión o sus costumbres que entiendes como religión.

Me representa más el laicismo que el ateísmo militante porque creo que, más que dar el espectáculo gritando a una musulmana sólo por vestir el hiyab, lo realmente importante es pedir una separación de la iglesia y el estado, en la cual diferentes creyentes y no creyentes podamos convivir sin pisarnos los unos a los otros. ¿Por qué debería importarme tanto que otra persona haya decidido firmemente creer o no en una religión? El cristianismo y su comunidad fue el sentido de mi vida durante una etapa de mi vida, no me hizo mejor persona ser ateo, me hizo diferente en un par de cosas, pero no por ello iría a gritarle a mi abuela que no soy creyente, porque no me importa tanto que ella no lo sepa y, como es cierto que me importan poco las que fueron mis creencias pasadas y me importan más las personas, prefiero no darle un disgusto un día.

Pienso que es más difícil ser laico y ateo que un ateo militante, porque es más difícil buscar separar un estado de una sola religión y hacer que se implique en el hecho de que hay diferentes creencias (algunas tan antiguas y minoritarias que habría que cuidar sus comunidades como las lenguas) y, que además, tenga en cuenta que existen las personas que no creemos. Prefiero ser no creyente porque estoy muy convencido y soy muy firme en mi ateísmo, y también soy más que consciente que los ateos hemos sido quemados a lo largo de la historia (y no hemos sido los únicos), pero aceptar nuestro pasado nos ayuda a entender y aceptar el presente y a preparar un futuro.

La incompatibilidad de la ética y el trabajo

Llevo pensando muchos meses sobre la ética y el trabajo y he llegado a la conclusión que mientras exista el trabajo asalariado como tal, no existirá ética ni en el trabajo ni en los productos generados con el mismo. Es decir, la mera existencia del trabajo en nuestro sistema implica una falta de ética.

Llevo años dando vueltas de empresa en empresa y también conozco a varias personas que han estado en eso a lo que llaman emprendimiento. Sacarle dinero a alguien y que no sea por una necesidad real, sino creada, cuesta mucho trabajo. Con sólo observar anuncios de televisión, de ahora y antes, salta a la vista que comprando un producto te puede ahorrar tiempo, te ahorra trabajo a la hora de limpiar, te es más sencillo ser la persona guay de la fiesta, es más seguro viajar,… Todos los productos o servicios vienen a aligerar un dolor o algo que nos parece una carga, estudian y analizan amplia y críticamente nuestras debilidades y exageran las fortalezas de su solución para que acabemos rascándonos el bolsillo.

No es fácil vender cosas a cualquier persona si no atacas a sus emociones, de ahí las empresas con su capitalismo emocional centran su maquinaria en ello. ¿Sabes esa sensación de no tener Facebook y estar en medio de una conversación de amigos que están hablando de lo que uno o el otro han puesto o comentado en Facebook? Ésa muy leve sensación de aislamiento social es lo que más explotan los productos tecnológicos como las redes sociales para atraparte. Y aunque a algunos nos parezca una tontería, a los adolescentes es algo que les hace crearse su perfil en Instagram o en TikTok. Así si quieres protestar contra el espionaje masivo en Facebook no te puedes borrar el Facebook porque tus amigos tampoco, te pierdes cosas de las que luego hablan, y te aíslas.

Los videojuegos freemium basan su negocio en la adicción. Estudian las diversas tácticas de atrapar al jugador en el juego mediante una fácil curva de aprendizaje, un montón de luces, colores y efectos, además de mensajes positivos hacia el jugador cada vez que logra un objetivo, y una vez que lo tienen atrapado suben la dificultad y un 1% de los jugadores acaban pagando para poder seguir jugando con un nivel de dificultad más sencillo de superar. Pero no pagarán un poco, ya que ese sector del 1% de personas es ampliamente estudiado gracias a técnicas de Big Data para sacarle el máximo de dinero posible. Un 1% que se sabe que en su mayoría son personas aisladas y con problemas. Para colmo los trabajadores son de lo peor pagado del sector tecnológico, la gran mayoría tienen que mudarse a otro estado o provincia para encontrar otro trabajo, y poquísimas veces otra empresa de tecnología diferente a videojuegos “se apiada de ellos” ofreciéndoles un trabajo de otro sector tecnológico que no esté relacionado con gráficos.

Cuando el cliente de la empresa es un ayuntamiento, provincia o ministerio hay que ganar un concurso público, el cual muchas veces lo gana la empresa que más le interese el proyecto y que más contactos tenga en ese ayuntamiento, provincia o ministerio. Una vez tienes ese proyecto la cuestión está en cómo sacarle más dinero al cliente en su mantenimiento, sin embargo no será hasta pasados unos años cuando se descubra que el producto es inútil y, hala, otro millón de euros de impuestos tirados a subvencionar con lo público trabajos frustrantes en empresas a las que poco le importa estafar constantemente a lo público (y que siempre le salga muy bien hacerlo) o las malas condiciones del trabajador.

Cuando el cliente es otra empresa la idea no es alargar el proyecto, sino mal venderlo repercutiendo esto en peor sueldo para el trabajador, además de las malas condiciones del mismo (tal y como en las empresas del anterior párrafo). Hacer que el trabajador trabaje más allá de las ocho horas al día de su mal llamado horario flexible, haciendo y deshaciendo a placer de las peticiones del cliente del cual tus jefes siempre serán sumisos porque están obsesionados con fidelizar. Y cuando no hay trabajo no puedes largarte a casa, tienes que calentar la silla y fingir que trabajas de cara a los otros equipos, vaya que algún superior de superiores que no tienen ni idea de lo que pasa en su empresa (y que no tiene ni idea de qué haces ahí), se enfade por verte mirando una web en vez de mirando a la pantalla fijamente cambiando de ventana durante 8 horas al día.

En cambio las empresas de juegos y apuestas online suelen tener unas buenas condiciones para los trabajadores (para lo que hay), ofreciéndoles condiciones como sueldos por encima de la media del sector, contrato indefinido y seguro médico. Las hay que incluso te hacen firmar un papel que te obliga a no discriminar ni humillar a nadie por sexo, raza o religión, incluso en comunicaciones internas por email o chat en la empresa, porque si lo haces te despedirán. Sin embargo sabes el daño social que estás haciendo (mayor que con los juegos freemium, aunque no sea tan camuflado, es muy problemático) y siempre te queda ese remordimiento. Para gracia final, las empresas de otros sectores tecnológicos ven con buena cara que hayas trabajado en este tipo de empresas (ni idea de porqué, pero sucede muchísimo).

Luego está todo el tema del coaching en las empresas, tema del que tanto he escrito en este blog, el cómo éstas tratan de ablandar el marrón de arreglar al equipo tras un ERE, el motivarles para que lo den todo cuando deberían de escapar de allí, ensalzar la figura del jefe-líder hasta el punto que el empleado deba dirigir siempre su empatía hacia él y hacia el proyecto,…

Todos y todas sabemos que en el momento en que aceptas un trabajo, aceptas un rol y debes seguir ese papel si quieres conservarlo y tener una vida dentro de lo normal. No hay alternativa, no nos la ofrecen, aunque, por suerte, hay mucha gente luchando para que la haya. Pero, de momento, siempre nos queda elegir entre qué clase de ética estamos dispuesto a perder, cuando la única línea ética común en las empresas firmada es no ser corrupto sólo si ocupas el cargo más bajo de la pirámide empresarial. Y a veces no nos quedará otra que caer en perder mucha ética, y es muy fácil que gente que no trabaja en Lo Tuyo te culpen por ello. Por ejemplo, cuando vi el documental del Fyre Festival no dudé en culpar también a las supermodelos en su falta de ética de trabajar para un anuncio en una isla que fue de un narcotraficante para un grupo de vendemotos que no sabían muy bien qué iban a anunciar, sin embargo varios meses después de ver ese documental y a fecha de hoy día lo que pienso es que no tenían alternativa, su trabajo y su estilo de vida les obliga en cierta forma a aceptar encargos como ése disfrazados en forma de oportunidades.

No sé, es muy fácil ver las cosas desde fuera para adaptarlas a tu discurso, pero cuando estás dentro se ven desde una perspectiva diferente. Y cuando estuve dentro de algunas de las cosas que he contado anteriormente (otras me las han contado gente que conozco) lo que pensé es que hace falta cambiar tantas cosas que no sabes ni por dónde empezar, y que tal vez lo más sencillo sería derribarlo todo y comenzar de cero.

El Algoritmo

No sé si será porque pertenezco a aquella profesión y, sea por eso que me fijo más, que desde hace un par de años escucho la palabra “algoritmo” más veces que nunca. No sé, yo no había escuchado algoritmo hasta que acabé el instituto y conozco una buena parte de personas que le pasó igual. Hay un problema que se ve a leguas desde que algoritmo se ha hecho la nueva palabra comodín de esta sociedad para realizar actos tan drásticos como despedir empleados (“el algoritmo de calidad y opiniones de las caritas en los comercios” o los recortes de una empresa debidos a “los cambios en el algoritmo de Facebook”). “La culpa es del algoritmo” es como el nuevo “ha sido un problema informático”, no deja de ser lo mismo que decir “lo hizo un mago”, pero con traje y corbata en vez de en chándal con libro de rol en la mano. Porque con un traje y corbata puedes convencer a los medios de cualquier cosa. La verdad que no sé a dónde nos llevará la demonización del algoritmo, pero, por si acaso, he decidido escribir un texto hablando de lo que es realmente un algoritmo hoy día porque la verdad que la magia mola, pero no cuando no es real y además esa ilusión se usa para justificar cualquier barbaridad.

Aunque la palabra la latinizó Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi en el siglo VIII, los algoritmos ya existían desde la antigua Grecia. Un algoritmo no es más que un guión genérico, un método de hacer las cosas. Digamos que descubres que el camino más corto para llegar a la cocina desde la puerta de tu casa, es no mirar cada habitación y baño de tu piso hasta encontrar la cocina, sino siempre tirar recto y torcer a la izquierda. Ése es tu algoritmo para llegar a la cocina, un algoritmo sencillo, simple y eficiente. Ese algoritmo se lo puedes programar a una máquina que supiese andar tal cual, sólo escrito en su lenguaje. En la realidad, lo normal será que la máquina vaya mirando habitación por habitación, encuentre la cocina y guarde el recorrido. Y a eso se le llama Machine Learning y es Inteligencia Artificial (el día que más de uno redescubra lo que es un Sistema Experto y que con él podemos sustituir a todos los opinólogos y echar a nuestros jefazos porque su experiencia y sus decisiones clave ya han sido transmitidas a una base de conocimiento, lo van a flipar).

Creo que la forma más sencilla de algoritmo la podemos ver en una receta porque fue el primer ejemplo de algoritmo que me enseñaron. Pensemos que tienes una cocina con un montón de ingredientes y vas a hacer de comer algo con una receta. El equivalente a la receta es un programa ya programado. El equivalente a la cocina sería un ordenador. Tienes recursos como las sartenes, las ollas, la madera en la que cortas, un bol donde hacer mezclas, platos,… podemos ver las tablas de maderas, los boles, las sartenes, los cazos, las ollas (y en definitiva todo lo que se puede introducir en un horno, microondas o en los fuegos) como la memoria principal o los registros. Tú eres el microprocesador. Puedes hacer la comida paso por paso (sistema en lotes) o ir haciendo cosas mientras se calienta la comida (multitarea) pero siempre echando una vista al fuego y removiendo (algoritmo de planificación del sistema operativo). La receta puede estar escrita con medidas precisas (en gramos y litros exactos) o algo más imprecisas (medio vaso, tres cucharadas soperas), la receta debe estar escrita dependiendo de los recursos de tu cocina (los únicos vasos que tienes son de tubo o no tienes ningún peso para medir en gramos), y ahí tenemos los lenguajes de programación que nos permiten expresar de una forma nuestra “receta”/”programa”.

Lo que quiero que quede claro con los párrafos anteriores es que lo importante de un programa no está en la matemática (salvo en sectores en los que es necesario como la programación gráfica o tiempo real, lo más normal es que no necesites saber más de matemáticas que cómo sumar/restar/multiplicar/dividir y la mayoría de las veces ni siquiera eso) sino en cómo expresas las cosas con tu lógica. Y la lógica de cada persona es diferente. Lo más importante tal vez sea saber usar esa lógica proposicional que se solía dar en filosofía en el bachillerato (creo que se sigue dando, pero ni idea).

Hay una cosa más y es que el software no es algo que programas y ya está. Una vez que lo programas todo el mundo opina sobre ello, incluso lo mismo que has programado te lo pueden echar atrás. Y es algo que sucede sobre todo cuando un proyecto está empezando y tus jefazos no tienen ni idea, tu jefe no tiene ni idea, y el cliente no tiene ni idea. Lo único útil que he aprendido en nueve años trabajando en este sector es que nadie tiene ni idea y nadie sabe cómo los proyectos acaban saliendo adelante ni porqué acaban con tantas chapuzas sobre chapuzas.

Un ejemplo. Imaginemos que nos pide el jefe que hagamos un algoritmo/programa que encienda las luces de una habitación cuando esté oscuro. Ése es el enunciado y nosotros escribimos lo siguiente:

INICIO:
    SI (NO entra_luz_por_la_ventana()) ENTONCES:
        enciende_las_luces_de_la_habitación();
    FIN_SI
FIN

Bien, ya tenemos nuestro programa ¿esto está bien hecho o mal hecho? Pues hacemos el proceso de pruebas unitarias y observamos un problema: vemos que cuando están las luces encendidas y no entra luz por la ventana el algoritmo no para de encender las luces. En cada milisegundo le está dando a encender las luces de la habitación y esto está desperdiciando recursos del ordenador (no para de levantarse a encender la luz y decir “ay va, pero ¡si estaba encendida!”). Así que modificamos nuestro algoritmo:

INICIO:
    SI ((NO están_las_luces_encendidas()) Y (NO entra_luz_por_la_ventana())) ENTONCES:
        enciende_las_luces_de_la_habitación();
    FIN_SI
FIN

Bien, ya lo tenemos arreglado. ¿Funciona bien o no? Pues hacemos unas pruebas unitarias y las pasa bien, así que se lo damos a alguien de testeo. Esta persona, tras probarlo, se acerca y nos dice que hay un error, que las luces se encienden, sí, pero una vez encendidas nunca se apagan. El algoritmo falla cuando acaba la noche y llega la mañana de un día soleado, ya que pusimos que las luces se encendieran cuando no entra luz por la ventana, pero no las apagamos cuando vuelve a entrar luz por la ventana. Esto sucede así siempre, tu jefe nunca será específico, el te dijo que “tienes que hacer un algoritmo que encienda las luces de una habitación cuando esté oscuro” y tú tienes que comerte el marrón de solucionar las consecuencias que esto tiene. Y nadie quiere que las luces estén encendidas todo el tiempo inútilmente. Así que escribimos lo siguiente:

INICIO:
    SI ((NO están_las_luces_encendidas()) Y (NO entra_luz_por_la_ventana())) ENTONCES:
        enciende_las_luces_de_la_habitación();
    SINO SI (están_las_luces_encendidas() Y entra_luz_por_la_ventana()) ENTONCES
        apaga_las_luces_de_la_habitación();
    FIN_SI
FIN

Listo. Bien, ¿esto funciona o no funciona? Repetimos el proceso de pruebas unitarias y, antes que pasarle el programa al de testeo, decidimos testearlo bien. Probando hay algo que nos mosquea y es que las luces están encendidas incluso cuando alguien no está dentro de la habitación. Pero hay situaciones en las que alguien puede querer que estén encendidas esas luces (por ejemplo, por medida de seguridad, para que alguien exterior no sepa si estás o no en casa). ¿Qué hacemos? No nos queda otra que preguntar a nuestro jefe nuestra duda. Cuando se lo preguntamos a él también le entra la duda y llama al cliente. El cliente le contesta que quiere que las luces se apaguen cuando no haya nadie en la habitación y que, por favor, estaría bien que no se queden encendidas cuando alguien se quede dormido dentro de la habitación. Así que modificamos el algoritmo:

INICIO:
    SI (hay_alguien_en_la_habitación_que_no_está_durmiendo()
        Y (NO están_las_luces_encendidas())
        Y (NO entra_luz_por_la_ventana())) ENTONCES:
            enciende_las_luces_de_la_habitación();
    SINO SI (están_las_luces_encendidas() Y entra_luz_por_la_ventana()) ENTONCES
        apaga_las_luces_de_la_habitación();
    FIN_SI
FIN

Hecho. Lo probamos, lo entregamos a testeo, nos lo aceptan, se crea un ejecutable con ello y se manda al cliente. En la realidad no es así, porque lo más normal es que tu jefe nunca te responda hasta pasar día y medio y nadie pregunte nada al cliente, y tengas que enviar un email a tu jefe con la duda para en el futuro ponérselo por delante cuando se envié el ejecutable y te eche en cara ese “error”. Pero bueno, en algunos lados (muy pocos) se hacen las cosas bien.

Ahora sabes lo que es un algoritmo, sabes que no hay nada de magia aquí, sabes cómo puede fallar (debido al programador, al testeo, al jefe o al cliente) y puedes entender las consecuencias. Imagina que en vez de nuestro programa para las luces nos piden uno de controlar unas válvulas de una central nuclear. No sabemos nada de centrales nucleares y, si no nos dan un curso sobre ello (lo normal es no recibir formación del proyecto), tendremos que preguntar e investigar documentación. Normalmente las cosas no se hacen bien debido a que toda esa cadena que conté de que nadie sabe nada, ¿y de quién es la culpa si te equivocas, el testeador (si existe, hay muchos sitios importantes donde no hay testeo) no pilla tus errores y el error llega al cliente causando victimas inocentes? En este caso debería ser de la empresa, y tiene su gracia que siempre puede escudarse en “error informático”.

Imagina que sí has recibido formación de la empresa, una formación muy muy buena sobre centrales nucleares, pero una sola vez te equivocas igualmente y el error causa esas victimas, ¿de quién es la culpa? Pues ése es otro problema similar, teniendo en cuenta que el programador suele ser el penúltimo mono, y el testeador el último mono, ¿no debería su supervisor supervisar el trabajo y el supervisor de encima de él también, y el de más arriba también y etc? Pero eso no pasa, la mayoría de los jefes no supervisa ni el comportamiento, ni atiende a las sugerencias de un programador, ni menos aún va a entretenerse en mirar el algoritmo línea por línea. Es entonces cuando nace una vez más la excusa de “debido a un problema informático”, como si la máquina hubiese cometido el error ella solita cuando no es así. El error lo cometió el programador, el testeador no encontró el error y nadie supervisó el trabajo de ambos.

Imagina que es un programa que dice si un empleado de El Corte Inglés conserva o no su puesto a final de mes. Y tu jefe decide que esto irá por la media de las puntuaciones de los clientes de emoticonos de caras (como una máquina no puede saber los sentimientos de nadie, el cliente tendrá que ponerles una cifra), el tiempo que está atendiendo y el número de clientes que despacha por hora. En este caso sí usamos matemáticas y esto de usar las matemáticas plantea un gran problema ético, ¿y si la media de puntuaciones es más baja que la moda (esto es, hubo un par de clientes que le pusieron un cero porque les dio la gana, por tanto la media es más baja que la puntuación habitual)? Que evidentemente el empleado de ECI habrá sido echado de su puesto de forma injusta. ¿Y si en ese mes se han atendido a clientes muy bien pero muy exigentes con la puntuación? ¿De quién es la culpa? Como nadie es capaz de echar la culpa al que tuvo la brillante idea de aplanar con matemáticas algo tan complejo, y tan poco matemático, como las relaciones clientes-empleados (esto es, nadie tiene narices de decir que la culpa es de los directivos de El Corte Inglés), se dice que “la culpa es del algoritmo”.

La culpa del cambio del algoritmo de Facebook o del de Google, no es que las máquinas se hayan revolucionado, es que Facebook o Google han decidido cambiar el algoritmo, y la estrategia en redes sociales que ha seguido la empresa para la que trabajas debe ser modificada si quiere sobrevivir. Otra cosa es que a la empresa no le interese invertir en ello y aproveche para recortar o, incluso, pegar el cerrojazo y sus dueños buscarse otra empresa nueva que crear. Que también podrían los emprendedores organizarse y enviar quejas a Facebook o denunciar a Facebook ante el gobierno porque es injusto que otra empresa tenga el poder de hundirles cuando quiera, pero dado cómo suele ser las personas que lleva adelante una empresa (“lo quiero todo por delante y ahora”) esto lo veo harto improbable

Es que es muy fuerte, en los tiempos en los que unas empresas ponen sus leyes (Facebook, Twitter, Google,…) otras las acatan casi en silencio aunque eso suponga su ruina, sin embargo si un gobierno dice de hacer una pequeña subida de mierda en el salario mínimo interprofesional, algo que realmente les afecta muchísimo menos, parece como que ha llegado el apocalipsis.

En el mismo mes en el que escribo esto la empresa Hired nos cuenta en un informe que el trabajo en informática más demandado en 2018 fue un ingeniero informático especializado en blockchain (un crecimiento del 517%), un trabajo de señor con corbata trajeado del que “tú no tienes ni idea, hombre”. Mientras tanto un campo en el que más mujeres trabajan como es la programación Front End (eso cuando no las ningunean y les meten a hacer sólo pruebas unitarias o sólo a maquetar webs porque hay jefes que sueltan sin pensar “¿pero esa qué va a saber?” sin ni siquiera haberles dado una oportunidad) hay una demanda del 4%, un trabajo que es el que todos vemos diariamente al pasar por las webs. En cierta forma soy optimista, creo que llegará a caer esta burbuja tecnológica turbooptimista repleta de gente que no tienen ni idea vendiéndose ante gente que tampoco tienen ni idea para que les den millones de dólares de inversión. Aunque sé que lo que hoy en día es “el algoritmo” dentro de unos años se le llamará de otra manera, porque así siempre funciona.

El Inglés

A ver. No veo mal que saber inglés, tampoco tener un buen nivel de inglés. Si lo sabías desde que eras infante o te gusta el idioma, adelante. No vengo a juzgar que un idioma es supuestamente divertido o no, para eso ya están partidos políticos como Ciudadanos, PP o Vox. No vengo a escribir sobre inglés sino sobre El Inglés.

El tema está en la obligación del requisito del inglés en casi todo que hace que cada vez más gente piense que el futuro es trabajar en inglés y esto retroalimenta la importancia de la obligación de dicho requisito. Y esto es un problema.

¿Cuál es el problema principal para un español en un trabajo en el que haya que hablar inglés? Los españoles que hablan inglés. Voy a hacer algo muy español: voy a lanzar un topicazo y luego diré porqué creo que sucede. No tengo problema con el acento de una persona procedente de un pueblo perdido de Escocia si al final va a hacer lo posible para que le entiendas aunque sea mediante gestos, es más, lo más seguro es que luego te mande un resumen por el chat del trabajo, en la propia descripción de la tarea o en un comentario de la misma. Es más, puede que esa persona incluso se preocupe de cómo te va con la tarea si nota que tienes complicaciones, y normalmente no te achacará nada de tu habla o que no le hayas entendido en algún momento. Pero el español jefe no. Para el español jefe siempre hablas mal inglés, no importa cómo lo hagas, ni si has vivido 10 años en Reino Unido; de hecho si eres nuevo en una empresa, para el jefe no tienes ni idea en general (sinceramente mi impresión es que a esta gente les daría igual aunque llevases 40 años de experiencia y fueses el creador de la tecnología que están usando) y sólo te queda agachar la cabeza y aguantar que vaya “enseñándote cómo se hace el oficio”.

¿Por qué pasa esto? Mi teoría (yo la suelto pero puede ser inválida igualmente) es que la cultura de trabajo en general, estemos en el país que estemos, es mala, pero en nuestro país además me parece que está muy basada en la cultura de la construcción. Esto es, estemos en la empresa en la que estemos, siempre tendremos que soportar a un capataz, un tipo que piensa que si no has sudado, no te quedas una hora más y dejas el trabajo a medias para terminarlo mañana, ya tienes una patita en la calle. Si a este capataz encima le das el poder de criticar tu acento porque no es british, ya te puedes imaginar. Ahí tiene más que nunca el poder de aislarte y de no dejarte hablar en una reunión.

Lo normal es que, tras meses soportándole, ya vea de qué eres capaz, lo entiende, lo asimila y te suelta “hay que ver todo lo que has aprendido en tan poco tiempo” con una palmadita en la espalda. La verdad que no puedes dar tanto poder a alguien, porque si no llego a ser un hombre blanco y heterosexual con una carrera universitaria y una experiencia laboral a mis espaldas, pues seguramente no tuviera tanta suerte en lo laboral y ni siquiera podría tener la oportunidad de demostrar a estos tipos de qué soy capaz. Seguramente si no fuera por eso y sólo tuviera mi mierda de acento en inglés, no podría llegar a ningún sitio.

Pienso que notar este tema y hablar de ello es importante. ¿Por qué notar la obligación a la gente a hablar en inglés en una profesión en la que todo aquel que la ha aprendido y se ha buscado la vida para programar cosas ha tenido que leer muchas cosas en inglés? Cada vez leo más que es muy importante el inglés para la informática, cada año que pasa se hace más notar esa afirmación al mismo tiempo que veo cómo las empresas ponen más pruebas en inglés a pesar de que en sus empresas todos sus trabajadores hablen y escriban en castellano. El inglés es un filtro cada vez más obligatorio en las empresas de cualquier sector (no sólo informática) y no es más importante más allá de eso, pero se está haciendo el camino para que la barrera del filtro se ponga cada vez más alta.

La mayor parte del inglés que sé es gracias a leer y escuchar letras de canciones, más tarde cuando tuve internet leía entrevistas en inglés a mis bandas favoritas. Hice hace muchos años el topicazo de los cursos de inglés con profesores nativos (que ojalá dejaran de aparentar ser divertidos sin serlo y de preguntarte de tu vida detalles cada día más rebuscados), pero nada me hizo que me interesara un idioma como la música que escuchaba. De hecho diría que la gran mayoría del vocabulario inglés que tengo es gracias a las canciones. Si hubiera pensado en estudiar inglés sólo por mi salida laboral lo hubiera acabado dejando, porque, sinceramente, para estudiar cosas que no me gustan ya tengo bastante con todo lo que hay en mi campo laboral que no es poco.

“Llorar solo en un McDonald’s” o de cómo las ideas de un solo señor dominan Internet

«Hay una generación de ingenieros jóvenes en el mundo tecnológico que sienten asco y vergüenza y quieren cambiarlo.»
Jaron Lanier en una entrevista en El País.

 

Contras, “Llorar solo en un McDonald’s” es un tema bueno del que escribir y del que algún día (cuando lea más libros y artículos y esté mejor preparado para ello) me molaría escribir. Si en las manos de casi cualquier persona que sepa escribir algo es oro, no dudo de que en las de alguien que escriba muy bien te montaría un ensayo del siglo. De hecho existe un ensayo que vendría de perlas para este tema y que cualquiera debería de revisar antes de escribir sobre él: La McDonaldización de la sociedad (1995) de George Ritzer. Hay mucho material del que tirar, y me motivaba el hecho de poder leer un texto así, pero en Playground están hechos de otra pasta y lo único que se le ocurren es abrir Twitter, buscar “Llorando McDonald’s” y copiar y pegar tuits como si no hubiese un mañana. Porque parece que el periodismo actual que da dinero consiste en eso: plagiar vilmente a las redes sociales y poner un titular que nos atraiga como moscas. Si esto es así, me da una cierta pena. Pena porque el proceso debería ser el inverso: agarrar uno de esos tuits que ha visto y hacer un artículo en condiciones ampliando bestialmente información sobre el tema (hoy día alguien que realmente quiera hablar de ello, agarrará un tuit interesante que ha visto y montará un hilo ampliando bestialmente información relacionada sobre el tema, y toda esa información interesante se perderá en unas semanas).

La gran pregunta es qué clase de mundo hemos creado los de mi profesión. Cierto es que no somos causantes directos pero quien ha hecho evolucionar Internet en lo que conocemos es siempre la misma persona, y los ideales de La Web 2.0 que hemos adoptado, como el de libertad extrema de expresión o todo lo que puedes hacer en nuestra plataforma es gratis (no te tienes que hacer premium ni nada, ya ganamos dinero por otras vías), son de la misma persona. Os cuento un poco la historia de este hombre.

Llegó un tiempo que Google ya no tenía ideas. Sólo tenía un buscador, la plataforma Gmail y unos pocos servicios inútiles. Luego estaba el ser unos parásitos de Yahoo hasta que lo destruyeron desde dentro. Pero si llega a ser por empresas como Google, Apple o Microsoft aún estaríamos en la era del MSN, puede que hasta Youtube no hubiese existido porque también necesitaba de las ideas base de ese señor. Cierto es que las ideas de Google de “te lo damos gratis pero te comes esta publicidad” había cuajado, pero La web necesitaba un algo para crecer y hacerse 2.0 y eso fue la introducción del apartado de comentarios. El mero hecho de saber que había pasado por ahí otra persona y había generado un contenido en forma de comentario, transformó Internet en otra cosa diferente de un montón de físicos e informáticos frikis escribiendo en listas de correo. Se crearon los chats y los foros, y así siguió La Web 2.0 transformando Internet en ese algo que ya estaba ahí.

Sin embargo todo pudo quedarse ahí de no ser por Evan Williams. Williams fue el señor que comenzó la era actual de Internet. Williams estuvo detrás de la era de los blogs que fue la que, posteriormente, derivó en la de los videoblogs con YouTube. Williams estuvo detrás de los podcast, aunque no logró hacerlos rentables. Y Williams estuvo detrás de la creación de Twitter. Fue el primer programador en pensar en la marciana idea de que cualquier idea de cualquier persona, fuera lo loca o dañina que fuera, debía tener espacio en su plataforma, ya sea Blogger (la primera plataforma de blogs de éxito gratuita y abierta al público), Odeo (de las primeras plataformas de podcasts/audioblog), Twitter (la primera plataforma de microblogging), o Medium. Adiós a las reglas y los baneos. La otra idea principal de Williams es que sus plataformas debían de ser gratuitas para los usuarios, ya se buscaría la rentabilidad (¿cuánto tardó Twitter en meter publicidad en su plataforma? Más o menos cuando echaron de Twitter a este creador).

Cosas buenas de Evan Williams: al contrario que Steve Jobs o Jack Dorsey (uno de sus amigos que le echó de Twitter y ocupó su sitio y no para de decir que él es el creador de Twitter) siempre ha dicho que él no ha creado nada, que todo lo han hecho él y sus trabajadores. Tal vez sea consecuencia de haber crecido con su familia en una granja y trabajado en ella los veranos. Otra cosa buena es que cuando Donald Trump dijo que su elección fue gracias a Twitter dijo que lo sentía (“It’s a very bad thing, Twitter’s role in that. If it’s true that he wouldn’t be president if it weren’t for Twitter, then yeah, I’m sorry.”). Además de hoy día arrepentirse de su antiguo ideal de la libertad expresión a toda costa (“I thought once everybody could speak freely and exchange information and ideas, the world is automatically going to be a better place, I was wrong about that”). Sí el creador de lo que es el Internet de hoy día, el que hizo que sus ideales fueran el corazón de sus productos y herramientas, dice que Internet está roto, que lleva pensando desde hace unos años que está roto, que las cosas están yendo a peor y que es obvio que para un montón de personas que Internet está roto, al mismo tiempo que se arrepiente de su principal ideal, pues está claro que Internet debe de cambiar hacia algo más humano. Y no parece que sea así, porque cada nueva herramienta que sale se premia más al usuario verificado (usuarios que nunca pueden ser cerradas su cuenta, ni por spam, ni por contenido violento, ni por nada) o al anunciante. Además está que cada herramienta nueva que aparece, y cada herramienta actual que actualiza y evoluciona hacia un algo nuevo, es cada vez más cerrada y local (además de que cada vez sabemos menos de qué hay por detrás de cada herramienta, cada vez se nos guía más a encerrarnos en nuestro país y no ver contenido fuera de él).

Dicho esto, podéis empezar a ver la gracia del tema. La anomalía de Internet no son los blogs, ni YouTube, ni los podcast, ni el microblogging,… son la evolución natural de Internet guiada por uno de sus principales padres (y tan desconocido para el público general como tantos otros). La verdadera anomalía en la evolución de internet, la verdadera revolución, es Facebook. Y el futuro de Internet, nos guste o no, será guiado por Zuckerberg. Sí, dejamos a un tipo como Evan Williams, porque llegó Mark Zuckerberg y decidió que lo importante no eran los usuarios sino los datos de los usuarios para venderlos a empresa. Hasta que no llegó Zuckerberg, Google era una empresa que conseguía datos de usuarios con menor intensidad pero cuyo ideal no era el de todo Internet. Zuckerberg no llegó con ideales, ni quería mejorar el mundo, ni propagar ideas, ni salvar a nadie, Zuckerberg llegó con Facebook diciendo en el 2004: “Así que si necesitas información sobre cualquier persona de Harvard sólo pregunta. Tengo sobre 4.000 emails, fotos, direcciones y SNS. La gente me lo dió. No sé por qué. Ellos “confían en mí”. Jodidos tontos.”. Y éste es el ideal que se ha propagado a todos sus productos: Facebook, Instagram y WhatsApp (y pronto quién sabe si Oculus también). Todos centrados en la experiencia del anunciante y en que el usuario se deje sus datos por ahí.

¿A quién se le ocurrió quitarle el testigo de Internet a un hijo de granjeros que no terminó sus estudios y dejárselo a un pijo de Harvard? Bueno, ésa es una pregunta que deberíamos hacernos más a menudo cada vez que decidimos usar una herramienta sin conocer quién está detrás de ella. La gran mayoría de veces incluso es mejor y más rápido investigar un poco sobre quién ha hecho un producto que vamos a usar, que leerse todos esos tediosos párrafos legales de propiedad intelectual en inglés que nos dicen que debemos leer antes de aceptarlos. Pero, por otro lado, tampoco estamos aquí para culparnos. Tengo un amigo que dejó Facebook y toda red social, sólo usa WhatsApp y me contó hace tiempo que desde que las dejó la gente queda menos con él. Un efecto que tienen las redes sociales es que tus amigos se acuerdan de ti. Y como somos seres que vivimos en sociedad, aislarnos es un error. Mi amigo al final vio que, si no tenía redes sociales, ahora no tenía más remedio que, si quería que se acordaran de él, participar más en los grupos de WhatsApp que antes sólo se limitaba a ojear. Es decir, hoy día sea como sea tenemos que participar en Internet, el futuro está en el ¿de qué manera compartiremos información en la próxima década? y la llave del futuro la tiene Zuckerberg. Sea como sea no me cabe duda que en el futuro la generación de programadores jóvenes a la que pertenezco acabaremos más asqueados y con más vergüenza de tanto haber servido al mal.

Así que cuando Playground roba todo ese contenido de Twitter sólo para crear el artículo “Por qué tanta gente llora sola en un McDonald’s” de la forma más cutre y horrible que se pueda imaginar, sólo está siguiendo el presente-futuro creado por Zuckerberg y sus ideas: en vez de currarme el artículo de la hostia que podría salir con un tema tan bueno, tengo montones de tuits que puedo agregar a mi artículo para que casi me lo hagan ellos solos, jodidos tontos que dejan sus frases sueltas por ahí a lo gratis. Total, da clics y eso se traduce en dinero fácil y el trato que da Playground a sus trabajadores es de lo peor: ni bajas remuneradas, ni indemnizaciones, ni beneficios, despido libre y falsos autónomos. Que sí, que Playground es todo muy progre y combativo pero cuando le sacan que tienen falsos autónomos se lo toman con swag. Espero no volver a abrir esa web en los próximos 10 años.

Las actividades extralaborales

Hay un tema del que no se suele ver información crítica y está tan en boca: las actividades extraescolares de las empresas (a partir de ahora me referiré a ellas como actividad extra-laboral). Ya que es una información que creo necesaria y que además es parte de la crítica que siempre hago a las empresas y su todo vale con el coaching y el pensamiento positivo. ¿Cómo? Dentro vídeo de un anuncio de estas actividades (os pondría este más aberrante sobre escape rooms para empresas pero dura 9 minutos):

Por supuesto que ponen AC/DC en el anuncio porque saben que tus jefes tienen cerca de los 50’s.

 

Es cierto que depende de las condiciones y de la actividad, pero en general suele pasar que las actividades extralaborales son una trampa del copón. Para empezar en el mejor caso ocupará un día entero, es decir tanto tus horas laborables como las horas de tu tiempo libre, en el caso peor ocupará sólo tu tiempo libre (el clásico “cuando salgamos vamos a tal sitio” o “he estado pensando que este sábado…”). Luego está el tema de que normalmente ni tú ni el resto de trabajadores elije la actividad, sino los grandes jefazos. Porque en las empresas que te tratan como un niño de 7 años, en las que la actividad la elige el o los jefazos o el coach de turno, no puedes decir que no te gusta esa actividad, no puedes participar en elegirla, no puedes elegir quedarte trabajando, y, además, a veces no te dicen cuál es hasta última hora porque es una sorpresa.

Las escape room son la actividad extralaboral más normal de este tipo, no requiere un tipo de vestimenta y lo pasas más o menos bien. La primera vez que vas a una actividad de extralaboral piensas que bueno, que vale, que está bien, y más si es algo tipo escape room. Bien, eso piensas la primera vez, pero ¿y la segunda? Digamos que la segunda es una mañana de paintball, tienes que llevar un chándal (encima de él te ponen una máscara, protecciones y un mono) y deportivas, estar en una buena forma física para correr por las pruebas y tener un cierto cuidado. Ya ahí empiezas a pensar que cuidado, es curioso que a los jefazos siempre les vaya medianamente bien, y que además hay relaciones extrañas que se fortalecen, pues curiosamente los que mejor se les da las actividades físicas o hacer el payaso para entretener a los jefazos en estas actividades, suelen recibir algún tipo de buena atención luego en el trabajo. Sí, el trabajo se convierte en una vuelta al colegio/instituto, con todo lo malo que eso supone, y su absurda separación entre la gente guay ganadora y los perdedores. Y sí, si eras un perdedor en el colegio/instituto, pues amigo/a, vuelta al redil.

Las actividades extralaborales se resumen en lograr entretener a los jefazos, no en divertirse, ni en distraerse, ni en fortalecer relaciones entre empleados. Ahí eres un niño de 7 años que se tiene que encargar de entretener a unos cuantos de 4 años con el cartel de “bebé jefazo” en la frente.

¿Cómo esquivar las actividades extralaborales? Salvo que os hayan avisado en la misma semana y esté todo reservado, no os recomiendo escoger ese día de vacaciones, si lo haces, cambiarán de día la actividad para que tú también vayas por narices. No se pueden esquivar, pero, si finalizando la actividad se sale del horario laboral, puedes poner la escusa de que te tienes que ir antes y, salvo raros casos, podrás irte.

Si por narices deben seguir existiendo en las empresas, la solución a esto sería lograr que las actividades no la elijan los jefazos y que además sean voluntarias (con opción a quedarse trabajando o a quedarse en casa), por mucho que las paguen los jefazos, involucran a todo el equipo y ya de por sí es duro estar con gente que son cada cual de su padre y de su madre, para que encima te digan que te toca ir un buen rato a hacer del amigo del jefe. Y por favor ayudad a elegir actividades que sean cómodas para todos/as. Lo suyo son cosas que todos puedan ir, estar cómodos y pasarlo bien, a ser posible sin competir y que sea más del tipo de colaborar. Lo ideal es que no consuman el tiempo libre de nadie y que tampoco se aísle a quién no vaya ni a quién haga mal las actividades (¿pasan estas cosas? desgraciadamente sí). Es decir, hay que tener muy en cuenta la diversidad y la diferencia en estas cosas y ser muy responsable, cosa que yo, por lo menos, no he visto en empresa alguna (yo todavía no he estado en alguna empresa en la que se respete, pues imagina conceptos elevadísimos como responsabilidad, diversidad o diferencia). Conclusión: lo ideal es que estas actividades no existan en las empresas.