Carne y sangre

“No eres más santo porque te alaben, ni más vil porque te desprecien. Lo que eres, eso eres; y por más que te estimen los hombres, no puedes ser, ante Dios, más grande de lo que eres. ”- Tomás de Kempis

Lo vio. Sintió ese frió en la nuca y el aire helado, con sus pies mojados en el río, allí de pie contemplaba la escena. Quiso gritar pero no podía, su garganta estaba paralizada y no podía emitir sonido alguno, era una sensación parecida a cuando no puedes estornudar pero con los vellos de punta, la mente en blanco y la carne helada.

Aquel ser estaba devorando lo poco que quedaba. Se hacía tarde, debía de volver a casa, debía de huir de allí. Sabía que estaba mal quedarse y que si no se largaba sufriría las consecuencias. Pero necesitaba algún instinto, algo que rompiese con esa parálisis, algo que… De repente un pájaro sobrevoló por encima de su hombro, aquella acción provocó un despertar en su oreja que se extendió por todo su cuerpo, incluida su garganta, lo que hizo que gritase sin quererlo mientras corría lejos de allí, pues sus piernas también se despertaron unos milisegundos más tarde que la garganta. Oyó un “Corre Forrest, corre.”, pero eso no le importaba, lo que le importaba era que le habían visto por culpa de su indiscreción. Había sido testigo y nunca lo dijo. En ese momento quiso arrancarse los ojos como castigo por ver lo que no debía de ver.

“El lago helado”, así se llamó su primer Best Seller. La critica hablaba muy bien de él, las mujeres hablaban también muy bien de él, sus padres hablaban bien de él,… Incluso dos directores de cine se fijaron en su obra para hacer una película. Había un algo que a todo el mundo le atraía de aquella novela, era como si fuera real, como si no cuajase en el genero de ciencia ficción, un despertar en el mismo sitio donde estabas leyendo y no un viaje a otro mundo era la sensación de muchos críticos cuando leían “El lago helado”.

-Manuel, ¿Estás ahí? – le preguntaron desde el auricular del móvil. Era una dulce voz femenina y muy conocida, se trataba de Laura Hanson uno de los personajes y directores de la película de su Best Seller. Era preciosa, Manuel recordaba aquellos ojos brillantes y su cara tan expresiva, tan propia de una actriz. Mientras le llamaba se la imaginaba con uno de esos trajes de estrella, con los que solía desfilar por la alfombra roja.
-Si, soy yo. Estoy en el aeropuerto, en unos minutos estaré en el río con vosotros.
-Ah, bien. ¿Estás nervioso?
-No, ¿Por qué voy a estarlo? Sólo voy a veros actuar para observar que tal va esa película.
-Así que estás nervioso. Admítelo, se te nota mucho en la voz.
-Ya te he dicho…
-Y yo te digo que lo estás, así que tranquilizate, tomate una tila en algún bar y cuando estés tranquilo vente. Te aseguro que todo va bien, estaremos aquí toda la mañana y parte de la tarde, así que puedes tomarte tu tiempo.
-Vale, vale.

Manuel sentía ya la irritación que le provocaba hablar con alguien tan cabezota, pero lo cierto es que ella llevaba razón, él estaba tan nervioso… ¿Cómo lo habían averiguado? ¿Por qué otra vez allí? No, no lo habían averiguado, todo era casualidad, la casualidad de que Laura se había fijado en ese río porque era él más parecido al de su novela. Manuel se lo pensó durante medio segundo y reflexionó que tal vez debía de hacerle una visita a sus padres, para que luego empiecen a hablar por enésima vez de cuando él era chico y de como en aquel verano los vecinos lo vieron corriendo desnudo por las calles. Les encantaban contar esa historia, el como él perdió el bañador en la piscina municipal y volvió corriendo a casa y llorando por las burlas de los otros chicos de su edad, sus padres lo contaban más que nada por las sorpresas y el cotilleo de los vecinos: la chillona que pensó en llamar a la policía por escándalo publico, la merdellona que pensó que lo habían violado, la religiosa compulsiva que estuvo rezando durante un mes para que no rozase las llamas del infierno,… Luego hablaban de cosas que él hizo en esa época, cuando Manuel llevaba sólo siete años en el mundo.

-Ahora se te nota más tranquilo. Así que cambio de planes, ven aquí inmediatamente.
-¿Seguro?
-Mmm… Ese seguro no me ha convencido, vete a tomarte una tila.
-¿Me puedes decir que tengo que hacer ya?
-¡Así! ¡Ese tono de tranquilidad quería oír yo! ¡Vente ya y cuelga el teléfono!
-Vale. Hasta luego.
-Ese hasta luego…
-¿Qué pasa?
-Nada, nada. Eso último me ha sonado más convincente que el hasta luego. Ven hacia aquí inmediatamente.
-De acuerdo.
-Adiós.
-Adiós.

¿Cómo podía ser tan irritable? – Se preguntó inmediatamente al colgar el teléfono. Pero el hecho de que fuera ella quien había sido la que escogió su novela para hacer aquella película, la que se leyó aquel relato imposible, mirando su mente, observando la desnudez interior del autor. Aquella novela era real para todos, pero nunca sabrían porqué lo era. Había visto fragmentos de cómo iba el rodaje por vídeos que le pasaban por correo, pero Laura estaba convencida de que Manuel debía de asistir a la escena del lago, era crucial que el autor del libro y los directores unieran sus puntos de vista en ese momento, porque era esencial para darle la misma sensación de realidad a la película que la que poseía el relato. El niño que se ahogaba paralizado no era lo mismo que el niño que se paralizaba ahogándose, ¿Estaban viendo exactamente lo que él estaba expresando? Varias entrevistas demostraron que la gran mayoría de gente veía exactamente lo que él estaba describiendo. ¿Pero cómo representar esa sensación de sudor frío? ¿Efectos especiales? Era necesario que las imágenes transmitieran lo que exactamente estaba sucediendo en la mente. Aún le parecía mentira que nadie más hubiera visto una escena parecida fuera de su imaginación.

Llegó en un coche alquilado y pagado por la productora de la película al lugar de la actuación. Aún recordaba el camino al río, los encuentros secretos y las pasiones de adolescentes y los niños que jugaban en él. Aunque luego jugaban más en la piscina desde que la construyeron, pero no era lo mismo, de hecho la gran mayoría de los niños seguían yendo al río a jugar, a excepción de los que tenían padres que no les dejaban. Pero nadie se acuerda ya… Nadie recuerda el porqué del sonido, ni de la velocidad, ni del tiempo,… Nadie sabe qué ocurrió en el río para que Manuel no volviese a ir, todos creen que fueron sus padres los que le obligaron.

Manuel pensaba que se estaban gastando mucho dinero con la tontería de que él fuese a ver que tal iba la película, pero por otra parte era normal que eso ocurriese porque Laura era muy conocida por su trabajo y si ella quería que algo fuese de una forma, sería de esa forma, y eso sumado a su carácter tan espontaneo y caprichoso que hacía tan irritante el trato con ella. Pero se le quería y se le tenía un gran aprecio por su habilidad para retratar los momentos escritos en el guión.

Aún recordaba que debía de ir por la salida de una autovía para llegar pronto, una salida improvisada y antigua, pero en vez de dicha salida vio una asfaltada. ¿La habrían asfaltado y arreglado para cuando estuvieran los productores, directores y demás gentes? Tomó dicha salida y le llevó al río… Ese lugar que no volvió a pisar desde que tenía once años. ¿Pero cómo explicar la verdad? Era tan irreal y tan real al mismo tiempo.

Aparcó junto con los otros coches que estaban allí (el lugar era un aparcamiento improvisado, con varios arboles de por medio, por eso no se le podía llamar aparcamiento), y rápidamente pudo localizar el lugar del rodaje, y… Era exactamente el mismo lugar que…

“El chico estaba dormido en la arena cuando una mosca le despertó. Miró al cielo, a ese azul con un gran grano brillante, pero no tan grande como el que tenía en su mejilla, por culpa del picor no pudo evitar tocarse el grano hasta sentir la pus saliendo de él. Se lo arrancó y lo tiró al suelo.”

Laura se acercó silenciosamente y le habló en voz baja y a la oreja:
-Hola Manuel, lo primero es que no hagas ruido. Quiero que esta escena sea grabada de principio a fin, sin interrupción de corten ni nada.
-¿Y eso?
-Manuel ya te lo dije, por favor ten un poquito más de memoria. Si quieres te lo repito: para mí es la escena más importante ya que es el inicio de algo grande que sucederá después y quiero plasmarla toda junta, si hay un fallo habrá que repetirse todo y no sólo la parte en la que se produjo un fallo. Es más no quiero fallos.

Manuel recordaba cada letra que escribió y la reflejaba en el lugar: la sombrilla abierta, el chico dormido en la arena intentando arrancarse el grano con los dedos indice y pulgar, la mosca sobre el bocadillo, el día soleado sin ninguna nube, el sonido del río,… Todo estaba en su sitio, tal y como cuando él tenía nueve años. No había voces en off en la película, todo se veía perfectamente en imágenes, pero Manuel no podía evitar oír en su cabeza algunos tramos de su libro.

“Sus piernas… sus débiles piernas están ocupadas y no puede despertarlas. Pero un sonido atraviesa su cabeza. Parece como un grito, pero también podría haber sido la imaginación, pareció venir del otro lado, pero podría haber sido la imaginación… Nadie se acercaba, nadie acudía, estaba él solo, y no oyó ni un solo sonido más.

Despertar a sus piernas era su primera misión así que debía de levantarse o arrastrarse al río, para ver si el agua fría surgía efecto y se pasaba el hormigueo que sentía en sus piernas. Primero un pie y luego el otro pie… Intentó pero no podía, era como si la otra mitad de su cuerpo no respondiese las llamadas que su cerebro le hacía.

Y el grito oyó otra vez. Una vez es al parecer, dos veces pueden ser evidencia. Se arrastró por el suelo, la tierra y algunas hormigas se le metían por el ombligo, los dedos se agarraban en la tierra y las uñas se hundían con fuerza en ésta. Cada paso pareció inmenso, sin embargo después de un tiempo notó que sus piernas despertaron antes de llegar al río y pudo, poco a poco, incorporarse y luego ponerse de pie.”

-¿Crees que el actor lo transmite con naturalidad? – decía Laura. – ¿O ves el movimiento un poco artificial? Dicho de otra forma, ¿Crees que la gente entenderá que lo que le pasa es un hormigueo en las piernas o ves necesario algo más?
-Yo creo que por ahora va bien, lo transmite con naturalidad.
-Bueno por si acaso el chico no para de decir cosas como: “Joder, las piernas. ¿Por qué tenéis que dormiros ahora?”, pero lo que me refería es si ves bien que lo diga.
-Si, lo veo bien. La verdad es que en el libro no era tan…
-Ya sé lo que vas a decir. Pero es que tenemos que hacerlo así, ten en cuenta la conversión de un formato a otro, de la novela al medio sonoro y visual. En el libro supones que el lector es lo suficientemente inteligente para imaginarlo así y… Bueno dejemos de hablar por ahora, y sigamos viendo.

“Se levanta y corré hacía el río, siente que se va a caer, no debía de haber empezado a correr, primero se anda después se corre. Pero no se cae y llega al río con éxito. Sus pies están empapados, sus zapatos y los bajos de sus pantalones también, pero no puede evitar esa curiosidad, ese momento en que mire detrás de los arbustos. El río no era muy profundo, y él quería saber, podía haber llamado a la policía, pero si no era nada no tenía que hacerlo, así que primero ver, luego llamar. Primero ver, luego llamar, pero ¿y si luego no hay valor? No importa, luego si habría valor, siempre hay valor luego en casa y tranquilo junto a tus padres y en la protección de tu hogar.

Poco a poco, sin hacer mucho ruido, llegó a los arbustos. Miró y vio lo imposible.”

El chico aparta un poco los arbustos y la cámara se acerca al interior de los mismos. Laura y Manuel observan la escena en un monitor.

“Lo vio, lo miró, pecó,… Sucio, sucio, malo, el coco vendrá y te comerá, ¿Te acuerdas de aquel verbo?, tú mueres, él muere, ellos mueren,… Pero yo no muero. Sangre por todas partes y vísceras, pero ¿por qué tan pocos gritos? No les habrán dado tiempo a gritar más de lo que pudieron. Ellos eran rápidos, y seguro que han acabado con sus presas en el momento justo. Pero además se alimentaban de los cuerpos. Para algo los cazaban. Pero los devoraban chupeteando las tripas y los huesos, y haciendo leves ruidos al mascar.

Era la temporada de la caza de hermanos civilizados, pero ¿cómo explicar eso a la policía? Sus pinturas (elipses rojas en los ojos, equis marrones en las mejillas y una gruesa linea roja en la frente) los distinguían del resto de la civilización, pero si hasta ahora supieron ocultarse nadie los encontraría y sería difícil aportar pruebas. Eran cazadores como los de tiempos pasados estudiados en esas asignaturas de historia, pero tenían un buen método.

¿Habrán descubierto el fuego o sólo conocían las armas de piedra? Al parecer sólo usaban armas de piedra, pues era lo único que portaban y con lo que se ayudaban para devorar a sus presas.

Lo vio. Sintió ese frió en la nuca y el aire helado, con sus pies mojados en el río, allí de pie contemplaba la escena. Quiso gritar pero no podía, su garganta estaba paralizada y no podía emitir sonido alguno, era una sensación parecida a cuando no puedes estornudar pero con los vellos de punta, la mente en blanco y la carne helada.

Aquel ser estaba devorando lo poco que quedaba. Se hacía tarde, debía de volver a casa, debía de huir de allí. Sabía que estaba mal quedarse y que si no se largaba sufriría las consecuencias. Pero necesitaba algún instinto, algo que rompiese con esa parálisis, algo que… De repente un pájaro sobrevoló por encima de su hombro, aquella acción provocó un despertar en su oreja que se extendió por todo su cuerpo, incluida su garganta, lo que hizo que gritase sin quererlo mientras corría lejos de allí, pues sus piernas también se despertaron unos milisegundos más tarde que la garganta. Oyó un “Corre Forrest, corre.”, pero eso no le importaba, lo que le importaba era que le habían visto por culpa de su indiscreción. Había sido testigo y nunca lo dijo. En ese momento quiso arrancarse los ojos como castigo por ver lo que no debía de ver. Quería pensar… deseaba con ansias pensar en que en el mundo existía algo hermoso, pero no lo encontraba, no en ese momento.”

-¡Corten! Yo creo que está más que bien, ¿Qué te ha parecido Manuel?

Todo el equipo miraba, incluidos los falsos caníbales que salían de los arbustos para escuchar bien lo que diría. De él dependía que repitieran o no la escena, para ellos no había ni un sólo error, todo perfecto en la primera toma, como unos profesionales.

-Increíble, me ha encantado. Hay cosas que no son exactamente como me las imaginaba pero son detalles que no plasme en el relato así que eso es culpa mía o de no tener en cuenta la conversión de un formato a otro, aún así todo ha sido igual a lo que he escrito y coincide con la visión general que quería transmitir.

Todos festejaron su éxito a su manera, pero la que hizo que se callarán y que dejasen de darse las manos, abrazarse o pegar saltos fue Laura Hanson, que a través de un megáfono dijo:

-Dejaos de tantos saltos y gritos que todavía no hemos terminado la película. Toma siguiente. John te toca a ti dirigir a partir de esta escena, yo llevo ya toda la mañana así que no te quejes. Manuel voy a hablar contigo un rato, si no te importa.
-No, no me importa.

Le acarició un hombro indicándose que se diera media vuelta y caminaron por la orilla del río, alejándose de todo trabajador de la película. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, Laura comenzó la conversación (Manuel era algo callado y reservado):

-Aunque no lo creas, tu historia me ha hecho replantearme muchas cosas de mi vida. Hace unos años era una persona distinta, y mucho más egoísta, aunque nunca lo admitía. Nadie parece darse cuenta de mis cambios, lo cierto es que tal vez no quieran decirlo, otros no quieren admitir que he cambiado. Pero eso me da igual, lo que no me da igual es los personajes. Ahora mismo estamos tú y yo en esta orilla del lago, y desde que empecé a hacer esta película he intentado meterme en la piel de mi personaje. Ya sabes aquella mujer joven que cuidaba al niño y luego… Y luego se drogaba de medicamentos, lo dejaba solo y se iba con su novio heroinómano a liarse por ahí. Yo elegí a mi personaje, nadie habría querido ese papel por eso lo elegí, no porque me pudiera sentir identificada con ella o porque algunos aspectos de su vida se pareciesen a los de mi vida pasada. Me he fijado que hay mucha conducta egoísta en tu obra, es más hay quien dice que lo que hace tan real tu relato es que hay muchos trozos reales. Y eso es justamente lo que me pregunto constantemente, ¿Es esto real de alguna forma o es una gran fuerza imaginativa que simula perfectamente la realidad?

El lago se reflejaba sobre el brillo de aquellos ojos azules tan brillantes y eso hacía de Laura Hanson una persona tan bella, su sonrisa era tan amplia como la boca de un niño cuando observa fuegos artificiales, su tez pálida y su pelo tintado de negro, tan cuidada, tan delicada,… Era como encontrarse con tu espalda pegada a la pared y tener en tu ombligo la punta de una espada. Siempre tuvo esa habilidad de poder sacar todos los secretos que quiso de una persona, pero nunca Manuel la vio, definitivamente era imposible negarse mirando esos ojos, tan abiertos a cualquier respuesta, tan en busca de una verdad,…

-Lo cierto es que hay muchas partes reales en la obra. Por ejemplo el escenario que describo al principio existe, al igual que éste es el río en que me base para la obra, y la casa del protagonista es la casa de mis padres. A parte en mi niñez tuve a una canguro que me cuidaba que muchas veces se encontraba ausente – observaba esos ojos azules pero de repente se dio cuenta que brillaban más que antes y eso le puso nervioso, su voz se encogía entre el ruido del río pasando pacíficamente por las rocas. -, pero ella no fue así… yo… yo exageré los hechos… ya se sabe, lo que se suele hacer al escribir, te basas en cosas que has visto pero las cambias a cosas irreales porque no quieres que… que la historia se convierta en una biografía. Ya se sabe… Lo típico…
-Si, la verdad es que me lo figuraba, eso es lo que suele suceder con la mayoría de obras, se suelen basar en un hecho real o en alguna costumbre o en algún paisaje para construir el suyo. No te pongas nervioso, dios, te has puesto colorado. Ja, ja, ja,…
-Perdona.
-¿Quieres que tomemos algo? He visto una cafetería, cerca del pueblo donde viviste, muy bonita. Tranquilo está bastante a las afueras del pueblo, dudo que haya alguien que conozcas.
-Si bueno, la verdad es que desde que me mudé mucha gente del pueblo se fueron a vivir a la ciudad. La vida aquí es bastante incomoda para los jóvenes, sólo hay una tienda que abastece de víveres a todos y tampoco están los grandes almacenes, ni hay cine,…
-¡Qué no hay cine! ¡Así que lo más probable es que toda esa gente no vea la película!
-Si, al igual que seguramente, excepto mis padres, nadie del pueblo haya llegado a tener mi libro entre sus manos.
-Normal que no quede gente joven y los pocos que quedan se dediquen a pequeños negocios.
-El pueblo está prácticamente muerto, hay un porcentaje muy bajo de juventud.
-Entonces, ¿Te vienes?
-Si, por supuesto. ¿Yo conduzco?
-Ni de coña, vamos en mi coche, conduzco yo, e invito yo.
-Viva la igualdad de sexo.
-Eh, con esas cosas no se bromea. Pero por esta vez lo dejaré pasar.

“En algunos momentos, sólo quería sentirte, abrazarte, besarte, decirte aquella famosa mentira de que eres mía y de nadie más, danzar contigo entre estrellas, decir que ni la luna es más hermosa, ser consciente que no es otro sucio sueño, que estás ahí entre mis brazos, que todo es tal y como… tal y como soñé hace algún tiempo. Oh, Laura ¿por qué tu belleza me lleva a sentir todo este cauce de emociones sin dirección? Este caos… No entiendo como a esto se le podría llamar… No creo que esto pueda ser… No sin la otra mitad… No lo sé, lo ignoro, me olvido, lo escribo en una hoja, arrugo el papel centenares de veces, lo rompo en varios trozos y los lanzo a una papelera. A una papelera… Ahí es donde fueron mis sueños pasados y aquel, tal vez, fuera el mundo en que quisiera estar. Una papelera es mi rincón de los deseos, que paradoja.”

Tras cinco minutos en autovía de extraño silencio…

-Estás un poco serio, ¿Te pasa algo?
-No, nada. No sé qué decir, no sé de qué hablar.
-Así que… ¿Te sientes intimidado?
-No es exactamente eso…
-Uy, uy, uy. Creo que he dado en el clavo. Señoras y señores, la marea roja ha atacado el rostro de Manuel. Ja, ja, ja,…

Manuel esbozó una leve sonrisa.

-No es exactamente eso, es sólo que no tengo por costumbre hablar cuando alguien está al volante.
-Si, claro. Medico tengo un paciente suyo que sufre de rojetes en las mejillas. Ja, ja, ja,…
-… ¿Te gusta hablar mucho cuando estás al volante?
-No es exactamente eso, – decía imitando la voz de Manuel pero en tono de burla – es sólo que tengo por costumbre hablar cuando estoy al volante.

En realidad ella era de lo más bromista. Manuel recordó varias imágenes de ella en televisión, en la realidad ella no era así, era más bella y no era para nada seria, sino todo lo contrarío. En la televisión era totalmente inalcanzable, y en la realidad la tenía ahora al lado suya. ¿Sueño o realidad?

Despertó, se encontraba en el río, era de noche. Un grave dolor de cabeza. Se incorporó, su torso estaba sangrando, su vista volvía a la normalidad tras aquellos instantes de visión borrosa y pudo ver que su barriga estaba abierta. No podía gritar, el miedo lo paralizaba.

Abrió los ojos, todo era un sueño. Se encontraba ahora en la cama de su habitación del hotel. El resto del día había sido poco intenso, había estado conversando de asuntos intrascendentes con Laura en la cafetería a la que ella le invitó. Y tras contarle varios sucesos reales del libro (excepto el del lago, ése se lo reservó) ella le había cedido en palabras un trozo de su vida y le besó los labios antes de despedirse, antes de ella volver al rodaje y él irse en coche hacía el hotel.

Oyó unas llaves, la habitación de Laura era la contigua a la suya. Seguramente había llegado del rodaje de las escenas de noche de la obra. Al rato se oyó hablando una voz masculina, su voz era un poco fuerte, pero no se entendió que decía. Al rato notó que ponían la televisión muy alta, más alta de lo normal. Se trataba de uno de esos programas de concursos nocturnos, pero lo curioso es que de fondo se oía a ella… a Laura Hanson gimiendo. Gimiendo en los brazos de otro hombre.

El dolor del engaño se manifiesta en las personas de distintas formas, en algunos casos les bastan con llorar, en otros tan sólo piensan que la persona que les ha engañado es una idiota, una zorra y alguien que en definitiva no te merece, otros se contentan con asesinar de una mirada y colocarse siempre en contra de la persona cada vez que la ven, hay también quien se contenta con asesinar a la mujer y al amante,… Pero Manuel lo primero que pensó, lo primero que rozó su mente fue la idea de “¿Y quién es él?”

La habitación de ella estaba al lado de la suya, y ambas tenían una ventana, y bajo esa ventana una especie de escalón, cuya longitud rodeaba todo el edificio. Por lo que simplemente si Manuel quería ver quien era él, sólo tendría que salir por la ventana subirse en ese escalón y andar hacía la ventana de la habitación de Laura Hanson.

Ciertamente la idea de ver a Laura Hanson follando, aunque fuera con otro hombre, le atraía a Manuel. Por increíble que pareciese, tenía a la mujer de sus sueños al otro lado de la pared y a tan sólo una mirada de ventana.

De pequeño sabía pasar de una habitación a otra de su casa por el mismo método, así que para Manuel no era algo nuevo. Llevaba puesto un cómodo pijama, y andaba con los pies descalzos. La ventana era fácil de saltar, Manuel sacó un pié y lo puso encima del aquella especie de escalón.

“Vale, ahora sólo queda el otro pie.”

Le fue sencillo sacar el otro pie, fue como un pequeño salto, pero siempre agarrándose con las manos al filo de la ventana para no caerse. Lo importante era no comprobar la gran altura a la que se encontraba, sólo tenía que dejarse llevar por el escalón, y pasar las manos de una ventana a la otra ventana. Poco a poco fue caminando, apoyando sus manos en la fachada, y le fue fácil llegar a la otra ventana. Ahora lo difícil era agacharse con cuidado para mirar. Despacio, muy despacio se agachó y vio algo que no se esperaba… Vio a Laura Hanson comiendo palomitas y viendo la tele con dos televisores, en uno se veía el típico concurso de llamadas de las tantas de la mañana y en el otro una película porno.

Por casualidad Laura miró a la ventana y vio como Manuel estaba a punto de caerse de la misma de la impresión. Laura se levantó de la cama, lo cogió de la camiseta justo a tiempo, y metió medio cuerpo de Manuel en su habitación. Manuel consiguió que sus brazos entrarán por el otro lado de la ventana y con la ayuda de Laura logró empujar el resto de su cuerpo a dentro de la habitación. Una vez dentro, Laura le miró con cara de quien no sabe si está mirando a un loco o a un pervertido sexual.

-¿Pero se puede saber que estabas haciendo? ¿No me digas que eres…?
-Sonámbulo, si, desde pequeño.
-Ah, eso lo aclara todo. No, no me aclara nada, ¿Por qué demonios tú de sonámbulo tienes la manía de subir a un poyete y pasar de ventana en ventana?
-No sé, una vez me dijeron que hay gente que incluso mata a gente cuando está sonámbulo, yo tengo la manía de salirme de mi ventana y andar por un poyete hasta que por poco me caigo y me despierto.
-Jesús, que manías más raras.
-Pues no sé, pero las tuyas también son de lo más curiosas – dijo Manuel señalando a las televisiones.
-Cerdo, ¿se puede saber en que estás pensando?
-En nada, sólo miro los hechos.
-Pues que sepas que no te voy a dejar salir ahora de esta habitación, para que no le cuentes a nadie nada de esto.
-¿No me digas?

Laura sacó unas esposas, una se la puso a Manuel en la muñeca, y la otra en la cabecera de la cama de Laura.

-¿Y esto? ¿Vas en serio?
-Que no, que es una broma.

Laura sacó un cuchillo con la punta afilada de un cajón de su mesita de noche, se lo pasó por la lengua. Manuel retrocedió un paso, haciendo un gesto como de sonriendo a una broma de mal gusto, Laura lo amordazó con parte de la sabana de su cama, y seguidamente le rebanó una trozo del muslo de la pierna derecha. Los ojos de Manuel se abrieron de par en par, las uñas de sus manos arañaron el suelo, su boca intentaba liberarse de la mordaza pero no podía, e hizo un efecto de chillido medio sordo que no llegó a sonar en otras habitaciones, llevándose, luego, las manos a la zona cortada. Laura comenzó a engullir ese trozo recién cortado del muslo, chupeteando la sangre y haciendo ruidos insoportables, Manuel intentaba escapar, pero no podía liberarse de las esposas pegando tirones, ni intentando sacar la mano de las mismas.

Manuel despertó, se encontraba en su cama sudando de la pesadilla, pensó que se habría dormido nada más despertarse del sueño anterior. Alguien gritó, la voz era la de Laura, Manuel recogió a toda prisa las llaves de su mesita de noche, corrió hacia la puerta, la abrió, la cerró al salir, y siguió corriendo hacia la puerta de la habitación de Laura. Una vez allí pegó varios golpes en la puerta diciendo:

-¡Laura! ¿Estás bien? ¿Qué es todo ese ruido? ¡Contesta!

Laura seguía gritando, y sus mismos chillidos la paralizaban en su cama, en su ventana… Justamente en su ventana, ¿por qué tendría la costumbre de dormir con la ventana abierta aunque la habitación tuviera aire acondicionado? Él estaba ahí, con la cabeza clavada en la ventana, mirándola con los ojos con los que se mira a una presa, encajaba con la descripción del relato, misma cara, mismos gestos, mismas pinturas,… Y esa lengua pasándose por sus labios. Las reglas eran innatas, cazador contra presa.

Un recepcionista pasó, con las llaves, al escuchar los gritos, abrió la puerta y él y Manuel entraron en la habitación.

Sus ojos seguían brillando, su boca estaba abierta y su mandíbula desencajada. El cazador se había llevado sus piernas y parte de su vientre, también le había pegado un grave golpe en su cabeza, pues de su frente salían varios hilos de sangre que rodeaban su rostro y su pelo… Aquel pelo que horas antes jugaba con el viento, aquellos labios que moldeaban una sonrisa,… Pero sus ojos, sus ojos seguían brillando, como diciendo que bien que estás aquí Manuel, aunque ya sea demasiado tarde para…

Cerraron la puerta, Manuel se derrumbó en el suelo y lo sacudió con ira, el recepcionista seguía con una cara de estar viviendo una peli gore, “Es sólo zumo de tomate” – se decía. Manuel miró la ventana, estaba abierta, rápidamente se acercó a ella y observó manchas de sangre en el filo y alrededor de ésta. Manuel miró al recepcionista, abrió la puerta y salieron de la habitación. Las piernas y el vientre eran las partes que comían aquellos cazadores de humanos cuando él era niño.

-Llama a la policía, si preguntan luego por mí, que lo harán, cuando te pregunten que ha sucedido, diles que estoy en el lago, en el mismo lugar que sucedió en el libro.
-No le entiendo.
-¡No hace falta que lo entiendas! ¡Sólo te pido que se lo digas a la policía cuando te pregunten por mí! ¡Eso es todo! ¿Lo harás?
-Si, desde luego.

Manuel fue corriendo a su habitación, se puso su ropa de hacer footing y metió el cañón de su pistola en el bolsillo del pantalón, tapándose el resto del arma con su camiseta. Corrió con zapatillas de deporte, bajando las escaleras, salió del hotel y rápidamente entró en su coche.

Sólo hay un camino al lago, no importa si hay muerte en él. Era su destino, de pequeño quería arrancarse sus ojos para no sentirse censurado, ahora de mayor prefiere arrancarle al culpable la piel a tiras.

Aparcó el coche y vio que allí estaba él, en el lago. El caníbal llevaba en un saco los restos, excepto una de las piernas de Laura, tacón y parte del pantalón incluidos, que la sujetaba con una de sus manos. Ese caníbal era uno de ellos, sin duda, ellos dos se habían visto antes, Manuel sacó su pistola y apuntó. El caníbal le miró y se quedó quieto, sabía que de ese objeto salía algo que mataba a la gente, era como un rayo, le llamaban “el rayo de las presas”. Sabía que era la hora de su muerte.

-Hace años… Tú eras uno de ellos, te recuerdo bien. Recuerdo a cuatro de vosotros, pero a ti… Tú me viste, estoy ahora seguro de ello, ahora me acuerdo mejor de todo ello. – Manuel dio un paso al frente, el caníbal se quedó en su sitio mirando al filo del arma, sabiendo el destino que le aguardaba aunque no entendiera las palabras de aquella presa que tenía enfrente. – Asesino. Tenéis montones de animales y plantas de las que alimentaros y teníais que escogernos a nosotros para… ¡Destriparnos y comernos! Pero eso no me importa, lo que me importa es que la has destripado… A ella… ¿Por qué la seguisteis? ¿Es ése vuestro método? Seguís a vuestra presa, en su casa la matáis, os lleváis lo que os interesa, para luego coméroslo todo entre los matorrales. – Sus dedos apretaban el arma, cada una de las palabras que decía le daba más firmeza y seguridad – Voy a serte sincero, me hubiera dado igual cualquier otra persona de la obra, pero ella… – Apretaba el gatillo… – Ella era… – …cada vez con más firmeza – Como un rayo, como un ciclón que lo desordeno todo, ¿y ahora he de vivir en el orden? ¡Caos vuelve a mí! ¡Destrozame por dentro!

El rayo salió del arma y atravesó el ojo de su víctima, el caníbal cayó al suelo, temblaron sus brazos y sus piernas. Manuel disparó otra vez, está vez le dio en la frente, dejó de temblar, estaba muerto, el agua se volvía roja, el río ya no era sólo un río helado, el agua… El río estaba sangrando.

Manuel retrocedió, tenía la mano derecha hecha polvo, el retroceso del arma fue algo doloroso, no disparaba desde que su padre le enseñó a disparar aquellas latas vacías.

Se dio media vuelta y volvió al coche. Encima de su coche… ¿por qué encima de su coche? Lo reconocía, ¿por qué no podía sacar el arma de su bolsillo? Su mano estaba adormecida y con la otra no sabía disparar el arma. Un golpe en la cabeza, no sintió nada más. Escuchó el sonido de las sirenas de la policía y un “¡Suelta esa rama de inmediato!”, antes de caer al suelo por efecto de aquel golpe. Luego la vio entre una luz, Laura… ¿sería realidad o sueño? Ya daba igual, él corría hacía dicha luz, escuchó gritos y disparos en la tierra, pero huyó, y traspasó la luz.

Los cines se llenaron por completo el día del estreno. Tres anuncios de refrescos, uno de camas, otro de una tienda de electrodomésticos, unos cuantos de discotecas, algún que otro tráiler, luego la pantalla se volvió de color negro, y unas grandes letras blancas, que a algunos les parecían algo pequeñas, alumbraban la sala y decían:

“En memoria de Manuel Reyes García, y Laura Hanson, que vuestros espíritus no busquen un lago helado y alcancen la mar serena.”

FIN.

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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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