Deseos

“Muy pronto supe que mi misión consistiría en salvar la realidad de su facticidad. La realidad tiene la consistencia de una gelatina espesa. He visto a gente dispuesta a tragarse ese postre indigesto, y me ha producido horror. Aprendí a despreciar la contingencia en las películas. El cine fue para mí la experiencia de lo absoluto, desde que acudía a él de la mano de mi madre. Yo desaparecía en la oscuridad de la sala, para aparecer como protagonista en la pantalla. ¡Qué malestar cuando volvían a encenderse las lámparas! En la calle volvía a ser un supernumerario. Había sido despojado bruscamente de mi importancia. Ya no era necesario, sino excedente. En las películas había necesidad, existía el porvenir, los sucesos se desarrollaban con la precisión e inexorabilidad de una melodía y al final, mágicamente, milagrosamente, coincidían el beso de los protagonistas y el gran acorde del piano.

Tenía veinte años cuando conté al Castor mi descubrimiento. Mostraría a todos que la contingencia es una dimensión esencial del mundo y que la belleza es la única salvación. Mi experiencia estética infantil se convirtió en un criterio ontológico que me obligó a vivir en un mundo escindido. El cine se oponía a la calle; ser protagonista a ser supernumerario; la irrealidad de las palabras a la realidad de los otros; en una palabra, la belleza se oponía a la contingencia, la necesidad a la existencia. Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad. Es un compendio de todo lo despreciable. Es lo viscoso. Por el contrario, la obra artística es el Ser, la juventud permanente, firme, pura, idéntica, irrevocable. Es el mundo donde los círculos, los aires musicales, la expresión acerada, guardan sus líneas puras y rígidas.”

Y así Sartre contó esta experiencia sobre su deseo. Creo que muchos nos sentimos identificados con él cuando salimos de un cine, apagamos la televisión después de ver una película, terminamos de leer un libro,…

Este texto lo he extraído de El laberinto sentimental del gran filosofo español José Antonio Marina (que lo extrajo a su vez de Las palabras, Cuaderno de guerra y La náusea de Sartre), de una parte en la que se habla sobre los deseos humanos y las relaciones de éstos con la realidad.

Los libros de Marina son como pequeños relatos de gente que se van uniendo unos con otros hasta formar un relato completo con sus teorías. Por lo menos ésa es una de las cosas que he podido concluir a la salida del laberinto. La otra no os la voy a contar porque para eso tenéis que leeros el libro.

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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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