Fantasmas

En lo más profundo de nuestro ser todos nos odiamos, es algo genético, grabado con oro en la codificación de nuestro ADN, y por ello no podemos evitarlo. Ya lo dicen algunos, el “homo homini lupus” es ley de vida.

Una noche tuve el placer de conocer a una mujer que decía que su marido intentó ahorcarla mientras dormía. Dice que él es sonámbulo. Otra vez él disparó al lado de su cabeza mientras ella soñaba. Él tiene la obsesión de que algún día alguien entrará en su casa y se lo llevará todo, es tan temida esa idea que suele soñar con ello una y otra vez.

Todos dormimos con fantasmas por las noches que nos cantan al oído nuestras derrotas pasadas, mientras la oscuridad nos acuna y dulcemente caemos al abismo del sueño. Yo, como todos, oigo a esos fantasmas por las noches, pero también percibo el rencor en sus tonos de voz.

Conocí a Carlos hace unas semanas, él se quejaba de una enfermedad hereditaria que era incurable. En un inicio se trataba de una de esas anomalías que los médicos suelen tachar de virus, aún así sus visitas al doctor se hicieron cada vez más frecuentes. “¿Me estaré volviendo un hipocondríaco?” pensaba cuando una y otra vez le daban un diagnostico totalmente distinto al de la anterior visita. Pero un fatídico día se vio obligado a ir a urgencias. La sentencia final fue horrible. Me habló de ello desde su cama del hospital, y me aseguraba que a pesar de todo lo sucedido siempre ha conservado algunas esperanzas.

Pero la rabia de no ser como los demás lo poseía en ocasiones, y sus fantasmas siempre hablaban de ello. Repudiaba la pena que sentían por él algunos antiguos amigos y familiares. “Dejadme en paz, prefiero estar solo.” La noche, el día, la tarde,… Siempre todo lo que sucede es lo mismo en esa habitación.

Escuché a Julia y a Pablo celebrando la fiesta de cumpleaños de su hija en el momento en que llegó un invitado sorpresa.

Hablé con María, Juan, Iris y Marcos cuando eran adolescentes, en su clase alguien se levantó del pupitre con un revolver y apretó el gatillo.

Oí la voz de Lidia, todos miraban hacia otro lado cuando estaba ella delante, incluso antes de aquel infortunio en una montaña rusa.

Olí el hedor a carne quemada proveniente de la piel de Denis, el accidente de trafico que sucedió en ese momento fue el culpable.

Sentí en mi mejilla el frío beso de una mujer a quién apodaban “la Judas”. Tenía heridas de haber sido torturada, me dijo que vio como le sacaban el útero junto con el que iba a ser su futuro hijo.

Saboreé un amargo veneno en el restaurante de Luis, justo en el mismo último menú que tomó allí.

En donde ahora estoy les veo a todos y cada uno de ellos, mis fantasmas se reencontraron en el mismo tiempo y espacio, mi cuerpo se encuentra inerte, mi felicidad una oscura ambición perdida, mi fe inexistente, y si pudiera mostrar mi odio, éste sería capaz de pulverizar estrellas.

Me encuentro tendido en el suelo, delante de un coche, y observo como unas cuantas hormigas me rodean, supongo que debía de suceder algún día, aunque, de alguna forma, nada de esto es nuevo, ya que en nuestra vida todos hemos muerto varias veces, pero luego nos levantamos y reinventamos nuestra realidad, pintando los muros de nuestra existencia de otro color. “Já, todavía puedo sobrevivir y sortear los obstáculos.” De alguna forma, eso intentaron enseñarme Carlos y aquella mujer de la que hablé al comienzo del relato. Ellos siempre me aseguraban que ahora se encuentran mejor, y yo, que estoy junto a ellos en este momento, lo noto.

Ahora duermo con los vivos por las noches y les canto al oído sus derrotas pasadas, mientras la oscuridad les acuna y dulcemente caen al abismo del sueño. Y os juro que, en lo más profundo de mi ser, os odio, y siempre os odiaré durante toda esta maldita eternidad.

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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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