Sonría, por favor

En mis apuntes del curso de Formación para formadores (una cosa del montón en el que estoy metido mientras trabajo) leo:

“¡No temas y sonríe! Intercalar sonrisas cálidas y francas en la conversación transmite confianza, alegría y buena disposición, pero recuerda, sin exagerar.”

Hace algo más de dos años, en la facultad de informática, escuché como un profesor de Ingeniería del software en clase nos contaba como los protocolos de los programadores para tratar entre ellos (en una empresa, se supone) y los protocolos de los empleados del McDonald’s para tratar con sus clientes, tienen muchas cosas en común. Como este tema de la sonrisa profesional.

Ojeando el folleto del código ético de la empresa en la que trabajo, puedo leer bastantes similitudes con un código ético de cualquier multinacional con trato de cara al público (como McDonald’s). Sólo que, en mi caso, es con el trato de cara a mis compañeros y a clientes. Sí, dicho profesor tenía razón en ese aspecto.

El tema de la sonrisa profesional como método infalible para ganarse a la otra persona o calmarla, también me lo contaron en un módulo sobre comunicación del curso de programación web del Inem, que hice antes de entrar a trabajar en la empresa en la que estoy. En dicho módulo hablaron de todo tipo de formas de tratar a los demás, para comunicarles cualquier cosa sin enfurecerles.

Si hablamos de métodos para ligar, la mayoría dicen, entre otras cosas, que has de sonreír todas las veces que puedas para conseguir caer bien a dicha persona. Para transmitir que estás bajo su control y que no te vas a negar ante el/ella, como si fueras su perro domesticado.

Para Platón la risa sólo demuestra la maldad y el disparate. “Los hombres de valor no deberían representarse como poseídos por la risa, y aún menos deberíamos permitir tal representación de los dioses”, llegó a decir en una ocasión.

Hay una nota a pie de página del libro Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer de David Foster Wallace, en el que habla de la sonrisa profesional:

“Ya conocen esa sonrisa – la contracción enérgica del cuadro circumoral con movimiento cigomático incompleto -, esa sonrisa que no llega a los ojos del que sonríe y que no significa nada más que un intento calculado de adelantarse a los intereses del que sonríe fingiendo que le cae bien el objeto de la sonrisa. ¿Por qué los empresarios y gerentes obligan a los profesionales de los servicios a irradiar la Sonrisa Profesional? ¿Soy el único consumidor en quien dosis elevadas de esa sonrisa producen desesperación? ¿Soy la única persona que está segura de que el momento creciente de casos en que gente de aspecto totalmente ordinario aparecen de pronto con armas automáticas en centros comerciales, oficinas de seguros, complejos médicos y McDonald’s guarda alguna relación causal con el hecho de que estos lugares son centros notorios de difusión de la sonrisa profesional?

¿A quién creen que engañan con la Sonrisa Profesional?

Y, sin embargo, ha llegado un momento en que la ausencia de Sonrisa Profesional también causa desesperación. Cualquiera que haya comprado un paquete de chicles en un estanco de Manhattan o haya pedido que le pongan el sello de frágil en una oficina de correos de Chicago, o haya intentado que una camarera del sur de Boston le dé un vaso de agua, conoce bien el efecto devastador para el alma del ceño fruncido de un empleado que sirve al público, es decir, la humillación y el resentimiento de que a uno le nieguen la Sonrisa Profesional. Y a estas alturas, la Sonrisa Profesional ya ha eludido incluso mi resentimiento hacia la Sonrisa Profesional: me alejo del estanco de Manhattan no solamente resentido por el mal carácter o la falta buena de voluntad del estanquero sino por su falta de profesionalidad al negarme la Sonrisa. Menudo jaleo, coño.”

Hay un capítulo de Los Simpson, en el que Marge le cuenta a su hija mayor, Lisa, como ella también era una niña algo asocial respecto a sus compañeros de clase, hasta que su madre le ordenó que pase lo que pase debía de esforzarse en sonreír a los demás. Así que le ordena a Lisa que ponga en práctica este consejo si quiere que su vida vaya a mejor, en cuanto Lisa lo pone en práctica con varios compañeros de clase antes de entrar a su colegio, Marge la aparta enfurecida y le aconseja que mejor sea como ella es.

Ya saben lo que dicen: Sonría, podría ser peor.

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Esta entrada fue publicada en my life el por .

Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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