Monstruos Invisibles de Chuck Palahniuk

Monstruos Invisibles, Chuck Palahniuk Imagina una bella modelo que anuncia por televisión productos de todas las clases, que va a sesiones de fotos y a rodajes de anuncios publicitarios, que duran entre tres y cinco horas al día. Esa mujer lo tiene todo, amigos, chicos, novio, dinero,… Pero un día alguien dispara su mandíbula mientras viaja en coche, y lo poco que queda de su cara está esparcido por el salpicadero de su coche, mientras ella está en el hospital los pájaros se comen dichos restos de su cara. Ella sobrevive pero tras perder su cara bonita su vida cambia de inmediato. Pierde sus amigos, pierde su novio, pierde su trabajo, los niños le llaman monstruo cuando la ven pasar,…

Monstruos Invisibles muestra una de las dobles caras del mundo en el que vivimos, basado en unos patrones de belleza, que tanta gente cree implícitos en nuestra naturaleza. Ya sabes, esa belleza artificial impuesta por anuncios de televisión, películas, series, concursos de moda, fotos, juguetes, y programas absurdos. De hecho una de las frases clave que más se repite es La belleza es poder, igual que el dinero es poder y que un arma cargada es poder, la cual se suele demostrar durante todo el libro. Un libro cargado de violencia, perversión, destrucción, amor correspondido y no correspondido, y de mentiras y medias verdades que la protagonista va destapando desde el inicio hasta el final. Es puramente adictivo, corto pero en su justa medida. Yo diría que es el libro perfecto de este autor si no fuera por El club de la lucha, novela que hace desplazar a Monstruos Invisibles al segundo lugar. Leerlo es toda una experiencia y no puedes evitar devorarlo hasta el final, intentando adivinar los complicados giros de tuerca a los que Palahniuk tiene tan acostumbrados a sus lectores.

El libro es redactado de la forma tradicional de Palahniuk, con sus frases cortas pero chocantes, sus metáforas, su filosofía, su rechazo a lo convencional, sus personajes con adicciones particulares pero muy bien definidos en su papel,… No olvidemos que se trata de su primer libro, pues lo escribió antes de El club de la lucha aunque fue rechazado y no pudo publicarlo hasta después de publicar dicho libro. Se trata de un libro donde, en algunos momentos, la acción transcurre a saltos, es decir en el mismo capítulo puede pasar del presente, al pasado inmediato o al pasado más lejano, y debes de llevar en mente tres tiempos, lo que pasó: antes del accidente, cuando la protagonista estaba en el hospital, y después del accidente.

Resulta difícil encontrar antecedentes a estas ideas, pero lo cierto es que un manifiesto así debería de aparecer en algún momento. Nos encontramos en un mundo en crisis, en el que la televisión nos muestra todo el lujo que jamás podremos conseguir. Donde caras felices comen cereales para desayunar, donde chicas jóvenes mueven el culo para anunciar una nueva crema anti-celulitis, donde mujeres mayores, que en otros tiempos fueron iconos sexuales, quieren que compres productos para la menopausia, donde el tipo musculoso de gimnasio se afeita y una chica le acaricia la cara (¿se está volviendo la cara sin pelo en una señal masculina de reclamo sexual al igual que las piernas depiladas de las mujeres?), donde en los juegos de mesa nadie se lía con las indicaciones y todos juegan felices, donde en el sexo todo es seguridad en meterla y no hay espacio para el humor y las caricias, donde el amor sólo se encuentra en ciertos lugares claves como el instituto,… Toda persona que no siga las señales se queda atrás.

Así que el centro comercial llega a ser el equivalente a las iglesias. Donde cada vez que pasas la tarjeta de crédito es otra oración y el producto lujoso el altar a venerar. Resulta cómico que todo el mundo pueda meterse con un dios que nunca contesta, pero poca gente acepta que puedas meterte con su marca favorita. Es curioso como hemos cambiado un dios que nunca responde, por otro que habla sin parar y que dice de necesitar siempre de nuestra opinión adoradora para salvarnos.

La gente ya no liga en una discoteca, porque se pasa todo el tiempo haciendo fotos y subiéndola a las redes sociales. No se trata ya de divertirte, sino de mostrar a todos que te diviertes. Hemos pasado de la búsqueda y el esfuerzo para llegar a sentirnos mejor con nosotros mismos, a mostrar que sentimos lo que puede que no podamos sentir. La gente ya no quiere viajar para conocer lugares y gente, quiere mostrar sus fotos de vacaciones y los monumentos en los que han estado cerca. Porque ya no se trata de ser y sentir, se trata de mostrar y que los demás crean que todo te va mejor que a ellos.

Trabajamos más horas de las que podemos pasar disfrutando. Porque la vida no es gastar para ser algo, sino gastar para sobrevivir y lo que te queda lo ahorras o lo usas para disfrutar. Y todo el mundo piensa que cuando ahorras es porque lo vas a gastar en algo importante, no por si llegan las vacas flacas. Porque piensas pasar de etapa, porque lo primero es tener un coche, luego una pareja, después una casa con una hipoteca abusiva para casarte, lo siguiente hijos y, por último, un perro.

Sabes que esto es verdad. Lo cierto es que nunca he sido capaz de pasar la susodicha primera etapa. Como no me gustan los coches, bueno puede que pocas mujeres y hombres acepten este hecho, porque el coche, de alguna forma, en nuestros días es un símbolo de seguridad e independencia. Seguridad porque es el mantra que los anuncios de televisión repiten una y otra vez (ya sabes, crea una mentira y repitela hasta que se convierta en una verdad), e independencia porque te permite viajar a cualquier sitio sin necesitar pasar “el mal trago” de sentarte junto a un desconocido/a.

Hemos pasado de vivir en la sociedad, a vivir mostrándonos sociables en una sociedad separatista. Hemos pasado de llorar por el dolor, a escondernos cuando lloramos. Hemos pasado de reír de verdad, a mostrar muestra risa sólo en el momento que creemos adecuado.

De todo ello habla Monstruos Invisibles. El relato es como una venganza al sistema en que vivimos y en el que lo que etiquetamos como raro es, en varias ocasiones, otra faceta más de lo que realmente somos o podríamos ser, pero que esquivamos constantemente.

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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

2 pensamientos en “Monstruos Invisibles de Chuck Palahniuk

  1. Tomás Morales

    Según he ido leyendo el artículo he visto fotografiada mi visión de las cosas.Ni tengo ni pienso tener cámara fotográfica porque no quiero perder un minuto en disfrutar de lo que veo, sin que haya constancia de ello."Dicen" que mi móvil y mi Ipad disponen de cámara fotofráfica. Seguramente sí. No me interesa.Como si lo que no se ve y no puede contarse no existiera.¡Lástima¡

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