A matar blancos (fragmento)

por Michael Moore[1].

No sé por qué será, pero cada vez que veo a un hombre blanco caminando hacia mí me pongo tenso. Se me acelera el corazón y enseguida busco algún lugar por donde escapar o algún medio para defenderme. Siempre acabo recriminándome el hecho de hallarme en esa parte de la ciudad a aquella hora. ¿Es que no había advertido las amenazadoras pandillas de blancos que acechaban en las esquinas, bebiendo su café de Starbuck’s ataviados con prendas turquesa y malva adquiridas en Gap o J. Crew? ¡Qué idiota! El blanco sigue aproximándose y… Ufff, se aleja sin hacerme daño.

Los blancos me dan un miedo terrible. Puede que resulte difícil de entender visto que soy blanco, pero justamente por eso sé lo que me digo. Por ejemplo, muchas veces yo mismo me doy miedo. Debe creer en mi palabra: si se ve repentinamente rodeado de blancos, mucho ojo. Podría ocurrir cualquier cosa. Como blancos se nos ha arrullado con la cantaleta de que estar entre nuestros semejantes es lo más seguro. Desde la cuna se nos ha enseñado que la gente a quien hay que temer es de otro color. Que ellos te harán pupa.

Sin embargo, volviendo la vista atrás, descubro una pauta inconfundible. Todos aquellos que me han perjudicado en la vida eran blancos: el jefe que me despidió, el maestro que me suspendió, el director que me castigó, el chico que me apedreó la cabeza, el otro chico que me disparó con una pistola de aire comprimido, el ejecutivo que no renovó TV Nation, un tipo que me estuvo acosando durante tres años, el contable que dobló mi contribución a Hacienda, el borracho que me atropelló, el ladrón que me robó el radiocasete, el contratista que me cobró de más, la novia que me abandonó, la siguiente novia, que me abandonó aún más deprisa, el piloto del avión que embistió un camión en la pista de aterrizaje (quizás hacía días que no comía), el otro piloto que decidió volar a través de un tornado, el compañero que me afanó unos cheques y se los hizo pagaderos por valor de 16.000 dólares… Todas estas personas eran blancas ¿Coincidencias? Qué va.

Nunca he sido atacado ni desahuciado por un negro, jamás un casero negro me ha estafado el depósito de alquiler (de hecho, nunca he tenido un casero negro), nunca he asistido a una reunión en Hollywood donde el ejecutivo al cargo fuera negro, nunca vi un agente negro en la agencia que me representaba, jamás un negro le ha negado a mi hijo el acceso a la universidad de su elección, tampoco fue un negro quien me vomitó encima en un concierto de Motley Crüe, nunca me ha detenido un policía negro, jamás me ha intentado engañar un vendedor de coches negro (ni he visto jamás un vendedor de coches negro), ningún negro me ha negado un crédito, ni ha tratado de hundir mi película, ni jamás he oído a un negro decir: «Vamos a cargarnos diez mil puestos de trabajo. ¡Que tenga un buen día!».

No creo ser el único blanco que puede hacer tales afirmaciones. Cada palabra venenosa, cada acto de crueldad, todo el dolor y el sufrimiento que he experimentado en la vida tenía facciones caucásicas.

¿Por qué motivo debería temer a los negros?

Echo una ojeada al mundo en que vivimos y, chicos, detesto ser chismoso, pero no son los afroamericanos los que han convertido este planeta en el lugar lastimoso y fétido que hoy habitamos. Hace poco, un titular de la primera página de la sección científica del New York Times preguntaba: «¿Quién construyó la bomba H?» El artículo profundizaba en el debate acerca de la del artefacto, que se disputaban dos hombres. Con franqueza me daba exactamente igual, porque ya conocía la respuesta que me interesaba: FUE UN BLANCO. Ningún negro construyo jamás ni utilizó una bomba diseñada para liquidar a miles de personas, sea en Oklahoma City o en Hiroshima. Sí, amigos. Siempre hay un blanco detrás. Echemos cuentas:

  • ¿Quiénes propagaron la peste negra? Los blancos.
  • ¿Quiénes inventaron el BPC, el PVC, el BPB y el resto de sustancias químicas que nos matan día a día? Fueron blancos.
  • ¿Quiénes han empezado todas las guerras en que se ha involucrado Estados Unidos? Hombres blancos.
  • ¿Quiénes son los responsables de la programación de la Fox? Blancos.
  • ¿Quién inventó la papeleta mariposa? Una mujer blanca.
  • ¿De quién fue la idea de contaminar el mundo con el motor de combustión? De un blanco.
  • ¿El Holocausto? Aquel individuo nos dio auténtica mala fama. Por eso preferimos llamarlo nazi y, a sus ayudantes, alemanes.
  • ¿El genocidio de los indios americanos? Fueron los blancos.
  • ¿La esclavitud? Los mismos.
  • En el año 2001, las empresas estadounidenses han despedido a más de 700.000 personas ¿Quiénes dieron la orden? Ejecutivos blancos.
  • ¿Quién sigue haciéndome saltar la conexión de Internet? Algún coñazo de blanco. Si un día descubro quién es, será un fiambre blanco.

Usted nómbreme un problema, una enfermedad, plaga o miseria padecida por millones, y le apuesto diez pavos a que el responsable es blanco.

Aun así, cuando pongo el noticiario de la noche, ¿qué es un día tras otro? Hombres negros que presuntamente han matado, violado, asaltado, apuñalado, disparado, saqueado, alborotado, vendido drogas, chuleado, procreado en exceso, arrojado a sus niños por la ventana; negros sin padre, sin madre, sin dinero, sin Dios: «El sospechoso es un varón negro… el sospechoso es un varón negro… EL SOSPECHOSO ES UN VARON NEGRO … » No importa en qué ciudad me encuentre, las noticias son siempre las mismas y el sospechoso siempre es el mismo varón negro. Esta noche estoy en Atlanta y les juro que el retrato robot del negro sospechoso que aparece en la pantalla del televisor es igualito al sospechoso que vi anoche en Denver y al que vi la noche anterior en Los Ángeles. En cada uno de esos bocetos aparece frunciendo el ceño, amenazador, siempre con la misma gorra. ¿Puede ser que todos los crímenes del país los cometa el mismo negro?

[…] Da igual cuántas veces se diga que es el hombre blanco a quien hay que temer: es un dato que la gente no acaba de asimilar. Cada vez que enciendo la tele y aparece otra ensalada de tiros en una escuela, el responsable de la matanza es siempre un chico blanco. Cada vez que atrapan a un asesino en serie, se trata de un blanco. Cada vez que un terrorista vuela un edificio federal o un chalado envenena el agua de un vecindario o un cantante de los Beach Boys formula un hechizo que induce a media docena de quinceañera a asesinar a «todos los cerdos» de Hollywood, ya se sabe que se trata de otro blanco haciendo de las suyas.

¿Por qué no corremos como alma que lleva el diablo cuando vemos a un blanco? ¿Por qué no solemos decirles a los solicitantes de empleo caucásicos: «Vaya, lo siento, ya no hay puestos disponibles»? ¿Por qué no nos cagamos encima cuando nuestras hijas nos presentan a sus novios blancos? ¿Por qué el Congreso no se dedica a prohibir las terribles letras de Johnny Cash («Le disparé a un hombre en Reno / sólo para verlo morir») o de Bruce Springsteen («Lo maté todo a mi paso / no puedo decir que lamento lo que hice»). ¿Por qué sólo se fijan en las letras de los cantantes de rap? No entiendo por qué los medios no reproducen letras de raperos como éstas:

  • Vendí botellas de dolor, luego escogí poemas y novelas. Wu TANG CLAN
  • Pueblo, utiliza el cerebro para ganar. ICE CUBE
  • Una pobre madre soltera en el paro… dime cómo te las arreglaste. TUPAC SHAKUR
  • Trato de cambiar mi vida, no quiero morir pecador. MASTER P


Notas:
[1] El texto en cuestión es un fragmento del capítulo cuatro de su libro Estúpidos Hombres Blancos (2001). Con sus ideas no todo el mundo puede estar de acuerdo, habrá quién les encante, habrá quien no, incluso habrá como yo que con algunas de sus ideas estoy de acuerdo, pero otras no (pienso que es lo normal, no puedes estar siempre de acuerdo con lo que te dice alguien). Pero, a lo que iba, hay textos en dicho libro, como el presente, en el que pienso que tiene una gran parte de razón. En éste explica, bastante bien, como el temor de la gente racista es irracional.
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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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