De cuando me separé de la religión

Esto nunca lo he contado. Aquella penúltima vez que estudié sobre los escritores de la edad media, me tocaba, por primera vez, decidir rama. Tengo que decir que, hasta entonces, pocas decisiones tan importantes había tenido en mi vida. Así que observé la vida de los mayores que me rodeaban. Y concluí que todos ellos tenían un algo a lo que habían aspirado ser, y habían fracasado en la mayor de sus aspiraciones, quedándose a las puertas de algo, pero, sin embargo, estaban contentos con sus vidas.

Por lo que estaba claro que escogiera la rama que escogiera, lo más probable es que fracasará, pero, por lo menos, tendría que quedarme en una posición cómoda, que aunque no me gustara del todo, al menos, debía de gustarme algo. Por eso elegí una rama de 4º de ESO tecnológica. Aunque, al año siguiente, terminará por escoger un bachillerato de ciencias de la salud, debido a lo mucho que terminé por odiar todo lo relacionado con: soldar cables pelados con mis dedos; con cortar contrachapado con una segueta, cuya hoja se rompía cada dos por tres (no nos permitían usar hojas de segueta duras), cuando podría usar un cutex y acabar antes; de soportar cafres que jugaban con la pistola de silicona caliente; de que todos mis planos fueran dibujos muy guarros además de que mi letra pequeña para que cupieran en los planos fuera una letra muy fea que tienes que hacer más grande;… para que vean el “nivelazo” (sarcasmo a tope) de aquel profesor de tecnología, según él no hay que usar Linux porque es tremendamente inseguro porque lo ha hecho mucha gente y es muy fácil de programar cosas en él. En cuanto a mi profesora de informática, sólo apareció el primer día de clase y el último de cada trimestre, no hubo exámenes, me hacéis un trabajo que me entregáis al final del curso. ¿Cómo querían que no me pasara a ciencias de la salud si con profesores como aquellos me lo estaban pidiendo a gritos?

Volvemos al tema de 4º de ESO. Eramos nueve personas en toda la clase, aunque, en la asignatura de religión pasábamos los 20, ya que se juntaban dos clases, más gente de Diversificación Curricular (para quién no lo sepa: gente a la que hay que dar la ESO con menos cosas que estudiar pero con la condición de que nunca jamás podrán estudiar bachillerato). El primer profesor de religión era una persona adulta, alrededor de 63-67 años, antes de él llegar, la gente juntaba sus mesas en varias filas al final de la clase. Creo que el profesor llegó a preguntar porqué no se sentaba más adelante. Creo que fue lo único que pudo preguntar alguna vez.

Tras dos meses de clase, dicho profesor de religión se dio de baja por depresión. Los alumnos más religiosos le lanzaban papeles y tizas desde el final de la clase, jamás hablaron de otra forma que no fuera a gritos y con tacos, y nunca le hablaban a él, lo ignoraban de la forma más brutal que pueda existir. Yo y unos cuantos nos resguardábamos en rincones para que no nos cayeran tizas, no queríamos entrar en esa guerra. Supuse que Dios no le dio la fuerza suficiente para predicar en medio de una selva de salvajes.

Pasó diciembre, enero y mitad de febrero sin profesor de religión en clase, ni siquiera profesor de guardia. La clase se quedaba sin profesor, pero los alumnos no podían irse, porque el instituto era responsable de lo que les pudiera suceder fuera durante lo que duraba la clase.

Tal vez os sorprenda el hecho de que tardasen tanto en reponer el puesto de profesor de religión, además de lo contado sobre aquella profesora de informática, pero tiene una explicación. Una vez corriendo alrededor del patio del instituto, en educación física, me caí y mi rodilla fue a parar sobre una parte del suelo que estaba partida en dos y sobresaliendo una piedra. Lo que hizo que, el profesor me llevara rápidamente al despacho que tenían detrás de secretaría, para comprobar que no me había roto nada y curarme aquella gran herida. Allí no había camilla, recuerdo que mi pierna estaba sobre otra silla, y que aquel hombre que me curaba no paraba de maldecir e insultar al ayuntamiento por no dar más fondos al instituto para arreglar aquel maldito patio que parecía en ruinas. Mientras tanto, vi, entre los papeles de los secretarios un post-it de un profesor ausente desde hace bastantes semanas dirigido al director del centro y que decía, algo así como, “[Nombre del director] no pediré la baja durante un mes más. Gracias. [Nombre del profesor]”.

En 4º de ESO, el profesor de ética, que teníamos, (un hombre que obligó a todos los alumnos de su clase a leerse la novela 1984 de Orwell, poniendo un examen sobre la misma, y a contrastar noticias y hechos históricos, ya que también nos daba, a nuestra clase, historia; fue el primer y el último notable que tuve en historia) nos contó que muchos profesores de allí tomaban drogas, que él nunca las había tomado y que procuraba relacionarse lo justo con sus compañeros de profesión. Nada me podía extrañar de allí, profesores que parecían estar locos, y cuando no desaparecían, alumnos a los que parecían poseer la rabia,… Y yo atontado y algo callado por la gilipollez de la edad, seamos justos.

Vino un profesor joven y nuevo de religión, que no quiso usar un libro de religión, sino sus propios apuntes. Basó en sus clases temas que no creo que el episcopado le dejaría tratar si se hubiera enterado. Al menos de un profesor de religión nunca he oído en su boca hablar del ateísmo y el agnosticismo, o de que Cristo no llegó a resucitar, o de que, de hecho, todo el nuevo testamento era un cuento para ensalzar la figura de Cristo, de que la otra vida podía existir pero no tenía porqué haber un cielo o un infierno,…

Tuvo suerte, la mayor parte de aquellos alumnos más religiosos, tira tizas y gritones, ya no iban a clase varias semanas antes de llegar él. Nos mandó leer, como ejercicio optativo, aquel pasaje de la Biblia que dice que todo es vanidad. Todo esto me permitía ver la religión católica desde una perspectiva diferente, aunque el profesor siempre ensalzaba la figura del que creía en Dios a pesar de todos estos hechos, sobre “el triste” que no creía o pasaba de las creencias.

Al año siguiente, en 1º de bachillerato de ciencias, y en otro instituto (ya que el anterior no tenía clases de bachillerato) que me pareció casi un lujo de instituto, volví a tener religión. La profesora decía que Cristo había resucitado, mostrarnos un vídeo de dibujos animados sobre la pasión de Cristo (¡para niños de 9 años! ¡Y teníamos 17 años!), podía hablar de que Dios era todo lo bueno y demás, que el amor de Dios es la razón de nuestra existencia (de esta frase suya me acuerdo bien),…. Las leyendas sobre Dios y su hijo eran intocables y hechos de carácter histórico, para aquella profesora.

Después del año anterior a ése, y las reflexiones a las que llegué, ya nada era igual en cuanto a mis creencias. Un dios superperfecto y que lo puede todo, no puede evitar que la gente buena muera de forma cruel y violenta, y todo porque, según sus predicadores, él decide darnos la libertad a todos nosotros en vez de protegernos de lo malo, y lo malo es contra lo que “se supone” que él lucha (y no sabemos cómo lucha contra el mal, ¿tal vez dejándose matar en una cruz cada dos por tres?). Ni siquiera aquel Dios defendió a su pueblo en el holocausto, ¿acaso fue para proteger la libertad de Hitler?. Si Dios existe o no es perfecto o es un demonio. No sé si existe un Dios o cientos de dioses o ninguno. De hecho, eso es algo que ya no me interesa, pues nunca lo sabré; y si existe algún o algunos dioses, ellos tampoco quieren que se sepa que existen. Luego, ¿de qué sirve creer en uno o varios dioses? Nunca conseguiré negar o afirmar rotundamente la existencia o no existencia de Dios, porque es una argumento ad ignorantiam[1]. Pero la creencia firme en una posición u otra me parecen absurdas, luego me mantengo agnóstico, por más que deteste a la institución eclesiástica, las predicaciones que ellos mismos incumplen, las leyes que se saltan a la tolera, la protección de pederastas y sus unicornios rosas invisibles[2]. Sin embargo respeto tanto a quién crea, como al que no lo haga, pues sus vidas tendrá un hecho que le habrá ayudado a creer o no firmemente, pero ése no es mi caso.

Dejé de ser católico nada más unos pocos meses de aquel 1º de bachillerato, tras que intentasen que volviera a ser introducido en aquel saco absurdo de leyendas y mitos. Sin embargo escogí religión en 2º de bachillerato, para acompañar a un compañero que se podía haber quedado solo en aquella clase. Por otro lado, la alternativa a religión siempre me pareció del mismo estilo. Fue fácil fingir ser religioso durante dos años, no hay que pensar apenas y todas las respuestas a las preguntas difíciles y fáciles son la misma.

Así que no diré feliz Navidad, pero os diré felices fiestas.


Notas:
[1] Para quién no sepa qué es un argumento ad ignorantiam: https://es.wikipedia.org/wiki/Ad_ignorantiam.
[2] Para quién no lo conozca, puede leer sobre el argumento del unicornio rosa invisible en el artículo correspondiente de la wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Unicornio_rosa_invisible
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Esta entrada fue publicada en my life el por .

Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

2 pensamientos en “De cuando me separé de la religión

  1. MOL

    Yo también tuve religión en el colegio y en el instituto, por la sencilla razón que te aprobaban por ir y ética era más difícil de aprobar que cualquier otra asignatura (pero la opción estaba).A mi no me cuadraba que el curita que nos daba la asignatura mientras tuviera una réplica para nuestras preguntas bien pero pronto se le acababan y decía 'Palabra de Dios' y se acababa la discusión.Hoy creo que creer es el camino sencillo para evitar soportar la idea de que pronto dejaremos de existir y ese día todo acabó.

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  2. Griseo Mitran

    En mi caso no tenía ni ética como alternativa. Si llego a tener ética, la habría escogido sin dudarlo, y más después de la buena experiencia que tuve en 4º de ESO (en ese año tuve ética como asignatura separada de religión; los años anteriores a ése no había alternativa alguna a la asignatura de religión).Así, como alternativa a la religión, desde 4º de ESO, podía escoger Cultura Religiosa. En la cual, por lo que sé, se intentan abarcar un buen número de religiones, dándolas desde el punto de vista de la cultura de cada región del mundo. Así según ese punto de vista, los españoles somos una sociedad culturalmente católica, sólo hay que ver nuestra historia y varias obras de la antigüedad.Hay algo en ese punto de vista que tampoco me gusta, y es esa generalización de que la religión se trate como parte de la cultura. Es como si porque a alguien le gustase la cultura de EE.UU., introduzca elementos de esa cultura en su vida, y tenga que plantearse, por tanto, en hacerse protestante porque es la cultura religiosa de allí, cosa que no creo que esa persona haga. Sinceramente me gusta más el punto de vista histórico, en el que se ve a las religiones como lo que son y han sido: armas de represión y obediencia.Como dices es el camino rápido, de eso no hay duda. Es difícil desprenderse de esa idea. Cuando muere alguien a quién conoces y ves su cadáver antes de entrar en el nicho, ese cuerpo sin vida no parece esa persona que conocías. Sin embargo cuando se cierra en nicho con el cadáver dentro lloramos, siendo conscientes de la cruda verdad. Pero esa persona se quedó en nuestros corazones y memorias. No hay forma alguna de saber si hay otra vida después de la muerte, es otro de esos argumentos que no podemos ni negar ni afirmar. Además que, como digo, el espiritismo es una vulgar estafa y no debemos caer en ella. Si alguna religión tiene razón con eso de que hay vida después de la muerte, ya lo veré cuando muera; así que mientras no haya pruebas de ello, viviré como si no hubiera un algo después de la muerte, no quiero perder mis años de esta vida, que es la que tengo segura.¡Un saludo!

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