Ed

El día que enterramos al bueno de Ed fue el día en que sus padres volvieron a recuperar la fe en su matrimonio.

Suena raro. Cuando pensé de inmediato esta frase no estaba seguro de que fuera del todo cierta pero es así. Los padres de Ed nunca habían tenido problemas con su hijo, es más demasiado bueno le salio el niño, o eso pensábamos todos.

Ed era sólo uno más de esos chavales que se dedicaban a ir de un lado para otro del pueblo en su bicicleta y volvían a casa a la hora de merendar, para después quedarse un rato tonto viendo la televisión, hasta que se cansaba y hacía sus deberes.

No era un chico imbécil o engreído, ni tampoco se dedicaba a joder a los demás. No, sólo tenía 11 años, ni siquiera había entrado en la edad del pavo. Es más, ni él, ni los otros chicos del barrio, conocían las maldades del mundo de los adultos.

Ed no era más que un chico normal. De esos que hacen alguna trastada por inexperiencia más que por otra cosa, pero cuando eso pasaba bastaba con una regañina a tiempo y ya no lo volvía a hacer.

Tampoco era un tipo sobresaliente. Hacía todo a última hora y le salía bien, al igual que al resto de chavales de su clase, pero no se esmeraba ni se mataba por el trabajo bien hecho. Simplemente el estudio formaba una parte más de su vida.

A veces me pregunto cómo pudo torcerse las cosas tanto en el matrimonio de sus padres. Ed solía decir que se sentía solo, yo le decía que todos alguna vez nos hemos sentido igual, de hecho debemos aprender a soportar dicho sentimiento y seguir. Le dije que debía de pensar en la soledad de los demás y en cómo podían sentirse. Pero nada, para entonces el bueno de Ed no me atendía, supongo que no le interesaba mi opinión si no iba a ser la misma que la suya. Supongo que en las relaciones humanas sólo cuando nuestras opiniones son iguales hay amistad.

Los padres discutían al menos tres veces a la semana, y siempre por chorradas. Que por qué no cortas el césped, que si mira la comida que se te ha quemado, que cómo te has podido cargar esa camisa justo a final de mes, que si… A veces empezaba la madre, otras el padre. Eso le hacía, según el mismo, sentirse solo en su casa. Y cuándo eso pasaba decía que sólo le quedaba la música.

Grande Ed. Ed no parecía rendirse a pesar de todo. Pero un día pasó lo inevitable. De esas cosas que no salen en las noticias para no alarmar a la población, uno de esos accidentes de trafico demasiado horribles para ser contados y en los que sólo muere una persona. Y cuando sólo muere una persona por un accidente de trafico, la mayoría de las veces es como si esa persona no existiera para los medios.

Ed salió del colegio y yo estaba en la otra acera esperándole. Porque solíamos quedar en la parada de autobús en vez de a la entrada del colegio, porque en la parada siempre había más gente, a parte de que teníamos que coger el bus en esa misma parada.

Bueno, pues eso, como decía el bueno de Ed salió del colegio y comenzó a cruzar la carretera sin mirar, pero en ese momento un camión lo machacó. Lo aplastó tanto que lo que quedó de él era sólo una gran mancha de sangre en la calzada, y una masa aplastada de sangre y tripas que se quedó en la rueda del camión dando vueltas y más vueltas, y que fue dejando una huella roja de su carne, vísceras, venas y sangre durante un largo trayecto del camión. Nos quedamos paralizados ante el impacto del suceso, luego vinieron los gritos que nos sacaron de aquel estado de shock.

Era horrible. No pudimos identificar a su asesino. Seguramente era de esos tipos que cuando mataban a un animal por la carretera, para ellos era un leve bache. Seguro que cuando vio la rueda pensó que era otro maldito perro callejero.

Ed. Nunca supimos quién fue tu asesino. Ni siquiera pudimos enterrarte, sólo recogieron lo poco que quedó de ti en la carretera, después de que tantos coches pasasen sobre tu mancha. Ed mezclado con rueda y alquitrán. Recuerdo que te gustaba el olor a gasolina de los aparcamientos, pero no creo que te merecieras este final, Ed.

Tus padres lloraron como nunca pudieron haber imaginado que llorarían. Mi abuela solía decir que ningún padre está preparado para enterrar a su hijo. Tal vez por eso ya no discuten, ya no están al borde de una crisis, sino están unidos, más unidos que nunca por ese hilo del sufrimiento.

El día que enterramos al bueno de Ed fue el día en que sus padres volvieron a recuperar la fe en su matrimonio.

Esa maldita frase debe de ser cierta.

Notas:
Si publico relatos en este blog serán a razón de uno cada seis meses como máximo. Así que no esperéis ver relatos aquí.
Este relato lo he publicado aquí porque quería comenzar este blog de otra forma que no fuera con mi tan repetido relato de “Cosas de la casualidad”. “Ed” lo escribí hace casi un año, no es cómico como “Cosas de la casualidad” pero tiene un algo que me gusta para comenzar un blog como este “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”.

Anuncios
Esta entrada se publicó en relatos y está etiquetada con , , en por .

Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s