La visita de la ministra

Valido también para España.
Hace unos días en el edificio en el que trabajo tuvimos la oportunidad de conocer qué pasa cuándo una personalidad política, como es en este caso una ministra, viene a visitar un edificio de una institución publica que, además de empresas públicas, también tiene empresas privadas (como para la que yo trabajo) en el interior. Una experiencia que quiero compartir con vosotros en esta entrada.

Para empezar recibimos el aviso de que ella venía el viernes de la semana anterior, y de que debíamos de venir decentes. Hasta ahí todo bien. Fue el día de la visita cuando las cosas se pusieron un poco marcianas.

Entro en el edificio a primera hora, puntual como siempre, y me encuentro a la limpiadora, la cual estaría todo el día limpiando todo el edificio y hasta el más mínimo detalle, de forma inusual (lo normal es que limpie más poco a poco, lo cual es normal, tan sólo hace falta ver los servicios de los tíos para decirse uno pobre limpiadora, la de trabajo que va a tener). Pasados unos minutos recibo un email a mi correo corporativo, indicándonos que tenemos que quedarnos una hora más, ya que la ministra vendrá a las 18:00, justo la hora a la que nos vamos. Eso sí, podremos compensar esa hora al día siguiente saliendo una hora antes o entrando una hora más tarde. Se ve que eso de hacer una visita por la mañana no es para ministros.

Conforme iba pasando el día, el edificio en sí parecía transformarse en otra cosa. Techos recién pintados, carteles y nueva decoración en varias salas, servicios más ocupados que nunca, gente trajeada trabajando en todas las salas (algunas de esas salas la mayoría de días están vacías) y mucha gente nueva dando vueltas por todas partes,… Tras la hora de almorzar llegaron varias lecheras de policía que rodearon la zona, un perro para rastrear la zona (aún me pregunto rastrearla de qué), inspeccionaron las alcantarillas de alrededor del edificio, y policías en las entradas y en el interior del edificio.

Imagínate que tu edificio de trabajo se transforme en algo así como un lugar de sobreprotección, en el que debes de procurar no decir alguna broma inadecuada demasiado alto porque pudiera ser mal interpretada por alguien desconocido que estuviera cerca. Así estábamos a esas horas.

A las 18 horas y pico minutos llegó ella y le enseñaron el edificio. El simple pasillo en el que estaba nuestra sala quedó abarrotado de gente y más gente, se suponía que pasaba la ministra con ellos, pero ni de coña la vimos. Sólo vimos una masa enorme de gente pasando por ese pasillo desde la cristalera de nuestra sala.

Pero no sólo eso, cámaras de televisiones y periódicos digitales enfocaron nuestra sala desde la cristalera, enfocando así desde varios ángulos a nosotros trabajando. Incluso un cámara se permitió la licencia de abrir la puerta de nuestra sala, entrar y grabar lo que hacíamos en nuestros ordenadores, incluso enfocó directamente a la pantalla de una compañera. Todo esto sin pedir permiso y sin hablar, porque para las televisiones todo vale.

Mientras pasaba el séquito del jequ… digo de la ministra, vimos cómo más de un acompañante político intentaba salir en las cámaras cercanas a la zona en la que creíamos que estaba la ministra. Posiblemente fuera para la típica foto, ya saben.

Al terminar de pasar la larga cola de gente, esperamos hasta terminar la hora extra que nos compensarían. Nuestros jefes nos dieron las gracias y nos felicitaron a todos por nuestro comportamiento, y nos fuimos. Pero resulta que la ministra se había ido al aparcamiento a dar su discurso sobre el “emprendimiento” y las iniciativas del gobierno y blablabla, y hubo que tragárselo entero para poder salir.

Moraleja: situaciones como ésta confirman a cualquier trabajador que los políticos viven en un mundo paralelo, que no se relacionan con la gente común, que pasan por cualquier institución rodeados de una burbuja de peloteo de gente y cámaras. Que esto es el día normal de cualquier ministro. Que es normal que vivan en su mundo paralelo de yupi optimista, rodeados de tanta gente que finje quererles (o directamente les quieren), de gente que aplaude sus peroratas que no dicen nada y que después les llaman con su “qué hay de lo mío”, y es normal que los políticos luego respondan que sí cuñado, que sí amiguito del alma, que claro primo mío, que por supuesto compi,… ¡Y así estamos!

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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

2 pensamientos en “La visita de la ministra

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