Derrota

¿Queréis escuchar hasta el final? Esto no es un drama; es una farsa, aunque no lo parezca. Si llegamos al final pasará lo de siempre: vosotros os levantaréis para aplaudir, y nosotros saldremos varias veces a saludar, y seremos cómplices de la farsa, de vuestra farsa. Luego volveréis a vuestras casas y todo seguirá igual. Seréis tan corruptos, tan hipócritas, tan mierdas como siempre. Pero tendréis la conciencia tranquila porque sois modernos, porque habéis aplaudido a rabiar una obra de izquierdas muy dura, “durísima tío…” No estáis de acuerdo con el mundo que os ha tocado. Pero no hay salida, no podéis cambiarlo. Hay que aceptar las reglas del juego. Pero vosotros no sois culpables, porque todavía sois capaces de echar una lágrima por la revolución que no pudo ser. Sois unos farsantes hijos de puta que merecéis mi más profundo desprecio. Durante un año he sido vuestro bufón. Me avergüenza no haber tenido el coraje de hacer esto mucho antes. Me niego a seguir siendo vuestro cómplice. ¡Venga, que siga la farsa! pero a partir de esta noche no contéis conmigo.
Dante, de la película “Martín (Hache)

Te despiertas en casa de tus padres. Tras dos meses que llevas en paro ves que las cifras siguen subiendo. Veo comercios que se crean y a los pocos meses cierran. Veo gente que prácticamente desaparece desde que terminé una carrera que, realmente, no ha servido para nada, porque trabajas y lo ves, ves que gente que meramente hizo unos pocos cursos de programación o un módulo con una o dos asignaturas de programación, están ahí. Hola, pasaste cinco años de tu vida perdidos, error, aunque al menos cambiaste a una técnica a tiempo.

Así es mi vida. Yo también estoy harto y es el enésimo post en internet de otro español que está harto, otra más de esas entradas mierder que aparecen en menéame o en las redes sociales como “dice verdades como puños”, y joder, que claro que digo verdades, pero son mis jodidas verdades que no tienen por qué ser las de todos. No son verdades como puños, nunca fueron verdades como puños. Y no, no quiero aparecer en portada de menéame, ni que ésta sea una entrada supercompartida en redes sociales. Sólo quiero contar algo para desahogarme como aquellas veces que cuento algo personal, como quién lanza un mensaje al abismo, no ser entrevistado por el programa de Pepa Bueno en La Ser, ni ser una de las voces de la crisis del mismo, ni ningún locutor o famoso me nombre, tampoco ser portada de menéame. Porque no soy un modelo a seguir, no me considero alguien tan ejemplar.

Lo peor de todo eso de buscar estudiar algo que “te dé trabajo” es cuando tienes que crear una pasión. Yo me di cuenta casi al final que lo que realmente me gustaba eran las letras, justo cuando marqué aquella casilla en la que debajo de aquella carrera que hice marqué dos asignaturas de letras (esas asignaturas que marcas “por si acaso” no entras en la primera carrera que marcaste). Yo me creé una nueva afición, afición a programar, afición a picarcódigo. Una afición además frustrada, porque cuando trabajas en esto descubres que lo que a todo el mundo le falta es esa afición, cuando descubres que la inmensa mayoría de gente se mete en esto porque hay trabajo de esto. Hacia el final de la carrera muchos suelen estar inspirados, con esta afición, pero lo cierto es que éste es el curro de matar a la afición. Cuando trabajas en esto es cuando decides que la afición deja de ser divertida y pasa a ser aquellas horas delante de un ordenador y comunicándote por un puto chat del trabajo con alguien que tienes a sólo una mesa de ti o justo al lado, pero como es un asocial de la hostia no es capaz de levantarse y decir lo que te tiene que decir, y cuando no tres ventanas con tres jefes de diferentes niveles insistentes queriendo, cada uno, que les prestes toda tu atención. A todos nos pasa, entonces nuestras aficiones pasan a ser otras: pádel, el futbito, ser un máquina de las series, aprender un nuevo idioma, hablar mucho sobre cuánto odias de fuerte Telecinco,… son tan típicas, es todo tan predecible, a mí me dio por recuperar la lectura (afición que casi a ningún programador le gusta), a casi todos les da por viajar cada vez que pillan una semana de vacaciones (eso de ver mundo, pero irse a Las Canarias no, irse a un lugar caro y muy lejano, a ser posible oriental para quedar de extravagante, y en que harás lo mismo: el turista), el problema es que para viajar sueles tener que ir con alguien o con un grupo de turistas.

La gran mayoría de programadores tienen de pareja a una enfermera, la gran mayoría de programadoras tienen de pareja a otro programador, cada vez que ves a una programadora en una facultad o trabajo hay cuatro tíos caminando con ella. El ambiente de una programadora suele ser un ambiente rodeado de ciertos tíos que te miran como pensando en violarte, cuando no, te encuentras que te llaman orco a tus espaldas porque no te maquillas y ni llevas taconazos. Pero tranquilas, esos tíos son unos amargados de la vida, lo sé porque lo he visto, les escuchaba cada mañana contando chistes machistas sin gracia, les veo por todas partes lloriqueando de que hay pocas tías en la profesión, cuando no, van diciendo por redes sociales que a las niñas hay que educarlas obligándoles a no jugar con muñecas y sí con Lego para ser ingenieras (hola Juan Macias, ex-informático dedicado a la industria de juguetes, ¿te acuerdas de nuestra discusión en tuiter en la que te dije que eso de obligar a jugar con algo era manipular y que la niña debía de escoger sus juguetes y tú que si “es más justo acaso que la televisión las manipule”? Pues todavía sigo en mis treces de que si algún día tengo una hija, si ella quiere muñecas, yo le regalaré muñecas).

Luego, después de darme por leer libros, me dio por aprender un idioma y continuar con mis estudios haciendo la continuación de mi carrera (para completar el error, por “aprender algo mientras trabajo”). La formación continua (al menos en mi caso) es en sí misma un error tras otro, si haces un curso de, por ejemplo, Android, a menos que tenga compromiso de contratación en la mano o unas prácticas en empresa, pocos te van a contratar por ello, te contratarán en cambio si has hecho una aplicación que se ha descargado mucha gente o si has trabajado de Android (pero siempre que no esté el “cuñado/familiar/amigo…” de turno, el “¿qué hay de lo mío?”, en la entrevista de trabajo, en ese caso date siempre por perdido sepas lo que sepas). Lo único que parece que sirve es el nivel alto de inglés, si no les da por pedirte además el idioma de moda. Y me da rabia cada vez que digo a alguien esto de la formación continua, tanta que ya paso de decirlo. Una de las cosas que he aprendido en este año pasado es pasar de dar consejos que ya sé que no van a seguir, porque siempre estará ahí el discursito motivador de Steve Jobs en cierta universidad para hablar de seguir los puntos que “te vienen en la vida”, como si de una nueva magia toda tu vida estuviera envuelta. Siempre habrá una mierda de vídeo o audio de algún coach que convencerá más a la gente porque dice “cosas muy bonitas e importantes en la vida”, porque es realmente muy bonito lo de “no hay que mirar al fracaso y si hay que morir joven, al menos has tenido una vida bonita”. Pero la verdad es que lo único que tengo es mi vida, y cuando tienes alguna experiencia cercana a la muerte os aseguro que lo ves con tal claridad, con una revelación instantánea (un coche en una rotonda choca de forma impresionante con otro coche – ambos van a toda velocidad -, tú te salvas porque estás en un coche de autoescuela y tu profesor frenó a tiempo, desde que tengo el carnet de conducir no conduzco, no es sólo que no uso el coche de la familia, es que además no quise comprarme un coche cuando comencé a trabajar), ves que lo único que tienes es tu vida y que quieres conservarla, que quieres seguir aunque sea por curiosidad a ver qué pasa después.

Y no, Risto Mejide, no me digas “no busques un trabajo” para que me haga emprendedor. No tengo clientes a los que vender algo, soy nulo para mantener contactos sólo por interés. No voy a montar una frutería donde ya hubo una frutería que fracasó, un bar justo al lado de otro bar, u otra tienda más de cigarros electrónicos y que ello a los tres meses me habrá creado tal deuda monstruosa que habré tenido que cerrar. Si creará un negocio me gustaría que fuera solvente a largo plazo y no soy capaz de pensar a largo plazo. Desde la sagrada atalaya es tan fácil predicar con el emprendimiento, si fallas eres el mal ejemplo para ellos porque cometiste un error que blablabla y tienes que formarte en blablabla, y si aciertas el acierto es del gurú de los emprendedores y ahora tú formarás parte de su club. No todo el mundo puede ser emprendedor, hay personas que tienen un don para serlo y otras que no. Sí, mi don es el de liderar incluso en situaciones de estrés, soy bueno en ello y me lo han dicho gente que he tenido de superior, pero no podría, además de eso, llevar un negocio con una agilidad y paciencia impresionantes, no tengo ni siquiera ego para poder fardar de un posible propio negocio, ni siquiera puedo decir “estoy seguro de” porque mi frase de hace varios años es “no estoy tan seguro de”.

Debo de buscar el trabajo de mi vida, me decís. Ya no sé cuál es el trabajo de mi vida, ya no sé ni siquiera cuál es el estudio de mi vida. La perfección murió cuando cumplí los 21, a partir de esa edad todo fue decadencia, en todo hay un lado cutre. Y da la casualidad que justo cuando las cosas se ponen más bonitas, cuando es el momento álgido en alguien o de un sitio, ya no estoy junto a esa vida o en ese lugar. Tengo ese extraño don y lo peor de todo es que desde que salí de la facultad no ha pasado absolutamente nada, nada que me duela, ni que me agrade, nada que recordar, toda experiencia me es tan predecible. Como si el tiempo se hubiera congelado en mi 23º cumpleaños. Muchos amigos desaparecieron de repente, otros amigos no quieren salir de sus casas y yo me quedé aquí en un punto entre irme también o quedarme. Lo importante en la vida es hacer unos buenos contactos, ahora decís, cuando antes estos mismos decían que lo importante era hacer una carrera y dejarse de amigos y novias, y que si el esfuerzo, y que si pufff…. Lo importante en la vida siempre ha sido la magia esa de estar en el sitio adecuado y en el momento adecuado, y eso no nos sucede a todos los mortales.

Claro que hay buenos políticos, claro que hay buenos empresarios, buenos trabajadores, claro que el mundo está lleno de buenas intenciones, yo mismo estoy lleno de ellas. Pero no hay nada realista. No hay a quién votar que dé con una solución, nadie que quiera definir unas nuevas reglas del juego que nos salven de esta mierda que nos ahoga. Ves ruedas de prensa en las que hablan con la mitad del discurso sin decir realmente nada (todo vacío), ves o escuchas un rato el congreso de los diputados y lo que ha sucedido hoy en la guardería de tu barrio seguro que es parecido a ese teatro, encima miras twitter o un periódico y tanta gente hablando tan serio y cagandola al mismo tiempo, gente que además tienen miles de seguidores, y son algún tipo gurú mesías predicador serio de la hostia de algo (me encanta lo de “¿por qué no se revoluciona toda España y por qué nada estalla?” dicho por tanta gente que están en una situación que no se revolucionaría ni de coña).

Yo, al menos, ya comienzo a aceptar mi derrota (ésta que comenzó hace tantos años y no quise admitir), aunque aún no tengo ni idea de cómo levantarme.

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Esta entrada fue publicada en my life el por .

Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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