Los coches

La segregación urbana continuará, ya que la circulación automovilística, que es el principio organizador del espacio suburbano, así permite hacerlo, difiriendo hasta el infinito, en un movimiento casi exponencial, le lieu du ban. El automóvil se ha impuesto como el producto-piloto de la sociedad industrial, y en los países ricos es lógico que los amotinados quemen coches desde que éstos obstruyen las calles y sobre todo desde que las calles han sido suprimidas, reemplazadas por cinturones adaptados a la circulación de dichos artefactos. Los planificadores no habrían podido concebir la extensión de los suburbios de ciudades-dormitorio de no haber contado con que los habitantes de esta Suburbia[1] acabarían todos — o casi — por dotarse de esta prótesis convertida en indispensable. Cuando se vive en Suburbia, no tener automóvil es estar condenado a la marginación absoluta, sin escapatoria posible.

Al quemar los coches, los jóvenes la emprenden con unos objetos que de inocentes no tienen nada. En su concepción misma, el automóvil encarna el encierro. Este habitáculo prolonga el domicilio privado — cuyo estatuto legal posee, por lo demás, ya que la policía no puede (es un decir) penetrar en él sin una orden de registro. El automovilista — encerrado en su lata de sardinas con la radio o los CD, el portátil, la calefacción y la climatización — resume a la perfección la condición inhumana del habitante de los suburbios: separado radicalmente de los demás, pero con un mínimo de confort personal. No es de sorprender que la agresividad sea la norma de conducta de los automovilistas: el tráfico rodado es una metáfora de la sociedad en la que vivimos, en la que al otro no se le tolera más que a distancia. Pero por encima de todo, el coche, con la movilidad a la que incita, encarna el encierro cada vez mayor de los neourbanitas en trayectorias solitarias: ofrece libertad de movimiento a cambio de aislamiento creciente, lo que vuelve ilusoria esa libertad. Mientras tanto, los coches arden: veinte mil en toda Francia en 2004, y veintiocho mil durante los nueve primeros meses de 2005; todo eso sin contar el otoño caliente.

[“¿Chusma?”, Aléssi Dell’Umbria]


Notas:
[1] Con Suburbia se refiere al total de las zonas de los suburbios.
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Esta entrada fue publicada en gente el por .

Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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