Desde la página 200

Libro verde viejo
Todo comenzó por febrero.

Pierre había fallecido tras unos años con demencia senil. No quería comer, ni tomar las pastillas, tenía alucinaciones y estaba como asustado la mayor parte del tiempo, aunque algunas veces tenía momentos de lucidez y soltaba aquello de “hay que ver lo que os estoy haciendo sufrir, no sé qué me está pasando pero soy la desgracia de la familia”. Luego pasó al siguiente estado de momentos de violencia extrema, hubo que retirar todos los cuchillos de la casa y su esposa se fue a dormir a casa de su hijo porque ya no soportaba escuchar “te voy a matar” o “te voy a rajar el pescuezo” cada dos por tres. Su marido nunca le había puesto la mano encima, ni le había insultado ni amenazado jamás, pero esa enfermedad le volvió loco. Finalmente cuando la familia se rindió hubo que llevarlo, por la fuerza, a una residencia, y allí se mantuvo vivo durante un mes. A la semana siguiente de su estancia en la residencia, Pierre no recordaba ni quién era su esposa, ni sus hijos, ni sus nietos. Le visitaban dos veces por semana y él les preguntaba que quiénes eran. La semana siguiente estaba durmiendo de forma tan profunda que ni pudieron despertarlo, pero Pierre seguía con vida. Tras la tercera semana de estancia se lo encontraron atado en su cama, pero igualmente inmerso en un sueño profundo. A finales de la cuarta lo llevaron de urgencias al hospital.

Cuando Pierre murió, comenzó el reparto de las que habían sido sus pertenencias, y lo que nadie quisiera se iría a la basura. Pierre se pasó toda su vida acumulando cosas entre para tener una vida más “cómoda” y el no tirar nada “por si acaso hace falta algún día”, la gran mayoría de esas cosas terminaron en la basura. Sus hijos no querían casi nada, incluso ninguno de ellos quería un gran reloj antiguo que a Pierre le costó meses de sueldo, y el cuál habría sido tirado a la basura de no ser porque la viuda dijo que se lo llevaría a casa de su hijo (donde de ahora en adelante viviría). Ni siquiera querían los álbumes de fotos, los cuales se los quedó también la viuda porque no quería que acabasen en la basura. “Criar hijos para esto”, decía la viuda cada dos por tres durante el reparto.

Puede que no fuera el momento más polémico, pero a la hora de repartirse los libros hubo broncas de todas las maneras posibles que la lengua hablada les permitió. Al final fue la viuda la que decidió con qué libro se quedaría cada cual, según a su juicio lo que hubiera querido Pierre cuando conservaba sus facultades mentales intactas. Ya que desde que tenía la enfermedad parecía ni recordar su afición a la lectura.

Casualmente el hermano más mayor, que casualmente era el hermano más abusón y el ojito derecho de su madre, se llevó la mejor parte de la biblioteca.

Ya en su casa, con la adquisición, el hermano mayor fue observando uno a uno los libros. Uno de los libros no tenía ni título, ni autor. Era un libro fino, a simple vista tendría sobre unas doscientas páginas, tamaño de edición normal y con una cubierta de tela que era de color verde oscuro, y con un pequeño símbolo blanco en la esquina inferior izquierda de la parte trasera del libro, el cual parecía un carácter árabe. Y en la primera página sólo había una frase. Tras leer, por primera vez, la primera página, nunca pasó a la siguiente. Leyó la frase en silencio, el libro cayó al suelo y se cerró de golpe. Y él se quedó sentado en un sillón, mirando a la pared como quién mira al infinito.

Su esposa le preguntó una y otra vez pero él contestaba que no le pasaba nada. Cuando ella fue a coger el libro del suelo para leerlo, él no opuso resistencia alguna. La reacción de ella fue tumbarse en el sofá y quedarse mirando el techo. Y nada más. Se quedó mirando el techo hasta que vino su hija de la universidad, la cual cuando le preguntó qué le pasaba, y le contestó que se fuera a su habitación que seguro que tenía muchas cosas de la universidad por estudiar. Le dijo eso y que no la molestara más.

La hija se quedó pensativa, “¿qué no la moleste? ¿Acaso es tan grosero preguntar ‘cómo estás’ cuando es evidente que te pasa algo?”. Así que en vez de irse a su habitación se fue a la cocina a comer algo. Cuando volvió al salón dijo “¿Cuánto tiempo pensáis quedaros así?”, y el padre “no me pasa nada” y la madre “no me molestes, vete a tu habitación que tienes mucho que estudiar”. Así que puso la televisión en el mismo salón, pero ellos ni la percibían. “Me estáis asustando”, “no me pasa nada”, “no me molestes, vete a tu habitación que tienes mucho que estudiar”.

Así que llamó a urgencias, pero mientras llamaba se dio cuenta de un libro que estaba en el suelo, “¡Incluso han dejado un libro en el suelo! ¡Con lo cuidadosos que son con los libros! ¡Esto es increíble!”. Cuando colgó el teléfono recogió el libro del suelo. Le llamó la atención que no tuviera título, ni autor, así que no pudo evitar abrirlo para ver si en la primera página venía algo. El libro volvió a caer y a cerrarse de golpe. Pero en su caso fue diferente, ella simplemente se encerró en el baño y se quedó mirando fijamente a sus ojos en el espejo.

Los bomberos tuvieron que echar abajo la puerta para que el personal de urgencias entrase. Nadie les abría la puerta, nadie descolgaba el teléfono. La policía también se encontraba fuera y los vecinos no hacían más que asomarse especulando a qué venía tanto alboroto, “no lo entiendo, es una familia normal, ¡y siempre me saludaban!”, decían. Una persona del personal de bomberos vio el libro y tampoco pudo evitar leer la frase de la primera página, los otros, escuchar caer el libro (y, una vez más, cerrarse de golpe) y ver cómo su compañero se sentaba en el suelo y no hubo forma de entrar en razón con él, comenzaron a sospechar. Sólo otro más de ellos leyó la línea en silencio y cayó en la trampa, ninguno de los otros quiso ni tocar el libro y sin embargo sentían como una gran atracción por él. Era como si el libro estuviera eligiendo a su próxima víctima. Así que uno de los bomberos de un puntapie lo lanzó debajo de un mueble, para que así nadie más pudiera caer en desgracia. Tras ello se abrió sola y de golpe la puerta del baño, desvelando que la hija se encontraba allí desangrándose en el suelo y en el espejo, en grande, el símbolo de la esquina del libro escrito con la sangre de cierta vena de su muñeca izquierda. Los enfermeros la asistieron y rápidamente la llevaron al hospital para salvar su vida.

Tras los médicos realizar un rápido examen previo a las personas afectadas, varios psicólogos (uno por afectado) entraron en acción. A pesar de ser de los mejores psicólogos, con varios años de experiencia, les costó dos días lograr que reaccionasen. Lo lograron milagrosamente gracias a una becaria, la cual hasta las narices de estar allí sin hacer nada, a su juicio, de utilidad, realizó, sin querer y sin mala intención alguna por su parte, un sonoro bostezó delante de la mujer tumbada en el sofá. La mujer parpadeó y como si despertase de un mal sueño se inclinó rápidamente hacia delante, pegando la becaria un gran salto hacia atrás para no recibir golpe alguno. La mujer parecía ya encontrarse en un estado normal, salvo que alguna que otras veces se quedaba mirando al vacío, pero tras una semana de terapia ya no quedó secuela alguna. El resto de afectados salieron del trance igual que aquella mujer y también requirieron de una semana de terapia para eliminar toda secuela.

El bostezo había que realizarlo en un determinado tono e intensidad que los psicólogos tuvieron que aprender de la becaria. La becaria patentó su bostezo. Posteriormente el bostezo fue estudiado por los mayores especialistas en campos de biología y psicología, no sin antes pagar grandes sumas de dinero a quién lo patentó.

Nadie tras salir del trance sabía explicar qué decía aquella línea. El primer hombre de esta historia que leyó aquel libro pareció recordar más detalles:

“Recuerdo que esa línea no estaba escrita en lengua alguna que yo conociese. Ni siquiera las letras son las que se usan en lengua alguna que yo conozca, y están escritas a un tamaño de letra normal y justo en la parte de la página donde debería comenzar el texto de una página en mitad de un capítulo cualquiera. A pesar de la barrera del lenguaje entendí a la perfección lo que decía. Era como si fuera mi lengua natal de toda mi vida. No recuerdo exactamente qué decía pero era como… Va a parecer una locura lo que voy a decir pero ¿sabes cómo es esa sensación de que estás mirando algo, lees algo que te choca y que lo ves relacionado con un momento de tu vida o pensando sobre tu vida, y te sientes como abajo del todo? Es como… como si nada tuviera ya sentido. Sientes que no eres lo que querías ser, que no haces las cosas que deberías hacer y que ya hagas lo que hagas da igual. Y te sientes como abajo, como muy abajo de todo. Sientes que lo que te pasa es real y duele. Tras leer aquella línea sentí ese efecto multiplicado por un millón, era como si hubiera sido enviado al mismo infierno, a un lugar donde el miedo y el dolor se fusionaran y estuvieran tan dentro de ti que fueran uno mismo. Es una experiencia que no le deseo a nadie, además que no creo que todo el mundo pudiera sentir esa cosa y querer seguir vivo mientras la siente”

Otra cosa extraña es que los afectados no escucharon bostezo alguno, sino una voz que les decía “¡DES-PER-TAD! ¡DES-PER-TAD!”.

En Cuarto Milenio hablaron en un encendido debate sobre el libro. El lado conspiranoico del debate decía que, según las investigaciones del programa, se trataba de un grimorio que databa de años antes de la escritura griega, que debe haber sido escrito por algún demonio, los aliens o algún ser desconocido y que la primera página invocaba un hechizo maligno. En cuanto al símbolo de la esquina un experto del lado conspiranoico de la mesa decía que significaba “Nabucodonosor II” pero al revés y todo junto (“Iirosonodocuban”) y ése era el nombre del grimorio, “¡Yo no salgo de mi asombro!”, dijo Iker.

Sólo la viuda se atrevió a sacar el libro de debajo de la estantería, diciendo que ella lo había leído en varias ocasiones y no le había pasado nada, que era inmune a sus efectos. También era cierto que la viuda era analfabeta, pero eso ayudó a que la investigación de Cuarto Milenio diera sus frutos, ya que fue la única en pasar de la primera página, de hecho la viuda lo leía al revés. La última página lanzaba un hechizo de escudo contra el hechizo de la primera, la penúltima un escudo contra el hechizo de la segunda,… y así sucesivamente. Pero si leías el libro al revés sólo entendías la mitad final del libro, ya que los hechizos benignos impedían que entendieses lo que decían los hechizos malignos.

Según las investigaciones de los conspiranoicos había 99 hechizos y no se sabía exactamente para qué eran algunos. La viuda dijo que el marido se lo solía llevar a su trabajo a menudo, en especial tras una bronca, “y tras volver del trabajo con el libro en la mano venía con una sonrisa de oreja a oreja”. En aquella empresa, durante el tiempo que Pierre trabajó, hubo 63 casos de depresión con su posterior suicidio, 60 de parálisis cerebral sin recuperación alguna, 4 muertes por enfermedad rara y grave, 3 casos de directivos que murieron por una especie de diarrea crónica y muy dolorosa, 7 casos de gente que murieron porque misteriosamente su estomago devoró sus intestinos delgado y grueso y la laringe,… La empresa nunca investigó todas aquellas muertes, es más logró por todos sus medios de que nunca salieran a la luz. “No queríamos mala publicidad a nuestra marca, y más después de aquel ERE que hicimos que nos montaron una huelga que duró meses ¡Lo que nos costó que se rindieran los hijos de puta! ¡Cómo para despedir a Pierre y que luego largase todo lo que había pasado allí! Y al final para nada, porque como todo el mundo sabe nuestra empresa quebró y tuvimos que darle una paguita hasta que se jubilaran a toda esa gente que trabajó para nosotros”, declaró un ex-directivo. Según algunos testigos algunos días Pierre dejaba, en su sitio de trabajo, el libro abierto por una página elegida por él y llamaba a alguien para que le explicara una cosa, ese alguien leía la línea del libro sin quererlo. Todo indica que tras la jubilación de Pierre hubo más afectados por estos hechizos principalmente gente que despertaban a Pierre de la siesta o trataban de timarle en pequeños o grandes comercios.

Por su parte el lado escéptico argumentó que aquella zona siempre ha sido dada a enfermedades extrañas, tanto físicas como psicológicas, cierto que había en esa localidad toda una fauna de insectos, virus y bacterias casi desconocida, pero también había una gran endogamia en la población desde tiempos muy anteriores a que la familia francesa de la que procedía Pierre llegase. De hecho, decían, varios médicos y psicólogos aún estudiaban algunas enfermedades asombrosas en dicho poblado. “Antes de la llegada de aquel libro, se decía que era debido a fantasmas, antes de eso que si era debido a demonios y brujas; siempre se le hecha la culpa a una absurda creencia cuando la ciencia aún se encuentra hallando la respuesta. Puede que dentro de seis o siete años ya tengamos la respuesta, gracias a las técnicas más innovadoras”. En cuanto a la letra extraña con la que se escribió, un médico del lado escéptico declaró que era la clásica letra que tenían los médicos como él, incluso escribió en riguroso directo una receta para probarlo.

– Y si tanto saben, ¿qué me dicen del símbolo? – preguntó alguien del otro bando.
– Claramente se trata de una mancha cualquiera de pintura blanca.

Dijeron eso y que querían que el lado conspiranoico leyeran unas cuantas líneas de las primeras páginas para probar si lo que decían los que alegaban al pensamiento mágico era verdad. Que hasta que no lo hicieran todo ese lado opuesto de la mesa al completo, no se creerían nada.

La viuda fue la que al final se quedó con el libro, la cual dijo que de tirarlo o quemarlo ni hablar. Que era el libro favorito de su Pierre y se lo había regalado el padre de Pierre cuando se jubiló.

Canción instrumental, con coros y orquestada, nada de gritos ni guitarras.
Perfecta para la noche y a modo de regalo por leer esto.
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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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