Los otros campos de concentración

Hace unos días me dio por volver a escuchar esto tan jodido:

La historia trata del padre de Mike Shinoda y está cantada por su hijo, el famoso rapero de Linkin Park. El campo de concentración estadounidense en el que estuvo fue el de Manzanar[1]. Hubo muchos más en EE.UU.[2]

Si bien hubo privación completa de la libertad y de la privacidad, un cierto tratamiento de los japoneses como si fueran animales, nada de comunicación alguna con el exterior,… y tantas características típicas de cualquier campo de concentración, no hubo esa industria de la muerte de los lagers alemanes, y, en fin, morías por cosas como intentar escapar si te disparaban y acertaban de lleno.

Estos campos de concentración eran un espacio al aire libre rodeado de muros y torres de vigilancia. El espacio estaba lleno de pequeñas casas donde vivían los japoneses. Eran autosuficientes, por lo que los mismos japoneses debían de cultivar su comida y prepararla.

Tal y como cuenta la historia de la canción tras el ataque a Pearl Harbor gentes del gobierno y los medios de EE.UU. se dedicaron a lanzar mensajes racistas hacia los japoneses, pasando por rumores de posibles ataques terroristas o levantamientos armados por parte de los japoneses residentes en EE.UU., hasta alcanzar la decisión de encerrar a todo japones en EE.UU. y en Latinoamérica (a excepción de Argentina, Paraguay y Chile) en estos campos de concentración. De esta forma 110.000 japoneses y descendiente de japoneses fueron perseguidos y despojados de todas sus posesiones y ahorros, los cuales pasarían a ser del gobierno (fueron considerados propiedad del bando enemigo) y arrastrados a esos campos dentro de EE.UU. bajo una vigilancia exhaustiva, tratados como inferiores y obligados a trabajar en las tareas del mantenimiento del campo de concentración.

Campo de concentración de Manzanar, California.

Campo de concentración de Manzanar, California.

 
Los campos de concentración no se cerraron hasta el final de la guerra, cuando el ejercitó americano lanzó las famosas dos bombas atómicas. Tras el final de la guerra los prisioneros fueron liberados, y les dieron únicamente un ticket de tren y 25 dólares[3]. Siete años después el gobierno estadounidense ofreció compensaciones de 20.000 dólares a las victimas, pero no recibieron el dinero hasta varios años después y en países como Perú no llegó indemnización alguna[4]. Las disculpas por la reacción histérica y racista, en cambio, tardó 37 años en llegar, hasta 1988 no se disculpó el gobierno por los hechos.

Unas décadas antes de la segunda guerra mundial, en 1902, los británicos en la Segunda Guerra Boer encerraron a los bóeres (sobre todo mujeres e hijos de los combatientes y ancianos) en campos de concentración. En un inicio fueron pensados para albergar en ellos a refugiados pero finalmente los usaron como prisiones. Condiciones insalubres y raciones de comida escasa. En ellos fallecieron 27.927 bóer (22.074 de ellos eran niños menores de 16 años) y cerca de 20.000 africanos negros[5].

Aún así mucho pero que muchísimo cuidado con esto. Estos datos los neonazis los suelen utilizar para justificar que Hitler no era tan malo y que si “total, los campos de concentración estaban como de moda”, cuando desde luego lo que hicieran otros sigue sin hacer bueno a Hitler. En Alemania hubo como una industria de la muerte y cualquiera que lea sobre el tema quedará horrorizado. Lo que trato de decir con todo esto es que Reino Unido y Estados Unidos no son precisamente los sagrados profetas que muestran un sagrado sendero de un dios que todos debemos de seguir, aunque al mismo tiempo no fueron tan jodidamente malvados y destructivos como Hitler ni antes ni durante la segunda guerra mundial. Y ojo tampoco en Japón fueron precisamente unos angelitos con los campos de concentración que montaron durante aquella guerra[6].

Lo que yo creo es que la cuestión, más que buscar quién fue el malo de la película, es ese clásico de recordar las atrocidades sin importar el bando. Lo bueno de que ganaran los aliados fue que nos libramos de Hitler y Mussolini (un enorme punto a favor), pero la victoria no fue nada limpia pues la guerra terminó con la caída de dos bombas nucleares en dos ciudades donde no había conflicto armado alguno, la primera de esas bombas cayó justo encima de un hospital y todavía muchos americanos llevan ese final de la guerra con orgullo porque dicen que, total, el que murieran tantos inocentes civiles fue lo que trajo la paz en el mundo[7].


Notas:
[1] En “Outside the Park” hay una entrevista a Mike Shinoda en la que habla sobre su disco en solitario, en el que se incluye esa canción. En fin, en el artículo esto es lo que dice del tema:

The song Kenji explores the experience of Japanese-American internees during World War II in America and featured recordings of Shinoda’s family members.
“Kenji was my family’s experience in America during the Second World War. In the 1940s, my dad and my aunt were put in interment camps like a lot of other Japanese Americans and they faced a lot of racism whether it was at work or school.
“The generation of Japanese Americans who experienced it then, their philosophy was ‘it can’t be helped’ and chose instead to look towards the future and not talk about it.
“I think it worked for them at that time but now with the younger generation, I don’t think that philosophy works anymore. So I wrote the song in order to tell the story and let it be out in the open and something we can talk about. I think the time is appropriate for things to be out in the open.”
Shinoda learned of his family’s experiences when he was young and remembered during the Reagan administration in the 1980s how the president made a public apology to the Japanese Americans who were put in internment camps and who were also repatriated.
“They were not paid very much. However, the most important thing was the public apology he made,” said Shinoda.

[2] Campos de Concentración en Estados Unidos (exordio.com).
[3] Campos de concentración para japoneses en los Estados Unidos – Wikipedia
[4] Cuando la justicia tarda y no llega: Memorias del abuso, Daniel Goya Callirgos (Descubra Nikkei, 14 Out 2008).
[5] Guerras de los Bóeres – Los campos de concentración – Wikipedia.
[6] Salen a la luz las atrocidades con prisioneros en los campos japoneses, Sin firma (El País, 17 ABR 1992).
[7] Los dos pilotos de Hiroshima, José Pablo Feinmann (pagina12).

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