El pesado de las series

Imagen de una oficina

La gracia es que esta imagen es de la wikipedia.
Hubo una época en la que uno hablaba con los amigos o compañeros de colegio/instituto/facultad/etc de lo que había visto en la televisión el día anterior, pero esa época ya acabó. Fue antes del streaming, fue un momento en el que se podían descargar las películas tan rápido que ya lo de descargar series no parecía tan de bicho raro. Así que ahora estamos en la era de fardar a ver quién está más lejos de Telecinco (que si “tengo desintonizada Telecinco”, “pues yo no sólo eso, además arranqué el 5 del mando a distancia”, demás ejemplos para hacerse el mejor) y si puede ser fardar de ni tocar la televisión, mejor.

Ya de por sí antes me resultaba raro seguir una serie, pero cuando comencé a trabajar en oficinas es cuando ya dejé del todo el tema del seguir series. Dentro de una oficina el tiempo se alarga y sólo estás tú, tus compañeros mirándote de vez en cuando y el trabajo. Al igual que con todo trabajo, cuando sales de ese maldito lugar tienes ganas de hacer tantas cosas, pero tan poca energía que al final no acabas haciendo otra cosa que no sea descansar. Hasta que llega el fin de semana que es cuando puedes vivir algo, pero son sólo dos días (con suerte, porque en algunas empresas sólo un día) y poco a poco vas dejando más y más cosas pendientes para las vacaciones.

Es entonces cuando uno se pregunta qué hacer en esos ratos muertos en los que no tienes ganas de nada. Tal vez sea porque es lo que llevo haciendo desde que tenía 11 años, elegí leer y poner la televisión cuando estoy tan hundido que necesito dejarme llevar por lo que sea, pero la mayoría de gente que conozco elige ver series descargadas vía Internet, todas estas opciones son entretenimiento y no tiene por qué ser una mejor que otra para todo el mundo. Pero nada, que si la tele es el opio del pueblo y demás discurso blablabla, pero luego gracias a Internet están consumiendo televisión en cantidades industriales. Y lo que es más gracioso, series americanas interminables con sus americanadas. El clásico hombre blanco que tiene que afrontar un problema enorme, pero tranquilos hijos, él os salvará, aunque para ello y gracias a un argumento enrevesado del tipo “no hay otra opción” tenga que realizar un acto nada ético, o cuando no, otra copia de esa serie que idealizaba lo guay que es compartir piso en la treintena, como preparándonos para la que se nos venía encima.

Es en esas pausas en el almuerzo cuando te sientas junto a gente que no sabe de qué hablar que no sea de sus preocupaciones o de su trabajo. ¿De qué puede hablar a diario gente cuya vida está condensada en dos días a la semana? A veces hay algún tipo que aprovecha a lo grande su tiempo libre después del trabajo y tiene más temas de conversación, pero suelen ser una minoría. Cuando hay liga de fútbol o pádel en la empresa (esto ocurre sobre todo en grandes empresas o en lugares donde se concentran tantas empresas que pueden hacer ciertas actividades entre ellas), los tipos que participan en esos eventos hablan de los partidos entre sus compañeros de empresa. Y que si ya sólo te quedan 37 días para tus dos semanas de vacaciones, y que si vas a visitar un montón de sitios y hacer tantas cosas que te gustaría hacer, y que si vas a desconectar un montón; oh, pues yo no he contado todavía cuántos días me quedan, pero me queda tanto. Que he escuchado tal cosa en la radio, que sí, que el programa éste de la emisora ésta está muy divertido, que si lo estuve escuchando mientras hacía ese montón de trabajo tedioso y repetitivo y se me hizo el día más ameno.

Las conversaciones a veces se hacen tan eternas. Todos quieren decir algo, pero no tienen nada que decir. Todo el mundo está deseando salir pitando de ese horrible edificio y pensando en hacer un algo de su larguísima lista de cosas pendientes.

A veces acabas pensando en que desearías cobrar menos y tener más tiempo libre, pero es entonces cuando miras los gastos que debes afrontar cada mes. No eres un privilegiado y no hay salida. Así que ahí estás tú frente a otro día más en la oficina a aguantar al pesado de las series a la hora del almuerzo, que cada vez que abre su boca ya sabes por qué no pueden abrirse las ventanas. Todos lo están deseando escuchar menos tú. Ellos charlarán sin cesar, y una y otra vez volarán en el ambiente personajes que no conoces, de situaciones que no conoces, y todo ello con interludios de “más espoiler no”. Pues ayer vi un programa que… pero a nadie le interesan los programas de televisión y menos si participan gente real como tú, en cambio hablan sin cesar de un tipo que no existe y que vende droga para salvar a su familia la cual tampoco existe, pero no les cuentes nada de libros de Irvine Welsh porque hay que ver que no puedes leer cosas más normales como Murakami, uno diría que antes que leer Murakami se cortaría un brazo con un cuchillo de plástico, pero este uno se calla. Que lo comprendo, que yo también estaría deseando hablar de cómo unos personajes hacen vida mientras uno/a nunca podrá.

Llegas a casa preguntándote si deberías de descargarte esa serie de la que tanto hablan. A veces lo he intentado y he visto el primer capítulo de alguna para luego abandonarla porque tras una hora de capítulo no puedo más, así que acabo no viendo nada más de la serie. Demasiado larga para lo que es, y ya no tengo tanta paciencia para aguantar tanto.

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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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