Diciembre, Navidad y mitos

árbol de Navidad en la calle
Las llamadas tras más de diez meses a familiares para planear una cena o almuerzo. Las luces que alumbran las zonas con mayores comercios. Las largas colas para comer pollo en los bancos de alimentos y tanto el ayuntamiento como la gente que trabaja en recursos humanos mirando para otro lado.

Las webs con los copos de nieve. Las columnas, artículos y posts sobre el reencuentro de familiares y amigos en la Navidad (tras un año sin verlos porque no había interés) y luego que si hay que desear algo por lo del cambio de calendario. Las declaraciones de un presidente de gobierno español diciendo que para este año que viene no, pero para el siguiente ya habremos salido del todo de la crisis.

El capullo que todos los días de diciembre dice eso de “¿no vas a comprar la lotería de la empresa? ¿Pero y si toca?” ahora además convertido en anuncio de televisión (tras lo de ese anuncio sospecho – sospecho – que a las empresas les deben dan una buena subvención por contratar una cuota de estos tipos). Las cenas de empresas, porque hay que contentar al empleado con comida y vino una vez al año, a ver si así se olvida un poco de la congelación/bajada de sueldo y condiciones. La lucha encarnizada por pillar la semana del 25 de diciembre o la semana del 1 de enero de vacaciones. Un tipo de la CEOE (y cuando no, presidente TV plasma) diciendo que hay demasiados días festivos, que en España no se trabaja y que hay que eliminar los puentes.

Los atascos de la operación salida porque hay que volver con la familia de la provincia. “La ilusión por la magia” de una tradición de que viene un ser mágico y generoso que nadie entiende pero que todo el mundo sigue porque hay que repetir el ciclo que mantiene a los comercios los domingos del mes y la mayor parte de la noche antes abiertos (y que si “mis hijos también tienen que pasar por lo mismo que los del vecino, que no quiero que tengan una infancia más triste que el resto por eso de no enseñarles a tener ilusión” y demás blablabla). Como si en todos los años cuando llega diciembre fuéramos a entrar en guerra, una vez más compras adelantadas para casi todo el mes que, sino, luego nos quedamos sin provisiones por la fiebre de las compras.

Que si los familiares feligreses diciendo que ellos es que se van a la iglesia para celebrar la pascua, no como nosotros familiares no creyentes o no practicantes que “arderemos en el infierno”. Pero el solsticio de invierno es una fiesta pagana.

Belenes, ese símbolo de castidad (el ángel no tiene sexo, un buey es un toro castrado, las mulas son estériles, María es virgen, el niño acaba de nacer, y San José es santo y ya está muy mayor) porque sólo algo así puede sustituir al otro mito del nacimiento de Horus, también el 25 de diciembre, hijo de una virgen (Isis) y de un dios castrado (Osiris), otro símbolo de la castidad. Otro dios que también nació el 25 de diciembre fue Mitra, el cual presenta bastante similitudes con el Cristo de la religión cristiana.

Sobre el árbol de Navidad hay quién (sobre todo religiosos de ramas extremistas de la religión católica) cuenta que una de las leyendas sobre el rey Nimrod de Babilonia dice que cuando dicho rey murió un árbol creció y las gentes ponían regalos debajo de él, sin embargo la versión que a mi juicio considero más real es que el árbol de Navidad viene de los celtas los cuales ya tenían, antes de la Era Común, la tradición de adornar el árbol y dejar regalos en él.

Los reyes magos sólo son nombrados en un evangelio y ni se dicen sus nombres, ni sus razas y ni tampoco el número de reyes que eran, de hecho lo de “magos” es sólo producto de una mala traducción al latín de una palabra que significa adivino y astrólogo persa. Varios siglos antes de la Era Común los sacerdotes persas ofrecían oro, incienso y mirra a su dios. Lo del seis de enero de la festividad de los Reyes es porque ese mismo día se celebraba la “fiesta de la luz” de Alejandría en la cual en su procesión se cantaba “La virgen ha dado a luz, la luz aumenta, la Virgen ha dado a la Luz, el Aion”.

Los fenicios y los cartagineses tenían un dios gordo y de bronce llamado Moloch. Para contentar a dicho dios sacrificaban con fuego, en el regazo de Moloch al rojo vivo, a bebés; mientras los bebés eran sacrificados las gentes leían sus listas de deseos a Moloch. Cuando los griegos conquistaron Cartago los cartagineses creyeron haber disgustado a Moloch y sacrificaron a 300 niños en el regazo de Moloch mientras las gentes leían sus largas listas de los deseos que pedían a Moloch para el año que viene. Los religiosos de las ramas más extremistas de la religión católica (por el momento no he encontrado texto de no creyente alguno que afirme tal cosa) suelen decir que Papá Noel no es más que una evolución de Moloch, cuando, más allá de unas pocas similitudes, no es así. En realidad, la leyenda de Papá Noel se basa en la del turco Nicolás de Bari (nacido en el 280 EC). Cuenta la leyenda que Nicolás de Bari era un obispo que ayudaba a los enfermos y solía dar regalos y dinero a los más necesitados. La parte mala es que a Nicolás no le ayudaban duendes en sus labores, sino esclavos negros, y, por cierto, su festividad es el 6 de diciembre, no el 25 de diciembre. Aún así, lo de Papá Noel es de las pocas tradiciones navideñas que se puede afirmar que provienen de la religión de los cristianos.

La cosa es que las celebraciones paganas se propagaron y se adaptaron a diferentes religiones. A pesar de que la Biblia las demoniza constantemente, los cristianos tuvieron que aceptar las celebraciones paganas mutándolas a falsas celebraciones cristianas para que cada vez más gente de diversos lugares de Europa con sus diferentes creencias y costumbres acabara aceptando a la Iglesia Católica. De esta forma la Iglesia Católica aceptó abrir la puerta a lo que consideraba de pecado mortal y de ejecución en la plaza del pueblo, sólo para atraer más feligreses, lo cual siempre se ha traducido en dinero (y, al igual que tantos supuestos pecados, el pecado de usura nunca es del cercano a Dios, sólo del siervo más pobre).

Aún así, a pesar de lo contado en estos seis párrafos, los creyentes en Navidad deben cumplir con otra de sus tradiciones cristianas contradictorias e incomprensibles: decirnos año tras año a los no creyentes lo de “pues si no crees en Dios, ¿por qué celebras la Navidad y aceptas vacaciones y regalos?”.

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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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