El fracaso de las frases motivacionales

[…]En 2009 se puso de manifiesto un nuevo enfoque, cuando una psicóloga residente en Canadá llamada Joanne Wood presentó el test de la efectividad de las «afirmaciones», aquellas animadas frases autocomplacientes pensadas para levantar el estado de ánimo del usuario por medio de la repetición. Las afirmaciones encuentran su origen en el trabajo del farmacéutico francés del siglo XIX Émile Coué, un precursor de los pensadores positivos contemporáneos, que acuñó la que sigue siendo más famosa de todas: «Cada día soy mejor en todos los aspectos».
La mayoría de estas afirmaciones suenan bastante empalagosas, y uno podría dudar que tuvieran un gran efecto. Aunque digo yo que son inocuas, ¿no? Wood no estaba tan segura al respecto. Su razonamiento, aunque compatible con el de Wegner, se basa en una tradición psicológica diferente conocida como «teoría de la comparación con uno mismo». Por mucho que nos guste oír mensajes positivos sobre nosotros, sugiere esta teoría, para empezar ansiamos aún más intensamente la sensación de ser una persona coherente y consecuente. Por consiguiente, los mensajes que discrepan con ese sentido previo del yo son inquietantes, y por lo tanto a menudo los rechazamos, aunque dé la casualidad de que sean positivos y por más que la fuente del mensaje seamos nosotros mismos. El presentimiento de Wood era que las personas que buscan las afirmaciones serían, por definición, aquellas con una autoestima baja, aunque, por esa mismísima razón, acabarían reaccionando en contra de los mensajes contenidos en las afirmaciones, porque éstos entrarían en conflicto con la imagen que tienen de sí mismas. Los mensajes del tipo «Cada día soy mejor en todos los aspectos» chocarían con la pobre opinión que tuvieran de sí mismos, y en consecuencia serían rechazados para no amenazar la coherencia de su sentido del yo. El resultado podría ser incluso un empeoramiento de su baja autoestima, porque la gente se esfuerza en reafirmar las imágenes existentes de sí mismos frente a los mensajes que reciben.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió en las investigaciones de Wood. En una serie de experimentos, se dividió a las personas en subgrupos integrados por los que tenían una autoestima baja y por los que la tenían alta, y a continuación se les pidió que llevaran a cabo el ejercicio de escribir un diario; cada vez que sonara una campana, tenían que repetir mentalmente la frase: «Soy una persona adorable». De acuerdo con una diversidad de ingeniosas mediciones del estado de ánimo, aquellos que empezaron el proceso con una autoestima baja acabaron apreciablemente más descontentos como consecuencia de decirse que eran adorables. Para empezar, no se sentían especialmente adorables, e intentar convencerse de lo contrario no hizo más que consolidar su negatividad. El «pensamiento positivo» había hecho que se sintieran peor.

[Fragmento de El Antídoto de Oliver Burkeman]

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Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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