Las Competiciones

La verdad es que lo más supuestamente divertido para mí últimamente es el competir. Lo cierto es que de niño o de adolescente las competiciones eran como un juego pero desde hace unos años todo eso de aquí tenemos el ganador y el resto son perdedores como que no lo veo.

El competir me recuerda a Conan el Bárbaro diciendo su discurso de qué es lo mejor de la vida (“aplastar enemigos, verles destrozados y oír el lamento de sus mujeres”). En el sentido de disfrutar de que has ganado en un momento determinado y a unas personas determinadas, porque realmente ganar uno solo sin haber perdedores no tiene sentido.

Realmente competir no te aporta nada más que el que gritar que sobresales en algo en un momento determinado y en una mayoría que es la que se apunta a competiciones como tú, porque alguien mejor que tú (porque siempre en todo el mundo habrá alguien mejor que tú) no se ha apuntado o no ha tenido suerte el día de la competición. Realmente todo el esquema de ganadores y perdedores no tiene sentido, porque toda habilidad es resultado de factores como el aprendizaje, el tiempo al que le has dedicado, lo que te han enseñado y quiénes te han enseñado, y, por supuesto, mucha suerte.

Una muestra. En mi profesión, que ya está americanizada de por sí, se está copando de la americanada de competiciones de programación. El objetivo no es otro que decirse lo bueno programador que eres en uno o varios equipos, porque trabajas en un equipo de programadores durante un fin de semana o más días, de forma extensiva y casi sin dormir. La idea es crear un software que poner en tu CV. El nombre que suelen darse es hackathons, porque “trabajar como un mulo dándose latigazos para dar algo pagando entrada es largo” y un nombre poco moderno. ¿De qué sirve esto? De nada, sólo para programarse ganador de una serie de personas que quieren proclamarse ganador. No sirve para crear nada nuevo y seguirán habiendo programadores mejores que el ganador que no hayan querido participar porque no nos gusta.

Cuando era más niño que adolescente una de las asignaturas que menos me gustaban era Educación Física, en especial cuando hicieron un concurso de baloncesto patrocinado por una bebida de refrescos en el que tuvimos que competir con otros institutos de la misma provincia. La presión era tan alta que, como se me daba tan mal botar la pelota, ni se molestaron en enseñarme a hacerlo bien hasta el siguiente curso. Porque, sin lugar a dudas, para enseñar o aprender es otra cosa para lo que NO sirven las competiciones. Otras competiciones se me dieron mejor pero la verdad es que ni vale la pena contarlo porque son experiencias que, la verdad sea dicha, no me han aportado nada.

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Esta entrada fue publicada en my life el por .

Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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