Burla

Es primavera, me subo a un autobús y siento ganas de vomitar.

Siempre me pasa lo mismo los tres primeros días de tratamiento con la cetirizina. Los mareos vienen y se van. A veces te caes y otras no sabes si aún te mantienes en pie.

Un señor, al verme, se acerca y me pide que me siente. Le digo que será sólo un rato, que se me pasará en seguida. Y, mientras me siento en el que era el lugar del señor, al ver tantas miradas de preocupación, pienso que ya me dará igual si vomito. Al menos todavía no me he caído.

Una amiga mía suele marearse y caer al suelo inconsciente en los hospitales. A un tío mío le ha pasado en la calle más de una vez. La última vez que le pasó fue conduciendo. Le dio tiempo a parar el coche y a que una señora que pasaba por ahí le reanimará.

Imagina que, de repente, te pasa algo grave de lo que no se puede culpar a nadie, y dependes de alguien desconocido que pase por al lado tuya. Eso es lo que me está pasando ahora mismo. Mientras la bilis baja voy mirando al cristal delantero. Pienso en no mirar ni los laterales ni los traseros en todo el viaje.

– Ya mismo pasamos por el ambulatorio. Te lo digo por si necesitas un médico.

Le digo que lo que necesito es que mi cabeza y mi estómago se calmen de una vez. He ido al médico muchas veces y esas pastillas son las únicas que me funcionan con la alergia. Son tres días de mareos, si logro pasarlos, ya no tendré mareos hasta que vuelva a dejar la cetirizina y otra vez vuelva a tomarla, es decir, cuando comience la primavera del próximo año.

Cuando me preguntan qué tipo de alergia, contesto lo mismo que mi médico me dijo para evitar mandarme al especialista: alergia al polen mezclado con la contaminación y la humedad. A veces pienso que nunca me he llevado bien con la primavera y es normal que seamos enemigos naturales. No puedo con todo ese polen y las abejas y avispas.

Las abejas y las avispas me dan miedo desde niño y más cuando me enteré que las avispas podían usar el aguijón más de una vez. Pero a veces cuento el número de abejas y avispas que me han herido y lo comparo con el número de personas que lo han hecho, y sale que el número de personas es notablemente superior. Quiero decir, es irracional, debería temer a las personas más que a las abejas y avispas.

Luego está lo de la advertencia de que no desespere. Cuando eres adulto y maduras sabes que tu vida es una mierda, que siempre lo ha sido y que seguramente lo será en un futuro, y te resignas y sigues con tu vida de mierda porque sabes que la alternativa es morir y, aunque no tengas miedo a la muerte, te importa seguir vivo/a. Piensas que, total, la vida te ha dado buenos momentos al igual que malos momentos, y es que ya no vivimos en árboles ni nos matan salvajemente tigres y leones continuamente. Nuestra figura paterna del progreso está ahí, sabes que la sociedad irá a mejor porque entiendes que el mundo es más seguro que antes (si vives en un lugar en el que te sientes seguro, claro está). Lo sabes y lo entiendes, pero con progreso o sin progreso tu vida será una mierda menos peligrosa o más peligrosa. En resumen, tu vida seguirá siendo una mierda. Y si aceptas que no hay forma de cambiar eso, pero que, después de todo, seguirás adelante por lo que sea (dar por saco, absorber todo el entretenimiento habido o por haber, no dejar en el mundo sola a tal persona, curiosidad por, porque sí y punto,… por lo que sea que te dé las ganas de vivir en ese momento), supuestamente habrás madurado.

Para no madurar puedes hacer cosas para evitar pensar en que tu vida es una mierda o pensar que lo es pero no lo será en el futuro. Conozco personas que se tiran en paracaídas desde un avión para decirse aquí estoy yo burlando a la muerte cuando es la muerte la que se burla de ti. Otros prefieren montar una empresa y decirse que todo saldrá bien y en el futuro serás el jefe, que serás el CEO que dará charlas TED sobre lo fácil que es triunfar en la vida y que pasarás tus días cabalgando sobre una montaña de billetes andante; pero en la realidad, en el mejor de los casos, fracasan e intentan seguir pagando el alquiler y la comida trabajando de siete de la mañana a once de la noche en eso que tanto decían que amaban trabajar. Hay quién prefiere tener hijos y ahorrar para mandarlos a la universidad inglesa más cara que puedan y confiar en que esa universidad hará algo mágico que los hará salir de la mierda de la que no pueden salir sus padres; pero esa universidad al final no era tan mágica como tanto se anuncia porque la mierda ni se crea ni se destruye, siempre te llega a las rodillas.

Hay quién me dice que no desespere cuando ven que me falta algo del plan de la vida porque en algún momento hago bromas sobre ello. Tu coche, tu pareja estable, tus hijos, tu propia casa y tu trabajo estable. Si te falta algo de eso, alguien te dirá que no desesperes, que todo llega. A veces pienso que no recuerdan cuándo se han caído, y otras pienso que ni saben si aún se mantienen en pie.

Sobrevivo al mareo y el estomago también está en su sitio. Le quiero devolver el sitio al señor, pero insiste en que me quede sentado. Nos enzarzamos en una amistosa discusión sobre quién debe estar sentado y, al final, él gana y me quedo yo sentado hasta que me bajo del autobús y le doy las gracias. Muchas gracias.

Llevo varios meses diciendo muchas gracias o gracias por su tiempo a completos desconocidos. He llegado a esa fase en la que todo lo que diga sale automáticamente. Las respuestas de lo que he hecho en mi vida laboral, lo que espero, el último libro que he leído, la película que más me ha gustado,… Nada está improvisado, no hay pregunta que no haya previsto ya y que no sepa la mejor forma de responderla. Después de eso vuelves a tu casa y sigues buscando. Luego cogen tu carta de presentación, tu CV, la entrevista, las pruebas y los test, y lo guardan en una base de datos bajo un cartel que reza “No desesperes”. Porque la realidad es que nunca buscaban a persona alguna, pero necesitan amenazar a sus empleados con que tienen una base de datos llena de personas dispuestas a quitarles el puesto.

Hay días que quisiera poder desesperarme, pero automáticamente digo que mi mayor defecto es que tengo demasiada paciencia.

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Esta entrada fue publicada en relatos el por .

Acerca de Griseo

Demonio infernal que escribe de muchas cosas supuestamente divertidas. Igteísta y en contra del coaching y similares. Entre sus aficiones está leer libros, escuchar música de todo tipo (ese clásico de los creadores de "salir con los colegas"), recolectar noticias curiosas o conocimiento inútil y devorar almas (como todo buen demonio infernal que se precie). Autor desde los inicios y administrador de este blog.

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