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Tanto calor no es normal

Cada cierto tiempo pienso en lo privado vs lo público, es decir en lo que pensamos de nosotros mismos y de nuestro entorno vs lo que piensan de nosotros y cómo realmente es nuestro entorno. Y pienso que la realidad es que no tenemos tanto poder ni para modificar con un discurso emocional lo que piensan de nosotros, ni para cambiar nuestro entorno cambiando la forma de pensar sobre el mismo, que es muy fácil pensar lo contrario y que montones de personas se aprovechan día a día de lo fácil que es que pensemos que son paparruchas y que si son unos agoreros que no dicen la verdad.

Muchas veces he dicho lo difícil que me resulta convencer a alguien que piensa lo contrario. Que realmente, antes que hechos o razones, muchas personas necesitan para cambiar de opinión de algún suceso que le afecte con una carga emocional tal que se dé cuenta de que está equivocado/a, y a veces ni eso.

Sobre los cambios que pueden suceder en el día a día, sobre mí experiencia personal reciente os puedo contar que en este año me ha pasado de todo tipo de sucesos, algunos que podrían haberme hecho cambiar opiniones que tengo sobre diversos asuntos, y, sin embargo, del año pasado a éste muy poco he cambiado. Es decir, sigo pensando que las cosas tan pronto como vienen, se van, y que, incluso en pequeñas cosas, no nos es tan posible influir sobre ellas, ni mucho menos controlarlas, que el éxito sólo sucede cuando se cruzan mucha suerte y preparación, y, sobre todo, que a menos que nos juntemos una gran mayoría para cambiar las cosas dando mucho por saco, difícilmente cambiarán.

Y, en fin, que todos esos párrafos anteriores son sólo para rellenar un poco una entrada tan pequeña que resulta ser sólo para decir que habrá que dar mucho por saco con el tema del cambio climático. Por suerte hay personas que ya están en ello (@contraeldiluvio).

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Y a esto lo llaman “calidad de vida”

Cada día laboral al volver a casa veo a la misma señora esperando el primer autobús de los dos en los que debo subirme para volver a casa. Ella siempre se baja dos paradas después en un barrio normal y moliente. No hay manera de llegar del punto A al punto B si tienes miedo a los puentes altos que están sobre ocho carriles de autovía, además también está que el camino es considerablemente más largo. Sumemos a esto que la señora tiene ya una edad y es normal que prefiera ir en autobús que tomar ese camino peligroso (de hecho yo elegiría la misma opción que ella elige). De una cosa no hay duda: si hubiera una larga acera que recorriera el camino que realiza el autobús (el cual es recto y sin ninguna curva), tardaría pocos minutos en llegar a su destino.

Sigo hablando de la hora de volver a casa, ya que el ir al trabajo en autobús no es tan emocionante. Cuando me bajo del primer autobús, el camino de la parada B a la parada C en dónde debo subirme al siguiente autobús no está tan lejos, diría que incluso está más cerca que el camino desde el trabajo a la parada A. El problema son los cinco semáforos, los cuales no suelen coincidir en verde para los peatones, lo que causa que casi siempre pierda el segundo autobús. Ayer se alinearon los astros y coincidieron los cinco en verde, el camino fue de tres minutos, muy diferente de los diez minutos habituales. Cuando llego tengo que esperar entre 15-20 minutos al siguiente autobús.

No me molesta el tiempo perdido porque, seamos sinceros, lo perdería igualmente; sólo quiero mostrar con esto, una vez más, que la fijación con el supuesto beneficio de los coches es de lo peor. Que se va más rápido en coche porque en buena parte los caminos están diseñados más para los coches que para los peatones.

Cuando cuento esto se me pregunta que por qué no tengo coche, no como un consejo sino como si fuera culpable de algo. Una persona incluso me preguntó hace unos años por qué no iba al psicólogo porque le dije que no me gusta conducir, sólo porque le dije que me no me gusta conducir, y que además me agobia, ya era alguien que requiere un tratamiento para esa persona con coche de primera mano (por otro lado, hay que decir también que la susodicha persona posee un título de ingeniería, lo cual puede explicar en buena parte esta confrontación). Hay tanta obsesión con el tener un coche y el ser una persona adulta que hay personas que llegan a esos extremos de pensar que si no tienes, deberías de ir al psicólogo. No odiaba los coches, y realmente no tengo razones para odiarlos salvo por personas como ésa que los conducen, sólo es que no me gusta el tráfico ni todo lo que tenga que ver con él, sólo es que me gusta ir andando y prefiero autobuses y trenes a eso. Pero, en fin, a mi edad han logrado que tenga tanta tirria a los coches como a las personas que piensan en la posesión de un vehículo como una forma más de crecimiento personal.

Me gustaría mudarme cerca del trabajo pero la zona es cercana a la playa y eso en temporada de turismo es algo que cuesta muy caro. Un compañero de trabajo que lo contrataron el verano pasado me aconseja que me haga la idea de que debo aguantar hasta septiembre. En esa zona hay un polideportivo (“el mayor de todo el sur de España” que como toda obra faraónica fue construido durante la burbuja inmobiliaria) con su nombre en honor de un concejal del PP fallecido por un atentado, en donde siempre hay partidos de baloncesto y por tanto siempre hay coches de aficionados al baloncesto aparcados o en movimiento cerca de la zona. Los letreros rezan “con vistas al mar” y ponen el polideportivo como lugar de referencia. Y a esto lo llaman “calidad de vida”.

Los libros técnicos

Hace unos años (cuando estudiaba cierta carrera) me habría leído varios libros técnicos desde el primer capítulo hasta el último, hoy día si no salto párrafos y no me centro sólo en buscar lo que me interesa, no soy persona.

¿Por qué leer enteros los libros técnicos es algo que está dentro de mi colección de cosas supuestamente divertidas que nunca volveré a hacer? Porque te los muestran como divertidos, como una forma ilusionante de aprender algo nuevo y que ahora lo sabrás todo y serás la persona experta de, pero, tras unos años en el sector en el que estés trabajando (sea cual sea), ya esas cosas no cuelan.

Al principio como no sabes de nada te la cuelan. Te meten los discursos emocionales y las filias y las fobias de cada cual. Que si sólo leas artículos de los autores más reputados de lo que trabajas (como el tipo que escribió lo de no hay bala de plata o el de la catedral y el bazar), que si hay que escuchar más al tipo que “inventó internet”, que si el que tuvo la idea de linux ha dicho tal cosa, que si Steve Jobs, que si Bill Gates, que si los Macs/Linux son el mejor sistema operativo para trabajar y deberías comprarte uno por ello,… En realidad de estas cosas los profesores sólo saben lo mismo que cualquiera que se dedique a mirar superficialmente las cosas, porque, como todo mortal, sólo tienen tiempo para un par de cosas al día.

Y un buen día no tienes planes y decides hacerles caso. Profundizas, y hala, la ideología californiana te la encuentras ahí de frente. Optimismo a toda mecha y la sacrosanta idea de llegar a cumplir con los objetivos finales de la ideología liberal mediante la tecnología como la mejor herramienta para ello[1]. Ni software libre, ni software privado, ambos comparten el mismo ideal final: un liberalismo tecnológico utópico[2]. Como en todo mundo laboral que se precie, sólo cuando te das cuenta que no hay bando bueno, sino el supuestamente menos malo, comienzas a pensar que no estás en el lugar apropiado, y tras ese momento ves que, aún así, no podrás escapar de esto porque en todas partes sucede lo mismo. Ni siquiera los círculos de tecnología de Podemos se salvan[3].

Así que ya no cuela. Ya no cuelan los chascarrillos o los juegos de palabras en mitad de los textos entre ejemplo y ejemplo. Tampoco cuelan las citas de El Sabio Tecnológico tal dijo tal cosa. Ni las referencias frikis para mostrarse moderno o que molas. Ni siquiera cuela tu opinión de. Sólo quiero saber cómo se hacen ciertas cosas, buscar entre el puñado de basura del autor (sí, autor, que no autora, que los nombres de mujeres en este tipo de libros sólo suelen salir en las que tal vez sean incluidas como las peores formas de dedicar a un libro a una mujer) de qué va la cosa, aunque de las 700 páginas al final me quede sólo con 30, serán las únicas que me sirvan. Diferenciar el grano de la paja, eso que, como tantas personas, he tenido que aprender por mí mismo.

Y, en fin, así es como paso la vida en esa tortura blanda que es cuando me mandan a leer libros técnicos o documentación en el trabajo.


Notas:
[1]

Un movimiento de tecno-utopismo comenzó a florecer otra vez en la cultura punto com de los 1990s, particularmente en la Costa Oeste de los Estados Unidos, especialmente en torno a Silicon Valley. La ideología californiana fue una colección de creencias combinando actitudes bohemias y anti-autoritarias de las contraculturas de los 1960s con tecno-utopismo y respaldo para políticas económicas liberales. Esto se reflejó, documentó, e incluso activamente promovió en las páginas de la revista Wired, la cual fue fundada en San Francisco en 1993 y sirvió durante varios años como la “biblia” de sus adherentes.
Esa forma de tecno-utopismo reflejaba la creencia de que el cambio tecnológico revolucionaría los asuntos humanos, y que la tecnología digital en particular – de la cual Internet no sería sino un modesto precursor – incrementaría la libertad personal, liberando al individuo del rígido abrazo del gran gobierno burocrático. Los “trabajadores auto-empoderados de conocimiento” presentarían a las jerarquías tradicionales como redundantes; las comunicaciones digitales les permitiría a ellos escapar de la ciudad moderna, un “obsoleto remanente de la era industrial”.
Sus adherentes reclaman transcender las convencionales distinciones “derecha/izquierda” en la política volver obsoleta a la política. Sin embargo, este tecno-utopismo atrae desproporcionadamente adherentes del extremo del espectro político del liberalismo libertario. Por lo tanto, a los tecno-utópicos frecuentemente les desagrada las regulaciones gubernamentales y creen en la superioridad del mercado libre. Prominentes “oráculos” del tecno-utopismo incluyen a George Gilder y Kevin Kelly, un editor de Wired quien ha publicado también varios libros.
(Fragmento de Utopismo tecnológico en los Estados Unidos de finales del siglo XX, que se aplica también al siglo XXI.)

[2] Por ejemplo, ya que iba a enlazar la Wikipedia como ejemplo, el creador de la Wikipedia:

[…]Wales es presidente emérito de la Fundación Wikimedia, una fundación sin ánimo de lucro con sede en San Francisco. Ha declarado que se vio influido, durante su juventud, por los libros de Ayn Rand y la ideología californiana. Mientras estudiaba en la universidad, fue dueño y moderador de una lista de correo denominada Discusión moderada en filosofía objetivista.
(segundo párrafo de su biografía en la wikipedia)

[3] Por ejemplo, un Hackatón (un evento en el que se trabaja de forma intensiva durante un corto periodo para hacer muchas tareas con muchas personas que no conozcas, en el que no es sólo que no te paguen nada, es que normalmente tú tienes que pagar para hacerlo) que organizaron que ríete tú de las consultorías:

Se busca:

  • Programadores con experiencia en java/networking/multithreading
  • Programadores con experiencia en python/django/flask/threads/unit-testing
  • Administradores de sistemas con experiencia en debian/puppet/nginx/proxmox

Objetivos:

  • recoger feedback sobre agora-ciudadana (el software que se ve en agoravoting.com) y que los desarrolladores de python que vengan se lo instalen localmente como entorno de desarrollo y puedan trabajar en junior-jobs en ese código en base a las incidencias reportadas.
  • trabajar en election-orchestra, que es la parte de backend que ejecutan las autoridades para hacer recuentos seguros.
  • trabajar en junior jobs de election-orchestra, para mejorar su documentación, el script de despliegue, incidencias.
  • hacer algunas pruebas y mejorar verificatum, que es el software escrito en java que lanza election-orchestra para hacer el recuento.
  • establecer una política de backups y de administración de la máquina que Podemos gestiona para votaciones.
  • montar una autoridad en los servidores de Podemos administrada por gente del círculo de Podemos TIC y hacer pruebas
  • diseñador que se encargue de hacer una github-pages sencilla para la comunidad de Agora Voting

Recompensas

  • Comida grasienta y bebidas estimulantes
  • Socializar con (otros) frikis
  • Formar parte de la comunidad de un proyecto de software libre que está revolucionando la democracia

(Fuente: Hackatón con Podemos TIC)

Es que ves esto y no sabes qué parte es peor. Lo que buscan es mucha gente con experiencia en redes que trabaje gratuitamente hagan rápido unas tareas que necesitan urgentemente (y ya hasta con una impresión en pantalla de una herramienta de project management como es Trello, en vez de un cutre excel, porque ¿para qué esconderse ya?) y la recompensa es que sin haber visto en la vida a quién podría colaborar, tacharles preventivamente de gordos frikis asociales con la banderita del Che Guevara como último punto de recompensa porque ¿qué otro tipo de informático buscamos si no?
Lo más cafre de todo esto es que lo han organizado personas que supuestamente pertenecen a este sector. Es entonces cuando uno se pregunta ¿a qué parte pertenecen del sector? ¿Consultores? ¿Recursos Humanos de una consultoría? Porque no es sólo ver el perfil de algunos candidatos es que la diferencia de trato entre esto y el anuncio de una oferta de trabajo de una consultora basura (de las que dicen que no buscan programadores, que buscan frikis) es cero. Es que entras a mirar su programa y no hay nada de los problemas que aquejan al sector, y cuando digo nada, digo absolutamente nada. Ni revoluciones, ni futuro, ni cosas grandiosas, al igual que en tantos otros sectores laborales, en este mundillo, ya sea por conciencia o por inconsciencia, todos los bandos son malos.

Estancamiento tecnológico

La burbuja tecnológica

Foto del artículo sobre la burbuja tecnológica The new
tech bubble de The Economist
, artículo al que, por cierto,
le dedicaron su portada en el 2011.
En estos días en los que mi mano izquierda no pudo dar más de sí y el médico me obligó a darle unas vacaciones durante dos semanas, a pesar de que podía seguir usando el teclado he pensado más de una vez lo de predicar con el ejemplo en cuanto a lo tecnológico se refiere. Me paso la vida criticando a la tecnología moderna porque no es justa, pero, ya saben, a la gente que criticamos y se nos tacha de ludistas se nos pide que “prediquemos con el ejemplo” (al igual que estar en contra del coaching y del pensamiento positivo causa que te tachen de amargado/a o antifelicidad/odia-felicidad, cosa que no sé qué clase de pensamiento tan simplista y tan de creyente hay que tener para hacer un silogismo como ése).

En mi opinión, la tecnología de hoy día no es, para nada, integradora ni accesible, además de poco útil, por no hablar de que sus avances son muy pequeños (y más en comparación con lo que habíamos visto en el siglo pasado). Puede que sea muy usable e incluso vistosa pero una persona con problemas de visión no podría usar un smartphone ni una tablet, tendría que comprarse un teclado morse y que alguien que pudiera ver con claridad se lo conectase de alguna manera al móvil (o comprar esos smartphones que llevan teclado incorporado pero que no son tan fácil de encontrar). Por no hablar de los problemas de privacidad, tecnología cada vez más cerrada y más difícil de modificar (si nos compramos un nuevo portátil de Apple y se estropea fuera del periodo de garantía no vale prestárselo a alguien para que lo arregle, tienes que acabar llevándolo a una Apple Store porque está todo “hecho de una pieza”) o que ni puedes usar ni modificar lo que compres para todo lo que realmente quieras o de sacar inventos menores para colárnosla como tan innovadores que provocarían, según ellos, un avance social a gran escala (las Google Glass[1], los smartwatch – total sólo los fans de Apple y los runners lo usan[2] -, el Internet de Las Cosas[3] o las gafas de realidad virtual[4]), que, por cierto, avances innovadores (avances que de verdad crean una industria, fuerte y duradera y con montones y diversos puestos de trabajo) fueron la creación del avión o el ferrocarril o incluso el cine y los videojuegos, pero no la de usar a todas horas ese msn de toda la vida, pero más limitado (y que no puedes usar ni en el ordenador, ni en otro móvil), en un móvil y llamarle WhatsApp.

Antaño el progreso significaba crear puestos de trabajo duraderos, crear una nueva industria duradera y expandir la actual; actualmente sólo crea unos pocos booms que crean trabajo durante unos pocos años[5], precariza el trabajo ya existente[6] y para colmo tecnología más limitada para, nosotros, los usuarios[7]. Podemos claramente decir de que estamos en un estancamiento tecnológico desde hace años y más ahora que ya la Ley de Moore está llegando a su fin[8].

Así que volvemos a lo del principio, ¿por qué no predicar con el ejemplo? La verdad es que, tras lo dicho, parece haber razones de sobra para hacerlo. En mi caso, para empezar me encuentro en una situación en la que necesito el smartphone para entrar en un grupo de WhatsApp durante, al menos, tres meses más (y ya pasé unos años sin WhatsApp y la verdad que los pasé bastante bien). Sólo lo uso con wifi y nunca he tenido necesidad de contratar datos. Y teniendo en cuenta lo que consume (y por tanto lo que contamina) y que sería lo siguiente en quitarme de productos de Google (quedándome ya sólo con youtube, porque de buscadores sólo hago uso de Duck Duck Go), seguramente del smartphone prescinda dentro de tres meses, es más lo pienso hacer porque me incordia bastante. Pero no toda persona puede hacer lo mismo que yo, hay muchas personas que ya tienen la necesidad de estar las 24 horas conectado ya sea por el mero comunicarse con sus contactos (en especial para al último minuto deshacer los planes del día) o en sus trabajos es obligatorio usar una herramienta así (esa putada de estar atento/a a una orden de tus superiores o clientes hasta en tus días libres), y estoy seguro que en ese cajón hay también personas que tampoco les gustan los smartphones ni todo este mal de la tecnología moderna – realmente resulta absurdo obligar, o incluso meramente el pedir, a predicar con el ejemplo a personas que no podrían a menos de que su entorno o situación cambiase. Porque todo lo que hace una App también lo puede hacer un programa de ordenador o una aplicación web, pero estas tecnologías no son tan cerradas ni te requieren tanto tu atención como la de las Apps.

Por fortuna o desgracia, no sólo las apps, sino todo lo relacionado con la tecnología actual está cerca de caer[9], aunque la pregunta es qué clase de nueva tecnología vendrá después.


Notas:
[1] Léase las declaraciones de Google sobre su fracaso con risas de fondo mientras flotan por su mente las fotos de Rajoy o Esperanza Aguirre con las Google Glass puestas: Google: “El fracaso de Google Glass se debió a llamar tanto la atención sobre el proyecto”, Sin firmar (El Economista, 19/03/2015).
[2] The reasons why people don’t want to buy a smartwatch revealed, James Billington (International Business Times, November 2, 2015).
[3] Una buena mirada crítica al Internet de Las Cosas: The Internet of Things You Don’t Really Need, Ian Bogost (The Atlantic, Jun 23, 2015).
[4] Del tema podemos leer desde críticas bastante bien razonadas sobre el tema como Lo siento, pero la Realidad Virtual será un fracaso, Urian (Disruptive Sketchbook, 26 September, 2015). hasta críticas dentro de la propia gente que más bombo le deberían dar El cofundador de Xbox no ve futuro a Oculus Rift, David Alonso Hernández (Hobby Consolas, 2 Abr 2014).
[5] Podríamos hablar de las puntocom pero la crisis más cercana ya está comenzando con lo de las apps: Silicon Valley braces itself for a fall: ‘There’ll be a lot of blood’, Nellie Bowles (The Guardian, 08 January 2016).
[6] The Age of the Ghost Company, Gillian B. White (The Atlantic, Jan 7, 2016).
[7] Cell phones are ‘Stalin’s dream,’ says free software movement founder, Jon Brodkin (NetworkWorld, Mar 14, 2011).
[8] La Ley de Moore camina hacia su muerte, J.M.S. (ABC, 17/02/2016).
[9] Investor Who Predicted Lehman Fall Warns Tech Bubble Will Soon Burst, Susanne Posel (April 24, 2014).

Lo de no gustarte los lunes como #concepto

Cuando a Brenda Ann Spencer la capturaron y le preguntaron la razón de su tiroteo en el colegio, ella contesto “No me gustan los lunes. Sólo lo hice para animarme el día. No tengo ninguna razón más, sólo fue por divertirme, vi a los niños como patos que andaban por una charca y un rebaño de vacas rodeándolos, así que eran blancos fáciles para mí”. El tiroteo lo realizó con un fusil semiautomático Ruger 10/22 calibre .22 con mira telescópica y con 500 municiones, todo ello su padre se lo había regalado en Navidad.

Basta ver una gala de televisión de nochebuena o nochevieja con esa gente que supuestamente se divierte, para preguntarse si los guionistas de esa gala también en su día a día ven a los niños como patos que andan por charcas con los que jugar al tiro al blanco.

Es suficiente con abrirte una cuenta en Facebook y agregar a todos tus compañeros/as de trabajo, conocidos, amigos y familiares, y que te parezca todo maravilloso y divertido, para que abras la ventana y comiences a buscar a tu alrededor qué blancos son fáciles para ti.

Sólo es necesario asistir a una sesión de coaching para parados y creértelo todo, para que tu concepto de cómo animarte el lunes sea el mismo que el de Ann Spencer.

Es sólo escuchar una mañana de lunes entero de Radio 3 (esas mañanas modernillas de lunes a viernes con culturetas que saben de todo tipo de cultura moderna incluso aunque ésta sea inimaginable) y que te guste mucho, pero mucho, tanto que tú también te transformes en otro cultureta modernillo radiotresero, para que veas el mismo rebaño de vacas que a Ann Spencer le incitaba a disparar.

Es que, vamos, escuchas en un desayuno con compañeros del trabajo a alguien hablar de un capítulo de una serie actual de moda, y que otro hable también, y otro y otro y otro, y que te digas de ver esa serie y te guste, para que veas necesario retroceder a la edad de cuando podías pedir cosas por navidades y pedir por navidades un fusil semiautomático Ruger 10/22 calibre .22 con mira telescópica.

Escuchas a los tertulianos quejándose de que todo es ingobernable, porque quejarse de los achaques de su edad es algo que fijo que se lo prohíben algunas clausuras de su contrato, y piensas que, al igual que Ann Spencer, ellos tampoco tendrían ninguna razón más.

Que te dicen que “¿¡Cómo es que no tienes coche!?”, así, sonando alrededor alarmas de peligro persona con pensamiento independiente (tú), y, contras, comprendes que realmente el concepto de diversión de Ann Spencer es algo totalmente normal en nuestra sociedad que piensa en el coche como algo supuestamente divertido, maravilloso y que todos/as debemos de tener por narices (porque los accidentes y los graves atascos son tan supuestamente divertidos).

Eso sí, hay que reconocer que 500 municiones a muchos/as nos parecerán insuficientes para un fusil, cuando mañana lunes tengamos que levantarnos para ir a trabajar sabiendo que alguien preguntará, con total desinterés por la respuesta, “¿qué tal las vacaciones? ¿te han echado muchas cosas para Navidad?”, porque lo que realmente quiere es contar qué ha hecho en las vacaciones y qué “le han echado para Navidad”.

DinamarKa

En Dinamarka, la tierra prometida, los Ciudadanos no se levantan por la mañana para trabajar, es una tierra en la que todos son tan listos y perfectos que es el dinero el que trabaja por ellos. Es más las gentes no compran, ya que es el dinero quien compra por ellos.

Es el dinero el que les da un beso en la frente por las noches y les apagan las luces de sus habitaciones. Lluvia de vino dulce cae sobre el asfalto de chocolate en Dinamarka. En Dinamarka, la tierra de la felicidad y las promesas siempre cumplidas, todo es posible.

Nadie ha visto llorar a nadie en Dinamarka. En Dinamarka el milagro del coaching ha logrado que todos hayan aprendido a lucir sonrisas a todas horas como si les apuntaran con una pistola cargada, y sin seguro puesto, en la sien mientras el ejecutor grita como si estuviera en llamas “sonríe o muere”. En Dinamarka lanzas un discurso, sea el que sea, y todo el mundo aplaude, aunque se sostenga con pinzas o defienda una barbarie, se quedan sólo con que el discurso es bonito y nadie del público después llega a su casa y hace eso, tan molesto para los ponentes, de pensar en el discurso, sólo se quedan con la sensación.

Por eso no existe el concepto del comunismo ni del bien social en Dinamarka, porque a través de algo mágico que tampoco es capitalismo, sino un algo mágico, esotérico, y que escapa totalmente a nuestras mentes llamado El Centro, han sobrepasado el concepto mismo de lo bueno para la sociedad y han llegado a una perfección en la que el dinero mágicamente todo lo da.

En Dinamarka, aunque tengas 90 años, siempre que te levantas se te pone dura. En Dinamarka a nadie le duele nunca la cabeza.

Todo en Dinamarka. Ayer, hoy, mañana y siempre en Dinamarka.

Antidepresivos

Digamos la verdad a todo aquel que pone mensajes de pensamiento positivo en Facebook o cómo les gustan llamarlos “filosóficos”, nada más los ponéis es evidente que habéis fracasado.

Hoy día podemos hablar claramente de un rotundo fracaso en el objetivo del pensamiento positivo. Nos encontramos en la época de la historia en la que el pensamiento positivo no es que esté más accesible, es que es imposible huir de él. Nos lo encontramos en el trabajo (venga, sonríe y no seas tan serio/a, pon siempre de vez en cuando una carita feliz en el chat del trabajo, que un sólo segundo que no estés en todo el día contento/a dando saltitos significa que eres un/a borde de la hostia), en los anuncios (tanto prensa, webs, televisión o paradas de autobús), en las gasolineras, cafeterías, camiones como los de Envialia, en los concursos, en la radio, en la prensa, en webs, en las bibliotecas,… Probad a intentar pasar un día entero sin que el pensamiento positivo en cualquiera de sus facetas os roce, y veréis que tendréis que estar encerrados en una habitación, sin internet, sin teléfono, totalmente desconectados del mundo y de toda entidad humana, incluso puede que de uno/a mismo/a porque, sin querer, tararee alguna canción feliz sin darse cuenta. Quien hable de que hoy día hay mucho pesimismo en nuestra sociedad, no sé, debe de vivir sin un solo sentido activo, sin darse cuenta de absolutamente nada de lo que le sucede a su alrededor. Como dice Eva Illouz nuestra sociedad actual es el capitalismo emocional, y, añado, lo real siempre se oculta tras la sonrisa profesional y toda esa parafernalia del discurso terapéutico de si estás mal es por tu culpa que sólo sirve para no cuestionar lo que te rodea.

Una muestra muy visual de hasta dónde ha llegado nuestra obsesión con el pensamiento positivo y el problema de sus reglas o mandatos de obligado cumplimiento es eso de que haya en el mercado una caja de condones Control con un diseño de Mr. Wonderful y por ello no pueda evitar que “dentro del pack se incluye una lámina con diez “wonderconsejos”, una serie de ideas que pueden ayudar en los momentos de máxima intimidad.” (Control y Mr. Wonderful lanzan “unos condones muy molones”) Sí, como leen, 10 wonderconsejos, 10 religiosos mandamientos a seguir de la tabla de la ley que viene con la caja de condones Control, para que así digas que lo haces muy bien y nunca tengas que hacer eso “tan horrible” de hablarlo con tu pareja. Es una forma tal vez simple pero efectiva de notar de cómo todo el movimiento del pensamiento positivo no es más que una constante imposición obsesiva de reglas que según ellos debemos aplicar en nuestra vida y que debemos repetirnos constantemente, porque si no, supuestamente lo haríamos todo mal (porque, ya saben, esta industria de los expertos juega con tus dudas y complejos, y quieren que supongas que al no seguir los consejos de estos “expertos”, no serás todo bueno/a sexualmente que tu compañero/a – o tus compañeros/as, lo que sea que estén haciendo – le gustaría realmente que fueras, porque como nos dicta el marketing de los expertos él/ella/ellos no tienen ni idea).

La realidad es que a pesar de toda esta abundancia de pensamiento positivo (más que en ninguna otra época de la historia, ya que el pensamiento positivo nació a mediados y finales del siglo XIX como oposición al sistema que había antes: el calvinismo y su pensamiento negativo, y cuyas ideas son muy similares, ya que mientras el negativo promulga que si te caes aproveches para fregar, el positivo promulga que si te caes aprovecha para fregar mientras sonríes porque te debe gustar tu trabajo) el consumo de antidepresivos no para de subir y subir. Veamos cómo esta subida en antidepresivos ha pasado desde el 2004 y continua en el presente 2015:

Esto no es paradójico, es algo de lo más normal. No niego (ni de coña lo niego, ni quiero ser la persona que lo niegue) que existan casos en los que desde luego que NO sea así. El tema es que es cierto que si no puedes ser tan feliz como nuestra sociedad nos exige (y es visible en cualquier libro de autoayuda o mandatos sociales que el listón de exigencias para ser feliz es muy pero que MUY alto; tan sólo notar que la obligación de ser feliz en tu puesto de trabajo y verlo como tu meta final de la vida es MUY alto), lo raro es que no haya personas que no acaben pensando que estás deprimido/a a la mínima (o incluso que realmente lo estés por culpa de todo lo que nuestra sociedad nos exige para ser felices). Por otra parte nuestra sociedad es tan positiva que “Cualquier cosa que nos aleje de nuestro principal cometido en la vida, trabajar, se cataloga como trastorno. El trabajo como lo entendemos ahora es algo muy reciente, como muestra César Rendueles en Capitalismo canalla. De ahí la obsesión de las últimas décadas con la felicidad, cuando el resto de estados de ánimo son tan naturales y necesarios” (Los garbanzos no dan la felicidad pero ayudan). Que es lo mismo que también dicen ya papers científicos de universidades como “La mercantilización de los estados de ánimo. El consumo de antidepresivos y las nuevas biopolíticas de las aflicciones”.

Así que hay pruebas más que suficientes para decir que dejemos de imponernos mandatos externos sin cuestionarnos antes qué realmente quieren de nosotros, porque aún estamos a tiempo de salvar lo que nos queda de nosotros mismos.