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El «sentimiento»

Sólo desde el inicio hasta el minuto 1:30.

No me gusta mucho que digamos Jesús Quintero (prefiero a El Risitas) y a Sabina sólo he escuchado lo que ha salido de vez en cuando en la radio, pero me parece interesante lo que cuenta en el primer minuto y medio de su entrevista a finales de los 90’s en la que fue, la hoy día cerrada, Canal 2 Andalucía (también conocida como Canal Sur 2, hoy día en su lugar hay una cadena de Canal Sur con lengua de signos). Sabina en ese fragmento describe al ya típico andaluz moderno, el que detesta todo el exagerado folclore andaluz, el que no quiere saber nada de “la gracia andaluza” (AKA “somos los más graciosos de toda España y del mundo”), el que no dice “Ole, ole”, el que no siente el flamenco como algo suyo sino sólo como un tipo de música, y que no quiere esa egocéntrica Andalucía que tanto se muestra de cara al exterior y que es tan promocionada por partidos como el PSOE-A o por la cadena autonómica Canal Sur.

Desde niño no hablo andaluz y estoy acostumbrado a que me pregunten de dónde soy (por mi falta de acento andaluz o por mi aspecto físico tan poco andaluz), y desde niño no me siento cómodo en los ambientes en los que se promociona con fuerza el andalucismo. Ambientes como ferias de los pueblos en los que alguien sale a un escenario a gritar que somos los más graciosos del mundo, que la de palabras que sólo existen en nuestra tierra (“campero”, “perita”, “cascarilla”), que la de artistas que han nacido aquí y que todo aquel que viva más arriba de Despeñaperros no podrá entender jamás nada de que es lo bueno de aquí; ese tipo de ambientes dónde un publico ríe y grita con fervor, esos ambientes de tanto mirarse al ombligo, pues no puedo con ellos. Es por ello por lo que no consigo ver el sentimiento patriótico o nacionalista de mi tierra como algo con lo que uno se pueda identificar.

En los pueblos los jornaleros trabajaban la tierra mientras los señoritos se la jugaban a las cartas en los bares de los pueblos, para luego acercarse, dar una vuelta y contemplar todo lo que era suyo. Jugaban con sus jornaleros y criados como se jugaba en los feudos, pero en el bar al menor golpe de mala suerte los perdían junto a la tierra que se jugaron. Es normal que los jornaleros de los pueblos, durante la república, mataran a señoritos, y que luego cuando Franco los señoritos mataran a tantos jornaleros. Conozco historias de hablar con mis abuelos que vivían en pueblos sobre cómo trabajaban, sobre cómo lucharon porque no querían vivir de la forma de la que vivían y de cómo se rindieron y finalmente emigraron a una ciudad de una provincia que no era la suya pero en la que “hay trabajo”. De cómo pasaron de trabajar para la tierra a trabajar en fabricas que acabaron cerradas por culpa del cambio de modelo hacia el turismo. De cómo tuvieron que darles indemnizaciones por problemas respiratorios, además de luchar desde los sindicatos por un despido digno. Tuvieron la suerte de quedarse en Andalucía, debido a la pobreza en los pueblos, una gran parte de andaluces de su época emigraron a Madrid, Cataluña y al norte de España.

Lo que de verdad no se entiende de Despeñaperros para abajo es que luego vengan los ilustrados con sus discursos políticos a hablarte del PER como si fuera un pecado o lujo en vez de un derecho para los jornaleros por el que, si no lo tienen, deberían luchar. La vida en el campo ha sido siempre muy dura (obvio, si fuera tan fácil muchos no estaríamos encerrados en oficinas y otros no preferirían encerrarse en un gimnasio antes que hacer ese ejercicio físico en su trabajo) y es parte de los pocos trabajos reales que quedan (el que no se investigue tanto en tecnología para el trabajo real es algo habitual, un ejemplo lo podemos ver en que los del Silicon Valley piensan mucho en cómo sustituir a su madre en vez de cómo ayudarla), yo, por lo menos, respeto mucho a las personas que viven de la agricultura y la ganadería porque es algo de lo que no soy capaz de trabajar. Supongo que a los señoritos que nunca se mancharon las manos, ni son capaces de escuchar historias de las personas que sí lo han hecho, en cambio, les encanta dar lecciones y declarar qué es pecado y qué no, y que mucha gente les escuche y les crean y sigan al pie de la letra el “Como yo no lo tengo, nadie debería de tenerlo”. Espero, por el bien del humanidad, que lo que se hace con los becarios no se llegue jamás a ser lavado con ese discurso.

A día de hoy el campo andaluz no tiene tanta juventud como antaño y, curiosamente, lo primero que se piensa desde fuera es que la gran mayoría trabaja en el campo. Que si tomamos siestas continuamente, a pesar de que, en realidad, a la hora de la siesta estamos trabajando en oficinas. Que si vivimos como reyes, cuando cobramos menos que en las grandes ciudades y pagamos igual gracias al tema del turismo. Pero cuando entras a Torremolinos, Mijas o Marbella no ves ni oyes la Andalucía que te esperas, como tampoco ves ni oyes España, ves otra cosa. Porque, realmente, a la pregunta de quiénes somos no se puede responder fácilmente, porque somos muchas culturas (y hay muchos tipos de acentos diferentes incluso entre dos pueblos) que chocan contra la cultura que viene de Sevilla, la que nos quiere unificar en un sentimiento andaluz que a muchos nos resulta entre poco creíble, con acentos demasiado forzados y con gestos demasiado exagerados.

Cuando me pregunta alguien qué pienso del nacionalismo catalán o del nacionalismo vasco suelo contestar que no lo sé y que no puedo entender nada de eso porque no lo he vivido. Tengo familiares en Cataluña y su vida es de lo más normal, tengo amigos que emigraron a Cataluña y no les contó integrarse e incluso aprendieron catalán. Siempre han habido fachas nacionalistas que les han discriminado por ser andaluces, pero ellos siempre suelen aclarar que esos fachas son una minoría. Como he contado antes, en Andalucía hay gente que viven demasiado su nacionalismo y su sentimiento, y no veo porqué no pueda pasar eso mismo fuera de Andalucía, al igual que me imagino que puede pasar que haya quién nunca lo sienta pero que se identifique cuando notan que sus vecinos están siendo atacados y reaccionen en defensa de su tierra. Pero es sólo lo que me imagino, porque realmente no lo sé y nunca lo sabré porque no deja de ser un sentimiento, puede que no sea todo reducible a un mero “fuera de aquí, no se podrá entender jamás nada de que es lo bueno de aquí” o puede que sí. No lo sé.

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El timo del horario flexible y las oficinas de espacios abiertos

Hoy vengo sin enlaces, porque soy una persona que lleva desde el 2010 trabajando en oficinas de espacios abiertos (también conocidas como open offices o como nosotros, sus trabajadores, la llamamos: el gallinero y el matadero, según lo amable que haya sido el día) y con el famoso horario flexible. Ambas cosas llevan muchos (pero que muchos) años en las consultoras de nuestro país (que son, en su amplia mayoría, multinacionales) más conocidas como Las Carnicas, muchas de ellas las podías encontrar en la magistral web, ya cerrada, Trabajo Basura, junto con preciosas opiniones de empleados y antiguos empleados (“si aprecian su vida no entren aquí”, “he llegado a echar 20 horas diarias en este infierno”, “si vas a entrar prepara plan para buscar un trabajo de verdad”, “no me han subido el sueldo desde 1996”,…). Algunas de estas consultoras fueron juzgadas y condenadas por sobreexplotar a sus trabajadores con horas de más y sin pagarlas, además de otras cosas aún más ruines y de las que no hablaré aquí por falta de espacio y tiempo, el resto de consultoras, en cambio, están en camino. ¿Cómo puede suceder esto? ¿Es que acaso no se cumplen las promesas del open office ni la del horario flexible?, se puede preguntar el lector de este texto y le contesto que, por supuesto, que se cumplen ambas promesas, y el resultado de estas promesas es nefasto.

Evidentemente este texto está dirigido a esas personas que no saben de qué va todo este tema. Estudiantes, o personas que trabajan en empresas pequeñas con oficinas pequeñas, o en equipos reducidos o de autónomos y nunca (nunca) han tenido que vérselas con una empresa de este tipo. Es decir personas que no han pasado nunca por una empresa grande o multinacional y menos en una sala con otras cien personas. Todos los que hemos tenido la suerte de trabajar en esos gallineros tenemos que explicarlo una y otra y otra y otra vez a nuestros conocidos, porque siempre llega el que te pregunta “Ay va, ¿trabajas ahí? ¡Ahí estarás de puta madre!”.

El matadero o gallinero, conocido en periódicos, diarios digitales y entre emprendedores como “oficina de espacio abierto” o “open offices”, es un lugar donde no hay paredes, ni tabiques, ni cubículos que separen empleados, ni a grupos de empleados. Es un espacio enorme que puede llegar a albergar ciertos de empleados en mesas amplias con su cajonera, su ordenador debajo y su monitor y teclado y ratón en la mesa. A veces incluso ni tienes cajonera y te asignan una taquilla donde guardar tus cosas. Entras y ves un espacio enorme y cada mesa contiene casi nada (a lo más ves un par de libretas y un bolígrafo en algunas mesas).

Las personas que entran de visita (que no trabajan allí) suelen quedar alucinadas para bien, les cuentan que los diferentes proyectos crean sinergias entre sí, ya que cuando una persona escucha a otra persona de otro proyecto que necesita ayuda con x cosa que desconoce esta última, esa persona le puede ayudar, creando así un gran beneficio para la empresa. En ese mundo de los unicornios y arcoiris todos nos conocemos y formamos parte de una gran familia de amor, extrema felicidad, amplias sonrisas y solidaridad entre nosotros, en la cual como buenas hormigas colaborativas sacamos heroicamente el trabajo gracias a nuestra gran comunicación. Colaboración, sinergias y todos esas historias de fantasía que suenan tan preciosas.

Al final, en el mundo real, como dice el tipo del tuit del inicio de este escrito, allí la gran mayoría de personas sólo podemos trabajar con auriculares si queremos trabajar. Hay demasiado ruido, todo el mundo está hablando, siempre hay alguien de pie paseando por el pasillo hacia la puerta, o de la puerta a su sitio, o de su sitio a otro sitio para hablar con alguien de su proyecto. Alguien que le cuenta a su otro compañero de trabajo qué hizo el fin de semana pasado, otra persona diciendo que quiere irse de la empresa pero no logra que la echen ni a patadas, reuniones de la gente de un proyecto matándose vivos y jurándose entre ellos que se irán de ese maldito lugar en cuanto les salga otra cosa, montoncitos de personas que están trabajando en un proyecto del que cada vez que hablan crees que están hablando en un idioma de extraterrestre (como es normal, a pesar de lo que piensan y dicen los empresarios, no tienes ni la más remota idea del resto de proyectos porque cada proyecto es un mundo, incluso aunque fuesen ramas del mismo proyecto esto pasa), personas que están discutiendo debido a que una tarea del proyecto que no la entiende ni dios y ahora tienen que llamar al teléfono del alguien para preguntarle qué chimpancé de consultor redactó esa mierda de tarea en la reunión con el cliente y que si le puede facilitar su número de teléfono para que se la expliquen,…

¿Qué te molesta la gente paseando alrededor tuya? Tranqui, en una oficina de estas características eso pasará cada 5-10 minutos (alguien buscando al jefe, alguien yendo a descolgar el teléfono, alguien dirigiéndose al baño, alguien dirigiéndose afuera a fumar,… y todo el mundo viendo lo que estás haciendo en el monitor de tu PC, todos pasan fijándose, espero que no seas de esas personas que se ponen nerviosas si miran constantemente lo que estás haciendo), los sitios más codiciados en estas salas son los que tu espalda queda cerca de una pared o esquina, de forma que ahí suelen estar siempre los jefazos de las salas.

Esto y más es lo que pasará a tu alrededor en cada segundo de cada minuto de las 10 horas, como mínimo, de todos los días que estés trabajando en una oficina de espacio abierto. Si crees que puedes trabajar sin auriculares escuchando la radio o música a todo trapo ahí de forma eficiente, ve e inténtalo. Los días que no he podido ponerme los auriculares, por lo que sea, he acabado con fuertes dolores de cabeza. He llegado a estar en algunas de estas oficinas en las que las ventanas no pueden abrirse y otras que son verdaderos zulos de hormigón con una pequeña y reducida ventana a varios metros de altura, estas cosas al principio te parecen una tontería, pero cuando estas ahí y notas el ambiente tan pesado y el oxigeno tan reducido que pasa por las rejillas del techo, ves que no es ninguna tontería en absoluto. Realmente sólo las personas que se pasan la gran mayoría del tiempo metidos en salas de reuniones o fuera de estas oficinas son las únicas que les entusiasman el tema, sí, las que nunca lo viven día tras día.

Para finalizar, ni que decir que es lo más normal que el baño siempre esté ocupado y tengas que esperar a que alguien salga. Dicho esto, pasemos al tema del horario flexible, que al principio su desventaja no parece tan evidente.

A mí la primera vez me vendieron lo del horario flexible tan bien que estuve a punto de abrazar al de recursos humanos (“trabajamos para asignaros proyectos de empresas que sólo tienen este tipo de horario” me decían y lo que antes me parecía bien ahora me parece un terror), por suerte la entrevista era en una sala yo solo y una cámara y la cara del de recursos humanos en un televisor. En serio, os entiendo perfectamente porque hace casi ocho años a mí también me la colaron tal y como a vosotros os la cuelan cuando os lo dicen, porque, seamos sinceros, ¿a quién no le gusta que le digan que te puedes ir de la oficina a la hora del día que quieras y luego recuperar las horas que estuviste ausente cuando quieras y en el plazo que quieras (pongamos que te fuiste dos horas antes porque un día estabas hasta los mismísimos y decides recuperarlos en un plazo de 10 minutos de más cada día)? Y además sin límite y sin tener que avisar a nadie, ni picar en máquina alguna, que podías hacerlo y tener un porrón de horas a deber, que nadie te iba a decir nada y siempre podrías recuperarlas a tu ritmo y cuando quisieras. Y te dicen que si en realidad es que no hay horarios, que se pone un horario oficial porque les obligan la ley, pero que no pasa nada si incluso hay horas que no llegas a recuperar jamás.

Si es que, qué inocentes somos y qué rápido caemos.

El problema del horario flexible es que no es flexible para ti, sino para ellos. Ellos lo venden en los medios, en las conferencias, en todos lados como todos ya sabemos, que es como he descrito anteriormente (que si puedes entrar y salir cuando quieras y recuperar los minutos u horas perdidos cuando quieras y a tu ritmo), pero en realidad el horario es flexible en el sentido de que “no hay horario” DE SALIDA. Sí, cuando te digan “horario flexible” lo que quieren decir en realidad es “no hay horario de salida y te retendremos aquí hasta que queramos”. Y lo mismo un día entras a las ocho de la mañana y sales a las siete de la tarde, que al día siguiente tienes que hacer lo que ellos llaman “un sobreesfuerzo” y salir a las doce de la noche para volver al trabajo a las ocho de la mañana del día siguiente. ¿Y qué haces en esas horas de sobreesfuerzo? Pues a veces trabajar y otras simplemente te piden que estés ahí calentando la silla sin ninguna tarea asignada porque las personas que forman proyecto, en el que estás, están muy ocupados y no tienen tiempo para darte una tarea, pero debes estar ahí para mostrar que apoyas a tu equipo y que respetas su trabajo y blablabla o si no en la próxima evaluación dirán que qué mal lo haces y que puede que no te renueven el contrato o no te den nuevos proyectos. Pero lo peor no es eso, lo peor son las miradas y las críticas de los compañeros de trabajo si se te ocurre irte antes que ellos, aunque no tengas tarea asignada. La cantidad de miradas de odio y críticas a la espalda de tus propios compañeros serán más elevadas contra más lo hagas, y, por supuesto, el trato y la ayuda que necesites de ellos en tu proyecto será peor.

Dicho esto, por si en este punto te estas preguntando por el papel de los sindicatos, conozco proyectos liderados por sindicalistas – CCOO en su más amplia mayoría – en los cuales sus empleados también echan muchas horas extras sin cobrar y los sindicalistas de sus jefes no hacen nada para evitarlo, es más lo ven como algo positivo y normal dentro de la empresa. Es algo que no me cabe en la cabeza y nunca he entendido, si tienes un presente sindical tan activo ¿por qué te vendes ante la presión que te toca y ni siquiera tratas de hablar? Porque lo grave es eso, no es que les pida que hagan una huelga masiva, es que les pido que hablen con sus jefes o con el cliente, porque ni siquiera dicen “no, vamos a hablar y buscar otra solución”.

Y tranquilos, si no disfrutáis de estas ventajas, puede que algún día todos los empleados de todos los sectores que tengan que ver con oficinas disfruten de estas grandes ventajas que programadores y teleoperadores disfrutamos a diario. Por lo pronto los coworkings ya están en ello, aplicándolas desde sus inicios en las proto-empresas que salen de ahí para que absorban esas cualidades y en un futuro sus empleados las disfruten tanto como las disfrutamos nosotros. Pero bueno, como solemos decir, no tenemos el cuerpo para otro tipo de trabajo, así que nos jodemos y tendremos que explicarlo una y otra vez a amigos, familiares y conocidos, a ver si así de boca a oído la cosa va comenzando a verse como la basura que es.

Que no es cargar escombros en una obra, ni limpiar casas, ni servir a montones de turistas y algún que otro desagradecido, ni cavar zanjas,… lo sabemos, pero no por ello deja de ser feo de narices y, dados tantos problemas que tenemos con ello a diario, no debería ser visto como algo bueno.

El pedir perdón

Por cuestiones de la vida, en el trabajo hemos tenido que esperar a un profesor de universidad para una reunión de un proyecto. El hombre vino una hora más tarde y nosotros estuvimos esperándole. Cuando llegó no se disculpó, y comenzó, siguió y acabó como si nada. Nadie, ni siquiera nuestros jefes, se atrevió a decirle nada, pero todos estábamos incómodos. Es curioso, pero nuestros jefes saben pedir perdón por el retraso, hasta los perros de alguna manera saben disculparse. Podría, al menos, haber sacado junto con la disculpa su historia de que está a tiempo parcial, o que mira, que si he tenido un problema con el coche o yo qué sé. Ya hasta el mentir por llegar tarde implica otra situación. Pero no, se trata de un profesor que sabe de empresas, se trata del poder de nunca haber pedido disculpas.

Esto me retrotrae a mi época de estudiante y comienzo a entenderle. ¿En qué época de estudiante he tenido algún profesor que se haya disculpado? Diría que en prescolar porque tengo la fortuna de no acordarme de cómo se comportaban los profesores en prescolar. No, las disculpas siempre nosotros y el piropo de “sus niños están bien educados” a los padres. Y cuando un trabajo estaba bien hecho “eh, mirad, compañeros de clase del chico/a, qué bien lo hace, ahora fíjate en estas pegas y tal”, pero al final ni un triste gracias.

Porque no es sólo que no saben pedir perdón, también se han olvidado de decir gracias.

La primera vez que trabajé fue repartiendo propaganda de academias, tampoco escuchaba gracias ni perdón de los profesores que eran propietarios de cada academia. En cambio, cuando trabaje de becario fue algo diferente. Ahí una vez escuché un gracias.

Una de las cosas más curiosas cuando comencé a trabajar fuera de la universidad fue escuchar tantos gracias y perdón. Sujetar la puerta cuando salías y veías que alguien iba a salir, sacaba de la boca de ese alguien un gracias. Cuando alguien iba a pasar entre un grupo de personas, ese alguien decía perdón y no se limitaba sólo a apartar con el brazo en el hombro o en la cadera de nadie. El mundo laboral tiene muchos puntos horribles y el malestar con los/as compañeros/as o con su mala educación puede venir de muchos lados, pero, al menos, ese mínimo lo cumplen.

Los/as amigos/as y ciertos familiares también dicen perdón o gracias, aunque a veces la confianza que, con el tiempo hay quién se toma, pueda hacérselo olvidar, pero, al menos, en los momentos cruciales lo dicen.

Realmente es curiosa la historia del pedir perdón y de su legendaria antigüedad. Es un hecho que parte de nuestra evolución y todo ese ser unos animales sociales para poder cazar y sobrevivir en comunidad, lleva consigo una evolución de esa cortesía y hasta a una cierta complejidad en la misma[1]. Ahí es cuando te explicas por qué ese mínimo suele cumplirse cuando trabajas.

Porque si hay que decir que estaba claro que el tipo era un muy capullo que se creía el puto amo y que los demás le importábamos una jodida mierda, se dice.


Notas:
[1] The History of I’m Sorry, Glenn Geher Ph.D. (Psychology Today, Mar 20, 2014).

Cabezazo en El País

Una niña que parece rondar los 3-4 años me pega un cabezazo en mi trasero, giro mi cabeza y la veo sonriendo. Como de costumbre, por pura inercia, no cambio mi seria expresión y sigo mirando al frente.

Ahora se supone que es cuando debería escribir de lo que realmente quiero escribir, como si de cualquier experiencia personal se derivase una lección y tuviera que meditarla ¿Cuántas veces habremos leído cómo tras la anécdota personal luego viene el pensamiento profundo? Que digo yo, que los pensamientos profundos que he tenido realmente no vienen de la praxis, ni de esas leccioncitas con un alto grado de superioridad moral de los memes y virares de Facebook, sino de cuando he ido al baño, momento en el que mientras estás sentado/a te distraes pensando o te decides a leer etiquetas de productos (de ahí el interés extraño de mucha gente por la química que le echan a los productos que consumimos). El otro momento de pensamientos profundos que tengo es cuando intento callar a mi cabeza mientras trataba de dormir. El resto del día suelo lograr que a esa mosca molesta que tengo en la cabeza piense en lo que debe de pensar, y no se ponga a pensar a su libre albedrío.

En casa de mis padres nadie leía periódicos. Vengo de un entorno que aunque leía libros, no podían traer El País o El Mundo, aunque sabía que existían pues El País es el periódico que lee un tío funcionario mío, y El Mundo el que lee otro que no lo era (actualmente se encuentra jubilado). Así que no supe lo que era El País hasta que me lo encontré estudiando para selectividad. El primer texto fue de un autor que hacía justamente eso que he narrado en el anterior párrafo, escribir una experiencia personal, que no tiene absolutamente nada que ver o está muy ligeramente relacionada con el tema, y elevarla hacia el mundo de las ideas del cuál, el autor, supone que viene esa praxis. Lo cual antes me pareció una falacia de “no se sigue”, y actualmente me parece estafar al lector. A ver, que en la antigua Grecia a Sócrates lo arrestaron por hacer cosas como ésa para que lo invitaran a comilonas, ¿por qué en el siglo XXI debería considerarse algo culto y aceptable?

No recuerdo qué autor era, pero recuerdo que el texto era sobre Internet como la tecnología super-revolucionadora que ha cambiado la sociedad (el texto era de antes del 2004, sí, llevamos más de 11 años leyendo, en diferentes medios y con diferentes autores, el mismo texto de que Internet ha cambiado la sociedad y además aún hay gente que cobra por publicarlo). Lo recuerdo porque mi fallo al comentar dicho texto es que no sabía una buena parte de qué era Internet, pues, aunque parezca que no, algunos no llegamos a tener Internet hasta cumplir 19 años y, no, no llegamos a conocer los tiempos del chat de no se qué página web de los que hablan los que tenían Internet antes que nosotros. Ay, autores de El País, siempre suponiendo que el populacho tenemos lo que vosotros también.

No sé qué era El País en aquellos tiempos, lo que sí supe es lo que fue El País en el 2006 y no tenía nada que ver con el periódico que en días como los actuales pide que salga el PP porque El Mal Menor. El Mal Menor es que nos jodamos todos menos sus directores, porque pensarán que, total, ya que salga quién salga va a gobernarnos Merkel sí o sí (Syriza eran de los más radicales del ala izquierda de los países de El Sur, y ay va cómo acabaron), que al menos a ellos no les jodan su cartera de contactos políticos españoles, pues vaya que salga la nueva política y vayan a tener que hacer lo que tanto predicarán sus coachs que debemos hacer el populacho: renovarse o morir.

En mi humilde y tal vez idiota opinión (sin ser yo de Podemos, ni tampoco del PP, ni de Ciudadanos, ni del PSOE), El País y todos los medios fallan en un asunto crucial: si lo pensamos detenidamente (en el baño, por supuesto) ahora mismo Gran Hermano Vip es más interesante que todo este teatro-espectáculo de Los Pactos (esta política del espectáculo que diría Guy Debord) que luego se transformará en el teatro-espectáculo tragicómico de “no nos queda más remedio, tenemos que hacer esto, porque ingobernable” Esto no quita que cada vez que hablo con mi padre es hablar con una persona que teme todo lo que le han dicho los memes de WhatsApp y los tertulianos de La Ser, siempre que salta con el tema le digo “pero Papá, hasta Grecia aún está en la Unión Europea y la siguen puteando a muerte, ¿de dónde viene tu miedo atroz si en cualquier caso nos va a gobernar Alemanía?” Llegado a ese punto no suele saber qué contestar. Soy considerablemente menos inteligente que mi padre (contras, que le adelantaron un curso y seguía sacando sobresalientes), pero mi ventaja siempre ha sido que tengo considerablemente más memoria y mi memoria me recuerda que llevamos desde que comenzó la crisis con todo medio centrando sus noticias en el miedo (LA PRIMA DE RIESGO, LA SUBASTA DE DEUDA, GRECIA NOS VA A HUNDIR A TODOS, PODEMOS HA GANADO MUCHOS VOTOS EN LAS EUROPEAS, VENEZUELA VA A LLEGAR, CATALUÑA SE NOS SEPARA, EL REFERENDUUUM CATALÁN, YA ESTÁ AQUÍ VENEZUELA EN LAS ELECCCIONES DE PROVINCIAS,… y ahora el AY LOS PACTOS, VERÁS QUE PACTAN LOS SOCIALISTAS CON PODEMOS – sin ir más lejos, Juego de Pactos era ayer el TT de La Sexta Noche en Twitter, que a saber qué estarían diciendo en ese programa de Inda+Podemos, pero nunca he visto una señal tan clara de la crítica que Guy Debord hacía de la sociedad; de lo que se deduce que no es que el miedo esté en un bando o en otro ni mucho menos que éste “va a cambiar de bando”, sino que el miedo es uno de los motores del espectáculo y por tanto es hora de aceptar que ya somos mayorcitos/as y sabemos que el miedo nunca se irá de nuestras vidas) y hay un punto en el que uno ya se cansa y dice “Menuda panda de exagerados son los madrileños que nos están ganando de una forma bestial a los andaluces en lo que era nuestro más que tradicional arte de la exageración”. Que la exageración es un recurso válido para la comedia, pero hoy día está tan explotado que pronto nos llevaremos un disgusto y veremos en las noticias a periodistas de El País muertos de infarto por exagerar demasiado.

En estos días, tras mis recientes ratos de reflexión profunda (esos que narré en el segundo párrafo del presente texto), estoy convencido de que la próxima vez que alguien (que no sea mi padre, obviamente, aunque él jamás haría tal cosa) me finalice algo con un “…porque así salió Hitler”, le saltaré con un “desde luego, con esta época ya entiendo cómo fue todo, por culpa de unos pocos de exagerados de mierda con altavoz mediático, a toda la población se les fue cualquier tipo de miedo a que tuvieran de cambiar su voto por tal de que dichos exagerados cerraran su jodida boca miedica de una puñetera vez, y, total, si a los exagerados los acabarían metiendo en un campo de concentración como ellos dirían una y otra vez, pues la población notaba que votar a Hitler era todo ventajas”. Mientras tanto esperaré a ver cuándo el grupo Mediaset compra por el precio de un café el grupo Prisa enterito, a ver si así cambian ya de tónica y hablan más de Gran Hermano Vip que es, sin lugar a dudas, actualmente lo más interesante.

Nuestros problemas vs el software libre

Con la cosa de las post-elecciones en la capital y que uno de los partidos candidatos a salir en la capital lo propone, hace unas semanas se ha hablado, se ha dejado caer, de si la solución de la administración pública pasa por usar software libre. Es decir, que el estado debe dejar de pagar licencias con copyright y comenzar a usar programas tipo software libre o copyleft para “ahorrar gasto”, lo que se conoce comúnmente como usar LibreOffice en vez de Word/Excel. Y esto no ahorrará gasto.

El principal problema de la informática es que hay demasiado empleo para el poco trabajo real que se ve como necesario. Lo que significa que nuestras “importantes consultoras patrias multinacionales” se ven en la tesitura de tener que conseguir proyectos básicamente a base de vender humo, una vez están entre las consultoras candidatas al proyecto si ven que necesitan personal ponen una oferta en una web de empleo, es así cómo te encuentras en una web como infojobs montones de ofertas que dan al mismo empleo con el mismo cliente; así después las consultoras competirán en calidad+precio entre ellas para lograr hacerse con el proyecto del cliente, así si en la que echaste la oferta resulta elegida para realizar el proyecto, tendrás trabajo. Una cosa hay que decir a favor de las “importantes consultoras patrias multinacionales” en esto, y hay que reconocer ese mérito: saben buscarse las habichuelas mejor que nadie y sacar empleo casi de la nada. Lo malo es que el cliente al que venden humo normalmente suele ser el estado. Hay muchos proyectos de estos que acaban abandonados y tirados porque no sirven. Es por eso por lo que hay tanto empleo en informática en las webs de empleo, pero tan poco trabajo real. Pero si las consultoras dejan de vender humo y el estado corta el grifo a sólo proyectos que de verdad necesiten, pues sólo nos quedan tres o cuatro empleos en informática.

¿Por qué no ahorrará gasto el paso de licencias copyright a software libre? Simple, para comenzar el software libre no es gratis, es software que no sólo hay “pequeños grupos de chavales” que los hacen, sino que también se realizan con una financiación de una entidad o de uno o varios millonarios (si la mayor parte de los pequeños proyectos de software libre que están hechos por “un grupo de chavales con el botón de donate en su web” con el paso del tiempo acaban abandonados, ¿cómo es que está sobreviviendo Ubuntu, e incluso GNU/Linux en sí, si no es por los millonarios y las empresas que les financian[1]?). Las tres condiciones únicas son que el software libre: (a) debe poder dejar libertad para que cualquiera lo pueda descargar gratis, y si quiere dejar una cantidad de dinero que la deje, en una web; (b) su código debe estar a disposición gratuita también subido a una web; (c) si te basas en un software libre para realizar un software, tu software debe ser libre por obligación. Las “importantes consultoras patrias multinacionales” pueden permitirse esto ya que: (a) el estado es el único cliente y pagará y seguirá pagando hasta que el proyecto esté en un callejón sin salida y se abandone, luego el colgar el software para uso gratuito de cualquiera es algo que ni les quitará dinero y, es más, les es indiferente (la muestra de esto la podemos ver en algunas apps estatales); (b) ni un sólo ser humano va a ponerse a mirar cientos de miles de ficheros con miles de líneas cada uno, para cada proyecto estatal existente. Esto es, los proyectos y el software actualmente hecho por “importantes consultoras patrias multinacionales” para el estado puede ser software libre sin problemas para ellas, y seguirán existiendo los mismos problemas que existen actualmente con la informática (tanto para trabajadores, como para el estado).

Al capitalismo le da igual si usas Windows, Mac o GNU/Linux (de hecho hay montones de programas no gratuitos, ni libres que se pueden usar en un Linux), los problemas gordos de verdad van a seguir ahí y pagar licencias de software privado no es tan caro si lo comparamos con los millones de euros que gasta el contribuyente en subvencionar el trabajo de la informática española o con chorradas como el gasto tonto de crear distribuciones de GNU/Linux para cada comunidad autónoma[2]. Lo que sí deberíamos hacer para vencer de una vez es acabar con esa fea costumbre de querer informatizarlo todo y comenzar a preguntarnos el para qué, porque el para qué en el software es importante, ya que nadie usa una aburrida aplicación de un ordenador porque sí (por muy geek, maravillosa o cómoda que sea), sino la usa para ahorrarse horas de un trabajo tedioso (e incluso puede que largo) que ya puede realizar una máquina, de hecho fueron inventadas para eso.

Que lo de cambiar Windows por GNU/Linux como Word/Excel por LibreOffice tal vez estaría bien mirarlo, pero recordemos una cosa esencial de lo que se conoce como ingeniería del software: GNU/Linux no es Windows al igual que LibreOffice no es Word/Excel al igual que Gimp no es Photoshop. Ni se hicieron en el mismo entorno, ni se preguntó a las mismas personas que usan esas herramientas diariamente, ni se tomaron las mismas decisiones, ni siquiera la mentalidad de las personas que hicieron esas herramientas es la misma. Así hay opciones que pueden estar en diferentes menús, hay opciones que el equipo de LibreOffice o el de Word/Excel consideró superfluas o “que mejor que el usuario las haga de otra manera” o que eran tan difíciles de hacer que pasaron porque “total, no se usa o por lo menos yo no he visto a nadie usar eso”, errores que en un lado se considera farragoso corregir (“y total, nadie se ha quejado por escrito de ello por ahora”) pero en otro no se corrige por problemas de dinero/tiempo (el que sea rentable o no el corregir un error, también influye). A las personas ajenas al mundillo puede sonarles todo esto como algo muy cutre, pero buena parte de proyectos serios hay cosas peores en comentarios en código y en lo que se habla entre desarrolladores. Siento quitar el romanticismo a los programas de ordenador, pero en el momento en el que decides usar un programa informático estás en manos de otras personas (tanto de su visión de las cosas, como de su capacidad de cometer errores), no en las manos de un ente mágico dentro del ordenador que usas, ni muchos menos en las tuyas. Mejor ver las cosas así que verlo todo como matrix, al fin y al cabo la figura del hacker siempre acaba siendo “consultor en seguridad”, no un programador.

A lo que iba, es normal que cualquier persona que ya esté habituada, e incluso de forma experta, a un sistema operativo o a una suite de ofimática no quiera cambiar a otra totalmente diferente. Ahí no vale un “visto uno, vistos todos”, habría que entrenar meses a mucho personal público, lo cual significa meterles en cursos extensos de varios meses (y que resten horas de trabajo, como debe ser, no nos vamos a comer su tiempo libre), lo cual significa más trabajo acumulado, lo que acaba siendo mayor coste a corto plazo para algo que no tenemos ni idea de si será bueno o malo a largo plazo (seamos lógicos: no tenemos ni idea de si para un trabajo diario y constante, a la larga es mejor usar las herramientas de software libres actuales o no).

Cabe preguntarse cuál es realmente la mejora de usar software libre. Bueno, tenemos unos gurús del software libre que son como todos los gurús: bastante penosos. En España los más alabados son Galli y Enrique Dans, ambos del clan #NoLesVotes y ambos seguidores de gentes como Eric S. Raymond (neopagano, anarcoliberal, y defensor, además del software libre, a poseer y usar armas de fuego)[3]. Habrá quién se sorprenda, pero es natural que el software libre cuadre también con las ideas liberales (libertad total tanto para pagar lo que quieras por el producto como para no pagar por el mismo, piénsalo) ya de por sí estar en contra de la propiedad intelectual también cuadra con dichas ideas. Realmente hay pocas razones éticas para usar software libre que no sea la de “no dono ni pago nada por todo ese trabajo, pero por lo menos no estoy pirateando”, costumbre que, la verdad, da mucha pena que sea la izquierda la que quién tanto sueñe con institucionalizar, porque las comunidades de software libre necesitan mucha ayuda para dejar de estar en manos de millonarios o de depender de gente con tanto tiempo libre, con esto no es mi objetivo que vayáis corriendo a donar a comunidades del software (al fin y al cabo una buena parte de ellos ya esperan que no les darás nada a cambio) pero sí que entre en mente el que el hacer de una costumbre individual una propuesta a realizar en todo el sistema público pues como que muy ético no es que digamos.

Llevo usando software libre y GNU/Linux desde hace ya más de cinco años y era bastante reacio a cambiar de Windows a GNU/Linux, pero soy un usuario patoso etiquetado como experto, tenía un portátil viejo al que ya no le iba bien Windows XP y no tenía nada que perder. Hay mucha obsesión en ese mundo con que hay que lograr que “mucha gente use software libre”, pero como dice el tópico cada persona es un mundo y antes que hacer una costumbre lo de usar software libre, sigo viendo ahí mejor la idea que tantos programadores o amantes de lo experto y lo libre odian (hola usuarios de Debian), pero que más de un software libre se ha impuesto, la idea de irse haciendo cada vez más accesible y atractivo al usuario menos avanzado. No hay más remedio, hay que perder todo elitismo. Si tanto se quiere el pueblo, antes hay que hacerse del pueblo con todo lo que ello conlleva.


Notas:
[1] Steve Jobs, gracias a su suerte, habilidad de vender humo y no tener sensibilidad alguna con sus empleados, es una persona de clase baja que se hizo multimillonario con la informática, pero Mark Shuttleworth siempre fue multimillonario. Ubuntu, diez años desde que Mark Shuttleworth rompiese el hielo de Linux, Javier Pastor (Xataka, 25 de octubre de 2014).
[2] Que yo uso GNU/Linux y me he acomodado bastante bien a GNU/Linux y creo que algunas cosas que se hacen ahí son valiosas y facilitan determinadas tareas, pero esto es demasiado: Anexo:Distribuciones GNU/Linux de España – Wikipedia
[3] A pesar de que Galli escribiera por el 2008 que “no es mi modelo de persona”, demasiadas veces ya le ha citado incluso cuando le tocó otro profesor universitario su ego tituló un post respuesta (una de esas discusiones que si tienes palomitas a mano y nunca te has sentado delante de un profesor universitario, vale la pena seguir para saber lo que se siente frente tal nivel de egos andantes) que llevaba cierta idea a la practica y un título similar al conocido “Shut Up And Show Them The Code” de Eric S. Raymond. Lógicamente se puede estar de acuerdo en detalles con alguien con quién no comulgues al 100%, pero yo qué sé, yo, por lo menos, no citaría tanto, ni recomendaría a informáticos que leyesen a un tipo del que solté una vez un “aunque debo admitir que dice cosas brillantes que sólo llegas a comprender cuando te haces más viejo” así que, lo siento si ofende, pero Galli es claramente seguidor de Raymond. En cuando a Enrique Dans, bueno, ya escribía su columna en Libertad Digital, no veo que haya que sorprenderse de que cite lo suyo a Raymond.

Diciembre, Navidad y mitos

árbol de Navidad en la calle
Las llamadas tras más de diez meses a familiares para planear una cena o almuerzo. Las luces que alumbran las zonas con mayores comercios. Las largas colas para comer pollo en los bancos de alimentos y tanto el ayuntamiento como la gente que trabaja en recursos humanos mirando para otro lado.

Las webs con los copos de nieve. Las columnas, artículos y posts sobre el reencuentro de familiares y amigos en la Navidad (tras un año sin verlos porque no había interés) y luego que si hay que desear algo por lo del cambio de calendario. Las declaraciones de un presidente de gobierno español diciendo que para este año que viene no, pero para el siguiente ya habremos salido del todo de la crisis.

El capullo que todos los días de diciembre dice eso de “¿no vas a comprar la lotería de la empresa? ¿Pero y si toca?” ahora además convertido en anuncio de televisión (tras lo de ese anuncio sospecho – sospecho – que a las empresas les deben dan una buena subvención por contratar una cuota de estos tipos). Las cenas de empresas, porque hay que contentar al empleado con comida y vino una vez al año, a ver si así se olvida un poco de la congelación/bajada de sueldo y condiciones. La lucha encarnizada por pillar la semana del 25 de diciembre o la semana del 1 de enero de vacaciones. Un tipo de la CEOE (y cuando no, presidente TV plasma) diciendo que hay demasiados días festivos, que en España no se trabaja y que hay que eliminar los puentes.

Los atascos de la operación salida porque hay que volver con la familia de la provincia. “La ilusión por la magia” de una tradición de que viene un ser mágico y generoso que nadie entiende pero que todo el mundo sigue porque hay que repetir el ciclo que mantiene a los comercios los domingos del mes y la mayor parte de la noche antes abiertos (y que si “mis hijos también tienen que pasar por lo mismo que los del vecino, que no quiero que tengan una infancia más triste que el resto por eso de no enseñarles a tener ilusión” y demás blablabla). Como si en todos los años cuando llega diciembre fuéramos a entrar en guerra, una vez más compras adelantadas para casi todo el mes que, sino, luego nos quedamos sin provisiones por la fiebre de las compras.

Que si los familiares feligreses diciendo que ellos es que se van a la iglesia para celebrar la pascua, no como nosotros familiares no creyentes o no practicantes que “arderemos en el infierno”. Pero el solsticio de invierno es una fiesta pagana.

Belenes, ese símbolo de castidad (el ángel no tiene sexo, un buey es un toro castrado, las mulas son estériles, María es virgen, el niño acaba de nacer, y San José es santo y ya está muy mayor) porque sólo algo así puede sustituir al otro mito del nacimiento de Horus, también el 25 de diciembre, hijo de una virgen (Isis) y de un dios castrado (Osiris), otro símbolo de la castidad. Otro dios que también nació el 25 de diciembre fue Mitra, el cual presenta bastante similitudes con el Cristo de la religión cristiana.

Sobre el árbol de Navidad hay quién (sobre todo religiosos de ramas extremistas de la religión católica) cuenta que una de las leyendas sobre el rey Nimrod de Babilonia dice que cuando dicho rey murió un árbol creció y las gentes ponían regalos debajo de él, sin embargo la versión que a mi juicio considero más real es que el árbol de Navidad viene de los celtas los cuales ya tenían, antes de la Era Común, la tradición de adornar el árbol y dejar regalos en él.

Los reyes magos sólo son nombrados en un evangelio y ni se dicen sus nombres, ni sus razas y ni tampoco el número de reyes que eran, de hecho lo de “magos” es sólo producto de una mala traducción al latín de una palabra que significa adivino y astrólogo persa. Varios siglos antes de la Era Común los sacerdotes persas ofrecían oro, incienso y mirra a su dios. Lo del seis de enero de la festividad de los Reyes es porque ese mismo día se celebraba la “fiesta de la luz” de Alejandría en la cual en su procesión se cantaba “La virgen ha dado a luz, la luz aumenta, la Virgen ha dado a la Luz, el Aion”.

Los fenicios y los cartagineses tenían un dios gordo y de bronce llamado Moloch. Para contentar a dicho dios sacrificaban con fuego, en el regazo de Moloch al rojo vivo, a bebés; mientras los bebés eran sacrificados las gentes leían sus listas de deseos a Moloch. Cuando los griegos conquistaron Cartago los cartagineses creyeron haber disgustado a Moloch y sacrificaron a 300 niños en el regazo de Moloch mientras las gentes leían sus largas listas de los deseos que pedían a Moloch para el año que viene. Los religiosos de las ramas más extremistas de la religión católica (por el momento no he encontrado texto de no creyente alguno que afirme tal cosa) suelen decir que Papá Noel no es más que una evolución de Moloch, cuando, más allá de unas pocas similitudes, no es así. En realidad, la leyenda de Papá Noel se basa en la del turco Nicolás de Bari (nacido en el 280 EC). Cuenta la leyenda que Nicolás de Bari era un obispo que ayudaba a los enfermos y solía dar regalos y dinero a los más necesitados. La parte mala es que a Nicolás no le ayudaban duendes en sus labores, sino esclavos negros, y, por cierto, su festividad es el 6 de diciembre, no el 25 de diciembre. Aún así, lo de Papá Noel es de las pocas tradiciones navideñas que se puede afirmar que provienen de la religión de los cristianos.

La cosa es que las celebraciones paganas se propagaron y se adaptaron a diferentes religiones. A pesar de que la Biblia las demoniza constantemente, los cristianos tuvieron que aceptar las celebraciones paganas mutándolas a falsas celebraciones cristianas para que cada vez más gente de diversos lugares de Europa con sus diferentes creencias y costumbres acabara aceptando a la Iglesia Católica. De esta forma la Iglesia Católica aceptó abrir la puerta a lo que consideraba de pecado mortal y de ejecución en la plaza del pueblo, sólo para atraer más feligreses, lo cual siempre se ha traducido en dinero (y, al igual que tantos supuestos pecados, el pecado de usura nunca es del cercano a Dios, sólo del siervo más pobre).

Aún así, a pesar de lo contado en estos seis párrafos, los creyentes en Navidad deben cumplir con otra de sus tradiciones cristianas contradictorias e incomprensibles: decirnos año tras año a los no creyentes lo de “pues si no crees en Dios, ¿por qué celebras la Navidad y aceptas vacaciones y regalos?”.

Nada que celebrar

Triste pero cierto. El dos de enero del 2014 dos personas se encuentran y se saludan con un “¡Feliz año nuevo!”. El 19 de diciembre del 2014 se encuentran por la calle y no se reconocen.